Trump filtra su plan de paz con Irán para liberar Ormuz, pero Teherán frena el optimismo

La crisis entre EE UU e Irán destaca por una diplomacia acelerada, mensajes contradictorios y una creciente batalla narrativa sobre el control del proceso de negociación. Mientras la Casa Blanca intenta proyectar la imagen de un acuerdo inminente, Teherán responde con cautela y desmentidos parciales, lo que evidencia que las diferencias estratégicas siguen abiertas a pesar de lo avanzado de las conversaciones.

La nueva controversia estalló después de que altos funcionarios estadounidenses filtraran a varios medios que Washington y Teherán habían alcanzado un borrador de entendimiento para ampliar durante 60 días la tregua vigente desde abril. Según esas versiones, el texto incluiría la reapertura total del estrecho de Ormuz al tráfico comercial, el levantamiento gradual del bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes y el inicio de conversaciones formales sobre el programa nuclear de la República Islámica.

Sin embargo, pocas horas después, los medios iraníes vinculados al régimen, como Tasnim, desmintieron que el documento estuviera cerrado. Teherán sostuvo que “aún no se ha pactado un borrador de preacuerdo para ampliar la tregua y proseguir las negociaciones de paz” y aseguró que cualquier avance definitivo será comunicado oficialmente por los mediadores y las autoridades iraníes.

La escena refleja el patrón que ha dominado estas negociaciones desde hace meses. Donald Trump ha repetido en varias ocasiones que el final de la guerra estaba “cerca”, aunque posteriormente su propia Administración ha moderado el optimismo o Irán ha negado que existieran avances reales. Esta vez ocurrió algo similar.

El vicepresidente J.D. Vance declaró: “No hemos llegado todavía, pero estamos muy cerca y vamos a seguir trabajando en ello”. Mientras tanto, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, evitó confirmar el acuerdo y se limitó a señalar que “todo depende de lo que el presidente Trump quiera hacer”.

El borrador difundido por Washington mantiene varios elementos que ya circulaban desde hace días en canales diplomáticos de Oriente Próximo. El primero es la reapertura sin restricciones del estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Según las filtraciones, Irán retiraría las minas colocadas en la zona y renunciaría a establecer peajes o restricciones sobre la navegación comercial.

A cambio, Estados Unidos levantaría parte del bloqueo naval sobre puertos iraníes y flexibilizaría ciertas sanciones energéticas para permitir las exportaciones petroleras iraníes. También se discutiría el desbloqueo de activos iraníes congelados en el extranjero, una exigencia central de Teherán desde el inicio del conflicto.

El núcleo más delicado del eventual acuerdo sigue siendo el programa nuclear iraní. Washington insiste en que Irán debe comprometerse a no desarrollar armas nucleares y aceptar supervisión internacional. El borrador prevé negociaciones de 60 días sobre el futuro del uranio altamente enriquecido acumulado por Teherán y sobre las actividades de enriquecimiento posteriores a la guerra.

No obstante, aquí aparece una de las mayores divergencias. Las filtraciones estadounidenses sostienen que Irán habría aceptado discutir límites a su enriquecimiento de uranio e incluso mantener una suspensión temporal de ciertas actividades nucleares. Pero las autoridades iraníes no han confirmado públicamente ninguno de esos compromisos.

La posición iraní continúa centrada en tres demandas: levantamiento efectivo de sanciones, acceso pleno a fondos congelados y reducción de la presión militar estadounidense en la región. Además, Teherán insiste en que cualquier paz estable debe incluir el fin de las operaciones israelíes en el Líbano, donde continúan los ataques contra Hezbolá.

La fragilidad del proceso quedó nuevamente expuesta con los enfrentamientos registrados en las últimas horas. El Comando Central de Estados Unidos afirmó haber derribado cinco drones iraníes y destruido una estación de control en Bandar Abbas. Poco después, fuerzas kuwaitíes interceptaron un misil balístico dirigido hacia territorio kuwaití, donde se encuentra una importante base militar estadounidense.

La Guardia Revolucionaria iraní respondió asegurando que había atacado la base estadounidense responsable de la operación contra Bandar Abbas y advirtió de que cualquier repetición provocará una “respuesta más decisiva”. Aunque Washington calificó sus operaciones de “defensivas”, el intercambio evidenció que el alto el fuego sigue siendo extremadamente precario.

El estrecho de Ormuz se ha convertido en el verdadero centro geopolítico de la negociación. Irán mantiene una fuerte presencia militar en la zona y ha insistido en controlar el paso marítimo mediante autorizaciones obligatorias para los buques comerciales. La Guardia Revolucionaria incluso informó que había impedido el tránsito de varios barcos cuyos transpondedores estaban apagados.

Detrás de toda esta negociación aparece además un fuerte componente político interno en Washington. La guerra con Irán ha impactado directamente sobre la economía estadounidense, especialmente en el precio de la energía. La inflación ha vuelto a subir y la popularidad de Trump atraviesa uno de sus momentos más bajos desde el inicio de su mandato.

Para la Casa Blanca, alcanzar un acuerdo que permita estabilizar el mercado energético y reabrir Ormuz representaría una victoria política importante antes de las elecciones legislativas de medio mandato. Pero al mismo tiempo, Trump intenta evitar la percepción de que ha cedido demasiado ante Teherán.

En Israel, el borrador genera profundas reservas porque aplaza compromisos nucleares definitivos por parte de Irán y obliga a mantener una tregua regional más amplia que también afectaría al frente libanés. El Gobierno israelí teme que Teherán utilice el tiempo ganado para reorganizar su capacidad militar y nuclear.

Mientras tanto, dentro de Irán crece igualmente el debate sobre si negociar con Trump supone una señal de debilidad o una necesidad estratégica ante el desgaste económico y militar. El líder supremo, Mojtaba Jamenei, pidió recientemente evitar divisiones internas y acusó a Estados Unidos e Israel de intentar “llevar al país de rodillas”. @mundiario