Rueda reivindica el regreso del Dépor y O Noso Derbi como símbolo del nuevo Año Xacobeo

El regreso del Real Club Deportivo de La Coruña a Primera División no solo supone la recuperación de un histórico del fútbol español. También reactiva uno de los relatos emocionales más potentes del deporte gallego: O Noso Derbi entre el Dépor y el Celta. Y en política, pocas imágenes resultan tan tentadoras como la de un país celebrando unido un éxito deportivo compartido justo antes de un Año Xacobeo.

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, quiso aprovechar precisamente esa dimensión simbólica durante la recepción oficial ofrecida al club coruñés en el Pazo de Raxoi. Rodeado por el conselleiro Diego Calvo, por jugadores, técnicos y directivos del Deportivo, el jefe del Ejecutivo gallego presentó el ascenso como una victoria que trasciende a la propia ciudad herculina. “Es un enorme orgullo para toda Galicia”, afirmó, antes de celebrar que el próximo año pueda volver a disputarse el gran duelo gallego en la máxima categoría del fútbol español.

La escena tiene una evidente carga política y emocional. Galicia llevaba demasiado tiempo viendo cómo uno de sus clubes más emblemáticos transitaba por categorías alejadas del escaparate nacional. El descenso del Deportivo en 2018 abrió una larga travesía marcada por la frustración, la crisis institucional y la pérdida de centralidad mediática. El retorno a Primera no elimina de golpe todas las heridas, pero sí devuelve a la comunidad una rivalidad deportiva que históricamente ha servido como escaparate de identidad colectiva.

Porque el derbi gallego nunca fue únicamente fútbol. Durante décadas funcionó como una conversación permanente sobre dos maneras de entender Galicia: el dinamismo industrial y atlántico de Vigo frente al peso institucional y cultural de A Coruña; el orgullo celeste frente al orgullo blanquiazul; dos ciudades compitiendo y complementándose a la vez. En ocasiones, incluso, el derbi actuó como una especie de campeonato sentimental de la propia autonomía.

Galicia recuperará ocho años después el histórico derbi gallego en Primera División. Rueda vincula el ascenso del Dépor con la proyección de Galicia en el próximo Xacobeo

La Xunta es plenamente consciente de ese potencial simbólico y económico. El próximo Xacobeo constituye uno de los grandes proyectos estratégicos del Gobierno gallego para reforzar la proyección internacional de la comunidad. Y en ese contexto, disponer simultáneamente de dos equipos gallegos en Primera División ofrece una plataforma promocional extraordinaria. Cada jornada multiplica la visibilidad televisiva, turística y comercial de Galicia, especialmente cuando el calendario conduzca inevitablemente a un nuevo enfrentamiento entre el Deportivo y el Celta.

No es casualidad que Rueda vinculase directamente el ascenso con “el año de Galicia, el Año Xacobeo”. La política contemporánea entiende muy bien el valor de los símbolos deportivos. El fútbol genera una capacidad de identificación emocional que rara vez alcanzan los discursos institucionales. Y si además se mezcla con un relato de recuperación colectiva, el impacto es todavía mayor.

Pero el éxito del Deportivo también obliga a una lectura más prudente. El fútbol español vive sometido a una enorme presión económica y competitiva. Ascender resulta difícil; consolidarse, mucho más. El propio Deportivo conoce bien los riesgos de las malas decisiones de gestión, las tensiones financieras y la volatilidad de un modelo deportivo donde la memoria pesa menos que los resultados inmediatos. Por eso, el regreso a Primera debería interpretarse no solo como una celebración, sino también como una oportunidad para reconstruir un proyecto estable y moderno. Galicia necesita que sus grandes clubes recuperen competitividad, pero también equilibrio institucional. El Celta lleva años intentando consolidar esa estabilidad. El Deportivo –propiedad de Abanca– deberá ahora demostrar que ha aprendido de una década extremadamente dura.

En cualquier caso, el componente emocional ya es irreversible. La sola posibilidad de volver a escuchar hablar de O Noso Derbi en la élite despierta una nostalgia poderosa entre varias generaciones de aficionados gallegos. Para muchos, supone recuperar una parte de la normalidad futbolística perdida. Para otros, representa la oportunidad de que Galicia vuelva a ocupar un espacio reconocible en el mapa deportivo español. Y ahí reside probablemente la mayor fuerza del mensaje lanzado desde Santiago: más allá de la rivalidad, el regreso del Dépor permite a Galicia volver a mirarse a sí misma en un espejo compartido. En tiempos de fragmentación política, tensiones territoriales y agotamiento social, el fútbol continúa ofreciendo algo que pocas cosas consiguen: una emoción colectiva capaz de unir identidades distintas bajo un mismo sentimiento de pertenencia. @mundiario