Farage revalida su escaño en Westminster con un 63% tras derrotar al excéntrico Conde Carabasura

Nigel Farage vuelve a Westminster, pero la victoria tiene una lectura mucho más compleja que la de un simple triunfo electoral. El líder de Reform UK ha recuperado el escaño de Clacton-On-Sea con el 63 % de los votos, en una elección parcial que él mismo provocó al renunciar al acta y que terminó convirtiéndose en una de las contiendas más insólitas de la historia parlamentaria británica.

Su principal rival fue el extravagante Conde Carabasura (Count Binface), alter ego del comediante Jon Harvey, que consiguió más de una cuarta parte de los sufragios. El resultado habría sido impensable en una elección convencional, pero los principales partidos británicos decidieron no concurrir, al considerar que la convocatoria promovida por Farage era una maniobra destinada a proporcionarle un nuevo plebiscito personal.

El líder de Reform UK quería presentar la votación como “el pueblo contra el sistema”. El establishment, sin embargo, decidió no jugar. Y el resultado deja a Farage con el escaño que buscaba, pero también con una advertencia. El líder populista ha ganado, aunque por menos margen del que esperaba y en un escenario diseñado prácticamente a su medida.

El 63 % obtenido por Farage representa una victoria contundente. Supera en 17 puntos el resultado que logró en Clacton hace dos años y confirma que mantiene un sólido respaldo personal en una circunscripción convertida desde hace tiempo en uno de sus principales bastiones.

Los sondeos habían llegado a situarle por encima del 70 % de los votos. El resultado final queda, por tanto, varios puntos por debajo de las expectativas que el propio entorno de Reform UK había contribuido a alimentar. Además, la participación apenas superó el 44 %, en una elección extraordinaria marcada por la ausencia de las grandes formaciones nacionales. Farage ha ganado, pero no ha conseguido el plebiscito arrollador que pretendía.

El Conde Carabasura queda en segundo lugar

La presencia de Count Binface convirtió la campaña en una suerte de esperpento electoral británico. El personaje, creado por Harvey, combina humor absurdo y sátira política. Su candidatura ha logrado, sin embargo, un resultado extraordinario: más de uno de cada cuatro votantes que acudieron a las urnas optó por él. La cifra adquiere mayor relevancia porque el resto de las principales fuerzas políticas había decidido boicotear la elección.

La ausencia de candidatos de los grandes partidos dejó el terreno despejado para Farage, pero también permitió que candidatos independientes y formaciones satíricas ocuparan el espacio de oposición. La papeleta, con 34 candidatos, fue la más larga de la historia parlamentaria británica. Farage calificó a Count Binface de “candidato del sistema”. La ironía es evidente: en una elección en la que el sistema político tradicional decidió no competir contra él, el adversario que terminó concentrando buena parte del voto contrario fue un personaje cómico.

Farage tampoco acudió al recuento

La victoria quedó empañada por otro episodio insólito. Farage y buena parte de los militantes de Reform UK no acudieron a la tradicional lectura pública de los resultados. El partido alegó razones de seguridad y aseguró que existía una amenaza organizada para interrumpir el acto. La Policía de Essex negó, sin embargo, haber recomendado a los candidatos que no asistieran y aseguró que había preparado un dispositivo “proporcionado y robusto” para garantizar la seguridad durante el recuento.

La ausencia de Farage es especialmente llamativa porque se trata de una tradición profundamente arraigada en la política británica. El líder de Reform UK se convirtió así en el primer candidato ausente en una declaración de resultados parlamentarios desde Bobby Sands, el activista del insurgente IRA que se encontraba encarcelado durante la elección de 1981.

Tampoco llegó a celebrarse el discurso de victoria que Farage tenía previsto ofrecer posteriormente en Clacton-On-Sea. Durante una fiesta con simpatizantes, el dirigente afirmó que la Policía le había advertido de una campaña organizada para “interrumpir y degradar” el resultado. El líder de Reform UK dijo que no pensaba subir a un escenario para permitir que sus adversarios le “faltasen al respeto” o le “humillasen”.

La elección no liquida la investigación sobre Farage

El motivo por el que Farage provocó esta elección parcial sigue vivo. El líder de Reform UK dimitió como diputado en plena investigación parlamentaria sobre una donación de cinco millones de libras, equivalente a unos 5,7 millones de euros, vinculada al empresario e inversor en criptomonedas Christopher Harborne.

La renuncia al escaño no ha enterrado la investigación. Solo la ha suspendido temporalmente. Cuando Farage vuelva a ocupar su asiento en Westminster, el procedimiento podrá continuar. Si el Comisionado de Estándares Parlamentarios concluye que vulneró las normas éticas, podría enfrentarse a una suspensión de al menos diez días. En determinadas circunstancias, esa sanción podría abrir la puerta a una nueva elección parcial si al menos el 10 % del electorado de la circunscripción solicita la convocatoria. Y entonces el escenario sería completamente distinto.

La elección también funciona como termómetro de la situación de Reform UK. El partido ha disfrutado durante meses de un ascenso espectacular en los sondeos nacionales, hasta el punto de disputar el liderazgo electoral a conservadores y laboristas. Pero este verano ha perdido impulso.

Las acusaciones que afectan a Farage han contribuido a erosionar su imagen, mientras el nuevo primer ministro laborista, Andy Burnham, ha logrado aprovechar sus primeras semanas en Downing Street para recuperar parte del terreno político perdido por el Gobierno. Reform UK sigue teniendo a su favor varios de los asuntos que alimentan su discurso: inmigración irregular, control de las fronteras, seguridad y malestar con las instituciones tradicionales. Pero una cosa es capitalizar el descontento y otra convertirlo en una alternativa de Gobierno. @mundiario