El hecho de que Alemania dependa energéticamente del gas ruso, que supone un 60% de su consumo total, no es una casualidad, sino fruto de la labor de lobby que ha llevado a cabo desde 2005 el excanciller Gerhard Schröder. El Partido Socialdemócrata considera su amistad personal con Putin y sus conexiones con las grandes empresas rusas como una vergüenza e incluso el canciller Olaf Scholz le ha pedido que dimita de los lucrativos cargos que ocupa en ellas. Una organización regional del SPD ha iniciado un proceso de expulsión del partido que, sin embargo, llevaría meses. Y Schröder, por su parte, permanece en silencio. Solo su última esposa, la coreana So-yeon Schröder-Kim, ha comentado en Instagram que «la guerra… Ver Más

