DIOS NOS RESPONDE.

 

Salmo 66:17-20.

Por el Pastor:  Héctor E. Contreras

 hector.contreras26@gmail.com

 

Corría el mes de Junio del 2017, yo había sido llevado a la clínica por unos problemas de un vértigo agudo que se me había declarado; si mal no recuerdo entiendo que fue entre el 12 o 15 cuando quedé interno mientras recibía el tratamiento de lugar. A los dos días, recibí la visita de mi pastor amigo, junto a su hijo mayor. Somos amigos desde hace varios años, cuando yo aún era director de logística y alabanzas en algunos eventos evangelísticos que se celebraban en casi todo el país. Al tercer día, me visitaron otros dos grandes amigos. Es duro lo que voy a escribir a continuación, pero uno de ellos partió con el Señor el año pasado contagiado por el Covid-19. No pudo soportar el tratamiento a que fue sometido. Permanecí en la clínica cerca de una semana. Al darme de alta, me encuentro que mi otro amigo estaba internado en una clínica de esta ciudad y me dolió en mi alma, en mi espíritu, porque nunca pude cumplir con él y visitarlo en su lecho de hospital. Cuando llevaba cerca de dos semanas interno, con una enfermedad invasiva que atacaba sus pulmones, diciéndome él, en su testimonio que sus órganos principales para controlar la respiración, le restaba un 25% para colapsar definitivamente; es decir, esto le provocaría una muerte instantánea. 

 

A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia”, Salmo 66:17-20. “A Él clamé con mi boca”. Continúa mi amigo narrándome sus vivencias acostado boca arriba en una cama sin poder moverse para ningún lado. Su clamor y oración al Señor eran estas palabras: “Llévame a la Nueva Jerusalén, llévame a la nueva Jerusalén, Señor”. De repente, el lugar en que estaba es iluminado con una luz que él jamás en su vida había visto, presentándose delante de él aquel ser sobrenatural y le narra todas sus vivencias desde su niñez hasta ese momento. 

Me dice él que, después de un buen diálogo entre él y lo que él creía era un ángel del Señor que lo había enviado y así marchar a la “Nueva Jerusalén”.

¡Vaya sorpresa! Dice mi amigo que, después de este diálogo, él le dijo al visitante más o menos estas palabras: “Gracias a Dios, porque Él me ha ayudado en toda mi vida, siempre ha estado conmigo y nunca me ha dejado”.  ¨¡No, no, no!¨, le arenga su visitante. ¨Maldice a Dios, porque Él es el que te tiene en esa condición de enfermedad.¨  ¨Nunca tal haga yo, maldecir al que me ha dado la vida y todo cuanto soy lo debo a Él.¨   En un abrir y cerrar de ojos, la criatura se marchó de la habitación y volvió todo a la normalidad. “Ciertamente me escuchó Dios; Atendió mi súplica”. ¡Gloria sea al nombre de Dios

 

Al día siguiente, cuando el médico principal llega y ordena realizar un 

monitoreo general, al recibir los resultados, queda asombrado, no entendiendo lo que había pasado con un enfermo que la noche anterior era casi un moribundo. Le hace entrega a otro médico y tampoco este pudo entender el cambio que había recibido este hombre en sus pulmones, que estaban al borde de un colapso total y ahora están completamente sanos.  En vez de Dios responder su oración o clamor para que le llevara a la “Nueva Jerusalén”, Dios lo sanó y también le dio la sabiduría para responder al demonio que se había presentado como ángel de luz delante de él y vencerlo. ¡Bendito y alabado sea el nombre de Dios

 

Respóndeme, Jehová, porque benigna es tu misericordia; Mírame conforme a la multitud de tus piedades. No escondas de tu siervo tu rostro, Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme”, Salmo 69:16-17. Dios siempre responde nuestro clamor, nuestra súplica, porque su misericordia nunca deja de ser y la multitud de sus piedades siempre nos alcanzan. Todo depende de tí, de tu convicción en cuanto a tu relación con Él. Debo recordarte que Dios es el Dios de lo imposible. ¡Llámale, búscale! de seguro te responderá.

 

Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó”, Salmo 22:24. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”, Salmo 23:4

Dios nunca menospreció la aflicción de mi gran amigo; tampoco escondió su rostro en medio del valle de muerte en que en ese momento estaba. Ahora mismo, tú crees que eres el único o la única que has sufrido o estás padeciendo algún tipo de enfermedad y crees no ser nada. Te digo que, en medio de la angustia, del dolor y aún más lejos, en medio de la soledad en que has estado, Dios te invita a que te levantes de ese lugar en que ahora te encuentras, y escuches sus palabras cuando te dice: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”, Isaías 60:1. Es el tiempo de Dios hoy para tu vida. Él te brinda todo su poder mediante la sangre de su Hijo, Jesucristo, con el único propósito de sanar todas tus dolencias y enfermedades en su nombre, Jesucristo el Señor. 

 

Este pobre clamó, y le oyó Jehová.. Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende”, Salmo 34:6-7. Clama a mí, y yo te responderé, le dijo el Señor a Jeremías y también a tí en esta hora. La firme promesa de Dios es que si clamamos a Él, también nos revelará cosas grandes y ocultas que no conocemos. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis, llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”, San Mateo 7:7-8. Son palabras que vienen de nuestro Señor, Jesucristo. “pedid”, del griego “aiteo”, ruego, petición. La enseñanza consiste usualmente y describe a alguien que hace un pedido a otra persona que ocupa una posición más alta, a semejanza de un individuo que pide alguna cosa a Dios. La palabra denota pedir con insistencia, sin pena alguna. No exigiéndole a Dios, pero sí presentando una sólida demanda de bendiciones para la vida. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y orareis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”, Jeremías 29:12-13. A través de la Escritura, encontramos numerosas referencias a la búsqueda de Dios. Podemos ver la palabra “buscar”, junto con la frase “de todo corazón”, sugiere un fervor casi vehemente. “Buscar”, del hebreo “darash”, es igual a la persecución de un objetivo deseado. Implica diligencia en el proceso mismo. Una persona que tiene fe y confía en Dios, se apoya en su Palabra y comprende que el Señor es fiel a su Palabra. 

Conoce que Dios honra su Palabra por encima de todo y así puedes sentir en todo tu ser el mismo corazón de Dios. Si tú te mantienes confiado en las promesas de Dios y tomas en cuenta sus advertencias seriamente, Él te responderá y por ende te bendecirá. Debes recordar siempre, que Dios busca siempre tu bienestar más alto, con el fin de darte una esperanza viva, tanto para ti como para los que te rodean. 

 

Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser tu santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”, Salmo 103:1-5. Muchas veces somos olvidadizos y cuando esto sucede, en la mayoría de los casos, se pierde la bendición. Hemos sido bendecidos en múltiples oportunidades, pero no hemos sido capaces de bendecir a otros. Dios nos ha sanado, nos ha sacado de la profundidad del abismo y aun así no nace en nosotros el ser agradecidos. Hoy y ahora, Dios te sana, te rescata y te corona de favores. ¡Se agradecido!

Dios sea con cada uno de ustedes, amados y amadas del Señor. Su gracia resplandezca en sus vidas, ahora y siempre.

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