El fútbol, como tantas veces, volvió a demostrar en Riazor que dominar no siempre significa ganar. El Deportivo fue claramente superior durante la mayor parte del encuentro, empujado por una grada entregada que registró la mejor entrada del curso —28.423 espectadores—, pero terminó cediendo un empate (1-1) que deja un sabor agridulce en una fase decisiva del campeonato de Segunda División. El Málaga resistió hasta donde pudo, sostenido por un Alfonso Herrero monumental bajo palos, y cuando todo parecía resuelto, encontró el premio en un córner que transformó Adrián Niño.
El partido tuvo algo de duelo estratégico en su arranque. El Deportivo tardó en encontrar el ritmo que le ha caracterizado en las últimas semanas, condicionado por el férreo marcaje sobre Mario Soriano y por un Málaga que trató de enfriar el juego desde el inicio. Durante varios minutos el encuentro transitó por un terreno espeso, con pérdidas en mediocampo y escasa fluidez en la circulación local. Sin embargo, poco a poco el encuentro empezó a inclinarse hacia la portería visitante. El Deportivo encontró en Altimira una vía constante de desborde y en Quagliata una amenaza desde la media distancia. Las primeras señales de peligro fueron claras: disparos desviados por la defensa, intervenciones de mérito de Herrero y la sensación creciente de que el gol parecía solo cuestión de tiempo.
Antes del descanso, el asedio ya era evidente. Altimira rozó el tanto con dos acciones consecutivas por ambas bandas y Quagliata obligó al guardameta malaguista a una estirada de mérito. El Málaga, mientras tanto, apenas inquietaba, y el portero local vivía el encuentro como un espectador más. El dominio territorial del Deportivo era total, aunque todavía faltaba la precisión final que transforma el control en ventaja.
Un Riazor con 28.423 espectadores empujó a un Dépor dominante que solo encontró el gol tras un asedio prolongado
La reanudación confirmó esa tendencia. El Deportivo regresó con mayor velocidad en la circulación y un hambre evidente por romper el empate. Las ocasiones se sucedieron: un remate de Soriano que volvió a topar con Herrero, un rechace desperdiciado por Quagliata y un gol anulado que alimentó la frustración en las gradas. Cada ataque reforzaba la idea de que el Málaga sobrevivía gracias a su portero.
Fue entonces cuando el partido adquirió el tono de asedio que define las noches intensas en Riazor. La entrada de Mulattieri y Yeremay añadió profundidad y desborde, multiplicando las llegadas por ambas bandas. Herrero se convirtió definitivamente en protagonista, desviando disparos a bocajarro y sosteniendo un resultado que parecía insostenible. Durante 75 minutos fue, sin discusión, el mejor jugador del Málaga y el principal obstáculo para el triunfo coruñés.
El Málaga sobrevivió gracias a Herrero y castigó la falta de acierto local con un empate inesperado
El gol, finalmente, llegó como consecuencia lógica de esa insistencia. Altimira filtró un pase preciso y Mulattieri, nada más pisar el área, definió con determinación para derribar un muro que parecía eterno. La explosión en la grada fue proporcional al alivio acumulado: el Deportivo veía por fin recompensado un dominio abrumador y parecía encaminarse hacia una victoria incontestable.
Pero el fútbol rara vez concede treguas. Apenas unos minutos después, cuando el partido parecía decidido, el Málaga encontró su única vía de escape: el balón parado. En un córner mal defendido, Adrián Niño apareció entre un bosque de piernas para empujar el balón a la red y silenciar momentáneamente un estadio que ya celebraba el triunfo. Fue el primer disparo visitante entre los tres palos y bastó para alterar el desenlace.
Ese giro inesperado cambió el tono emocional del encuentro. El Deportivo volvió a lanzarse al ataque con urgencia, empujado por una grada que nunca dejó de creer, pero el partido entró entonces en un territorio de nervios y precipitación. Hubo intentos, empuje y voluntad, pero ya no la claridad ni la paciencia que habían marcado el resto del choque.
El empate deja lecturas opuestas para ambos equipos. Para el Deportivo supone un castigo excesivo después de haber generado ocasiones suficientes para resolver el partido con holgura. La sensación dominante es la de una oportunidad perdida en un momento clave de la temporada, cuando cada punto pesa en la carrera por el ascenso directo.
El resultado tiene sabor a victoria para el Málaga
Para el Málaga, en cambio, el resultado tiene sabor a victoria. Resistir durante 75 minutos gracias a la actuación de su portero y rescatar un punto en el tramo final refuerza su confianza y mantiene vivas sus aspiraciones. No fue un ejercicio de dominio, sino de resistencia, paciencia y eficacia en el momento preciso.
Más allá del marcador, el encuentro dejó también la imagen de un Riazor que vuelve a latir con intensidad. La recepción al equipo antes del partido, el ambiente en las gradas y la ovación final reflejan que el Deportivo ha recuperado algo más que resultados: ha recuperado una comunión con su afición que puede resultar decisiva en el tramo final del curso. Sin embargo, en el fútbol de ascensos y descensos, las sensaciones cuentan menos que los puntos. Y el Deportivo, pese a su superioridad, volvió a comprobar que la falta de acierto puede resultar tan determinante como el talento. El empate no borra el buen juego ni la dinámica positiva de las últimas jornadas, pero sí recuerda que, en esta categoría, la eficacia suele ser la verdadera frontera entre aspirar y conseguir. @mundiario
