Alemania plantea una “adhesión asociada” para Ucrania: un asiento en la UE sin voto

La guerra en Ucrania ha transformado por completo el debate sobre la ampliación de la Unión Europea. Lo que durante años fue un procedimiento burocrático, lento y condicionado a reformas técnicas, hoy se ha convertido en un asunto de seguridad continental. En ese contexto, Alemania ha puesto sobre la mesa una propuesta inédita: crear una figura de “Estado asociado” para acelerar la integración política de Ucrania en la UE sin necesidad de esperar una adhesión plena inmediata.

La iniciativa parte del canciller alemán Friedrich Merz, quien considera que la incorporación de Ucrania no puede quedar atrapada en los tiempos tradicionales de Bruselas mientras continúa la presión militar rusa. La fórmula que propone permitiría a Kiev sentarse en las instituciones europeas, participar en debates estratégicos y aproximarse gradualmente al funcionamiento comunitario, aunque sin acceder todavía al derecho de voto ni a todos los privilegios reservados a los Estados miembros.

La idea refleja un cambio profundo dentro de Europa: la ampliación ya no se percibe únicamente como una cuestión económica o administrativa, sino como una herramienta geopolítica frente a Moscú.

La propuesta alemana surge en un momento especialmente delicado para el proceso de adhesión ucraniano. Aunque Ucrania obtuvo el estatus de país candidato en 2022 tras la invasión rusa, el avance real permanece prácticamente bloqueado desde hace un año debido a las divisiones internas de la UE y al requisito de unanimidad entre los 27 Estados miembros.

Merz reconoce directamente ese problema en la carta enviada a Ursula von der Leyen, António Costa y el presidente chipriota Nikos Christodoulides. Según el dirigente alemán, “es evidente que no podremos completar el proceso de adhesión a corto plazo, dados los innumerables obstáculos y las complejidades políticas de los procesos de ratificación en los distintos Estados miembros”.

La fórmula del “miembro asociado” intenta precisamente reducir ese problema político. Ucrania podría participar en las cumbres europeas y reuniones ministeriales, disponer de un representante en la Comisión Europea, tener presencia en el Parlamento Europeo e incluso cierta representación judicial comunitaria, pero sin capacidad de decisión vinculante.

Desde Berlín insisten en que no se trataría de una “adhesión light”, sino de una integración gradual y acelerada que prepararía el terreno para el ingreso definitivo.

El temor europeo a una Ucrania aislada tras la guerra

El trasfondo de la propuesta alemana es mucho más amplio que el mero procedimiento institucional. En Bruselas existe una creciente preocupación sobre el futuro político de Ucrania en un escenario de eventual negociación con Rusia.

Numerosos dirigentes europeos consideran que Kiev necesitará algún tipo de garantía política tangible para aceptar posibles concesiones territoriales o de seguridad en unas futuras conversaciones de paz. La negativa de ingresar en la OTAN y la incertidumbre militar han convertido a la integración europea en el principal horizonte estratégico del presidente ucraniano Volodímir Zelenski.

Por eso Merz vincula abiertamente su propuesta con las negociaciones de paz. “Mi propuesta tiene en cuenta la situación particular de Ucrania, un país en guerra. Contribuirá a facilitar las conversaciones de paz en curso como parte de una solución pacífica negociada”, señala el canciller alemán.

La lógica detrás de este movimiento es clara: ofrecer a Ucrania una integración política visible y rápida para evitar que quede atrapada en una especie de limbo geopolítico entre Rusia y Occidente.

La propuesta incluye una protección explícita y de gran alcance basada en una garantía de seguridad militar, cuyo eje central es la activación del artículo 42.7 de los Tratados de la UE. Merz pide que los Estados miembros asuman el “compromiso político” de aplicar a Ucrania esta cláusula de asistencia mutua de la Unión Europea, la cual estipula que, si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás países tienen la obligación de prestarle ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance.

El canciller defiende que esto crearía una “garantía de seguridad sustancial” y efectiva para disuadir a Rusia de ejecutar nuevos ataques al finalizar la guerra. En definitiva, el planteamiento busca dotar a Ucrania de un paraguas de protección militar equiparable (aunque con sutiles diferencias de redacción) al artículo 5 de la OTAN, una alianza a la que el país no ha podido acceder a corto plazo debido a las reticencias de EE UU.

El gran obstáculo: el miedo europeo a crear miembros de segunda categoría

Pese al impulso alemán, la propuesta genera reservas dentro y fuera de Ucrania. En Kiev existe temor a que esta fórmula termine convirtiéndose en un sustituto permanente de la adhesión plena. El Gobierno ucraniano ha rechazado anteriormente cualquier tipo de “membresía sustitutiva” que pueda congelar indefinidamente su entrada real al bloque.

Ese recelo no es menor. La historia reciente de la ampliación europea está llena de países atrapados durante décadas en procesos interminables. El caso de Macedonia del Norte es uno de los más citados: obtuvo el estatus de candidato en 2005 y más de veinte años después sigue sin completar su adhesión debido a inéditos vetos políticos dentro de los 27 y a disputas bilaterales.

También en los Balcanes Occidentales existe malestar ante cualquier aceleración especial para Ucrania. Países como Albania o Montenegro llevan años negociando reformas comunitarias y observan con cautela la posibilidad de que Kiev reciba un trato prioritario por motivos geopolíticos.

Merz intenta responder a esa crítica proponiendo “soluciones innovadoras” también para los candidatos balcánicos, aunque sin desarrollar medidas concretas equivalentes.

Otro elemento clave detrás de esta propuesta es poner fin al bloqueo político interno dentro de la UE. Durante meses, el Gobierno húngaro encabezado por Viktor Orbán se convirtió en el principal obstáculo para abrir formalmente los capítulos de adhesión con Ucrania.

Aunque Bruselas percibe una ventana de oportunidad tras los cambios políticos recientes en Budapest, el sistema europeo sigue dependiendo del consenso absoluto para cuestiones estratégicas como la ampliación. Ahí es donde la fórmula alemana intenta ganar margen político: permitir una integración parcial sin necesidad de modificar los tratados comunitarios ni completar todos los procedimientos de ratificación nacionales.

Merz sostiene que bastaría un “fuerte acuerdo político” entre los socios europeos para poner en marcha el modelo de adhesión asociada. @mundiario