La guerra de Ucrania ha demostrado hasta qué punto los drones han dejado de ser una herramienta secundaria para convertirse en uno de los elementos centrales del campo de batalla. Desde labores de vigilancia y reconocimiento hasta ataques contra posiciones enemigas, los vehículos no tripulados han transformado la manera de combatir.
Con ese escenario como referencia, el Ejército de EE UU puso en marcha el pasado otoño el Batallón de Asalto No Tripulado, integrado en la 173.ª Brigada Aerotransportada. Su misión era experimentar con estas tecnologías y, sobre todo, comprobar qué tácticas podían incorporarse al funcionamiento habitual de las unidades de combate. Pero el experimento no estaba diseñado para convertirse en una estructura permanente.
EE UU no quiere concentrar el conocimiento en una sola unidad
La desaparición del batallón puede parecer, a primera vista, un retroceso en la apuesta estadounidense por los drones. Sin embargo, la explicación del Ejército apunta precisamente en la dirección contraria.
Alex Miller, director de tecnología del Ejército estadounidense, ha defendido que crear una unidad permanente dedicada exclusivamente a los drones habría limitado uno de los principales objetivos del proyecto: conseguir que las nuevas tácticas se extiendan por toda la fuerza.
Según Miller, la idea nunca fue construir una especie de cuerpo especializado en drones. El batallón debía funcionar como un laboratorio sobre el terreno: probar equipos, desarrollar procedimientos y acumular experiencia para después trasladar ese conocimiento a otras unidades.
El planteamiento responde a una cuestión estratégica de fondo. Si la guerra moderna exige que cada vez más soldados sepan operar y combatir junto a sistemas no tripulados, concentrar esa capacidad en una única unidad podría crear precisamente el problema que EE UU intenta evitar.
El verdadero objetivo empieza después de la disolución
El batallón disponía de un periodo limitado para experimentar antes de recibir todo el equipamiento correspondiente a una unidad de infantería. Durante aproximadamente seis o siete meses, sus integrantes debían explorar cómo integrar los drones en las operaciones y extraer conclusiones aplicables al resto del Ejército.
Una vez completada esa fase, los militares regresarían a sus funciones anteriores y las enseñanzas obtenidas comenzarían a circular por otras unidades.
La decisión revela una estrategia diferente a la de crear una gran estructura especializada. EE UU busca que los drones dejen de ser una capacidad excepcional y pasen a formar parte de la rutina militar. La verdadera prueba, por tanto, no será la supervivencia del batallón experimental, sino la velocidad con la que sus conocimientos se incorporen al conjunto de las fuerzas estadounidenses.
La experiencia de Ucrania ha servido como acelerador, pero Washington parece asumir que la próxima revolución de los drones no dependerá de tener una unidad experta, sino de conseguir que todo el Ejército aprenda a combatir en un campo de batalla cada vez más dominado por sistemas no tripulados. @mundiario

