El USS Abraham Lincoln lleva demasiado tiempo en el mar como para que la discusión pueda despacharse simplemente como una controversia política. El portaaviones, uno de los grandes instrumentos de poder militar de Estados Unidos, acumula más de 200 días consecutivos sin una escala en puerto, según los datos difundidos por congresistas y medios estadounidenses, mientras presta apoyo a las operaciones de Washington en Oriente Próximo.
Y precisamente por eso las denuncias que han salido a la luz tienen una importancia que va mucho más allá de las incomodidades habituales de una tripulación desplegada. Los familiares de marineros han denunciado escasez de productos básicos, problemas de agua y mantenimiento, agotamiento, deterioro de la salud mental y dificultades con el correo. Algunos testimonios hablan incluso de compañeros que habrían intentado arrojarse por la borda.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha rechazado esa imagen. Desde Panamá aseguró que las informaciones estaban «completamente tergiversadas» y defendió que la Marina proporciona a sus buques y tripulaciones todo lo necesario. Pero la existencia de una investigación sobre un marinero que cayó por la borda el pasado mes de julio ha añadido una pieza incómoda al debate.
La cuestión, por tanto, no es únicamente si el Lincoln está en malas condiciones. Es saber hasta qué punto un despliegue excepcionalmente prolongado puede empezar a afectar a la seguridad, la moral y la capacidad operativa de quienes mantienen el portaaviones en funcionamiento.
El Abraham Lincoln salió de San Diego en noviembre para una misión que posteriormente cambió de naturaleza cuando fue desviado hacia Oriente Medio. Desde entonces ha permanecido durante meses en una zona sometida a una elevada tensión militar. El buque, acompañado por otros elementos de su grupo de combate, presta apoyo a las operaciones estadounidenses en la región en el marco de la guerra con Irán.
Un despliegue de seis o siete meses puede formar parte de la planificación habitual de un portaaviones estadounidense. Lo extraordinario en este caso es la ausencia prolongada de escalas en puerto. Las visitas a puerto no son simplemente una cuestión de comodidad. Permiten realizar tareas de mantenimiento, reabastecimiento, descanso de las tripulaciones y contacto con el exterior. El propio ritmo de trabajo de un portaaviones durante las operaciones puede superar las 12 horas diarias.
¿Qué se está denunciando a bordo?
Los testimonios publicados por medios estadounidenses y trasladados posteriormente al Congreso dibujan un panorama preocupante, aunque algunas de esas denuncias no han sido verificadas de manera independiente por las autoridades militares. Entre las acusaciones aparecen problemas de abastecimiento, interrupciones del correo, dificultades con instalaciones sanitarias y lavandería, supuestos problemas de calidad del agua y falta de productos básicos en la tienda del barco.
También se han descrito situaciones en las que las raciones alimentarias se habrían reducido considerablemente durante determinados periodos.
Los familiares entrevistados por medios como Stars and Stripes y Navy Times han asegurado que algunos tripulantes han mostrado signos de agotamiento extremo y que habría habido varios episodios en los que marineros intentaron llegar a la borda. La Marina, por su parte, ha declarado que, según la información disponible para el mando, no ha identificado un incremento de los casos registrados de ideación suicida o intentos de suicidio a bordo.
Uno de los elementos que ha obligado a elevar el tono de la discusión es un incidente ocurrido el mes pasado, cuando un marinero del Abraham Lincoln cayó por la borda y fue posteriormente rescatado. Aunque las circunstancias exactas del episodio continúan bajo investigación y aún no está claro si se trató de un accidente, de una acción deliberada o de otro tipo de incidente, el suceso ya ha adquirido una gran relevancia; esto se debe a que coincide con las denuncias de familiares y legisladores sobre el cansancio y el desgaste psicológico que afecta a parte de la tripulación.
El barco transporta a más de 5.000 marineros y marines. En una plataforma donde las operaciones de vuelo, las aeronaves, los aviones de combate, las catapultas y los sistemas de armamento exigen una coordinación constante, la fatiga no es solamente una cuestión personal.
Hegseth ha optado por negar que exista una situación generalizada de abandono o deterioro. De hecho, afirmó: «Nos aseguramos de que cada barco, cada tripulación y cada capitán dispongan de todo lo que podamos ofrecerles en todo momento», antes de recordar que «algunos despliegues son más largos que otros». Asimismo, el secretario de Guerra elogió públicamente a los marineros del Lincoln por soportar condiciones difíciles, con menos escalas en puerto.
El mensaje político es claro: la excepcional duración de la misión responde a las necesidades militares de Estados Unidos y la Marina está proporcionando apoyo a sus efectivos.
Pero esa explicación no responde todavía a todas las preguntas planteadas por las familias. Porque el debate no consiste en determinar si los marineros estadounidenses están acostumbrados a las condiciones duras. Lo están. La cuestión es si el ritmo impuesto al Lincoln ha superado los límites razonables de resistencia física y psicológica.
Los demócratas exigen respuestas al Pentágono
El senador demócrata Richard Blumenthal, miembro del Comité de Servicios Armados del Senado, ha pedido formalmente explicaciones a Hegseth y al secretario interino de la Marina, Hung Cao, tras expresar su preocupación por la duración creciente de los despliegues y por la capacidad de la Armada para mantener sus fuerzas de portaaviones operativas sin comprometer el bienestar de sus militares.
Por ello, en su carta plantea cuestiones concretas: cómo mide la Marina la fatiga y la moral de las tripulaciones, qué mecanismos existen para detectar problemas de salud mental y cómo se está garantizando el suministro de material y productos básicos. Asimismo, el senador ha dado al Departamento de Guerra hasta el 27 de agosto para responder, lo que convierte el caso en algo más serio que una disputa entre familias y mandos militares, al existir ahora una petición formal de rendición de cuentas dentro del Congreso.
Los republicanos y la Administración Trump pueden interpretar estas críticas como una presión política sobre una operación militar en curso. Los demócratas, por su parte, sostienen que la cuestión afecta directamente a la preparación de las Fuerzas Armadas. El congresista demócrata Jason Crow ha resumido esa posición al advertir de que la presión sobre los marineros y sus familias puede terminar perjudicando no solo su bienestar, sino también la propia preparación militar.
La Armada estadounidense prepara el movimiento de otro portaaviones, el USS George Washington, hacia Oriente Próximo. Según informaciones de medios estadounidenses, podría terminar sustituyendo al Lincoln. Si ese relevo se confirma, supondría una respuesta operativa a uno de los problemas centrales: reducir la presión acumulada sobre una tripulación que lleva meses lejos de casa.
Pero también revela el coste creciente de mantener una presencia militar sostenida en Oriente Medio mientras Estados Unidos afronta compromisos simultáneos en otros escenarios. La Marina necesita portaaviones para proyectar poder, pero no dispone de una cantidad ilimitada de ellos. Cada despliegue prolongado presiona al siguiente. @mundiario
