La guerra de Ucrania ha entrado en una fase en la que el frente ya no se mide únicamente en kilómetros conquistados o perdidos. La campaña de ataques de largo alcance de Kiev se libra ahora en refinerías de petróleo, terminales portuarias y, con especial intensidad, en los grandes centros logísticos civiles que sostienen la economía de guerra de Moscú. El nuevo objetivo estratégico de las Fuerzas Armadas ucranianas es Ozon, el segundo mayor operador de comercio electrónico de Rusia.
En la última semana, drones kamikazes han impactado con éxito en cuatro de sus principales centros de distribución, destacando el gran incendio provocado en el complejo de Chapaevsk (región de Samara) y las explosiones registradas este lunes en las terminales de Adiguéisk, Majachkalá y Nevinnomisske.
Esta ofensiva contra los gigantes tecnológicos —que sigue a una oleada previa de ataques contra almacenes de su competidor directo, Wildberries— responde a una estricta necesidad militar. La inteligencia militar ucraniana e investigadores independientes detallan que el ejército ruso utiliza la infraestructura logística civil de Ozon y Wildberries para almacenar y distribuir de forma masiva componentes electrónicos, repuestos y pertrechos con los que ensamblan sus flotas de drones en el frente. El golpe no solo estrangula las cadenas de suministro militar secundarias de Moscú, sino que ha impactado la estabilidad financiera de la firma, cuyas acciones sufrieron una caída de hasta el 29,09% en los mercados tras las últimas detonaciones.
En la madrugada del lunes, varios centros logísticos de Ozon fueron atacados en el sur de Rusia. La propia compañía confirmó incidentes en instalaciones de Daguestán, Krasnodar y otras regiones, mientras que las autoridades rusas informaron de incendios y evacuaciones. Los ataques se producen después de que durante el fin de semana fueran alcanzados otros almacenes de la empresa en Samara y Oremburgo. En apenas unos días, la compañía ha pasado de no haber sufrido ataques de este tipo durante la guerra a afrontar una presión simultánea sobre varios puntos de su red.
La dimensión humana introduce, además, un elemento especialmente grave. Las autoridades rusas atribuyeron a restos de drones derribados la muerte de tres adolescentes en Krasnodar y heridas a otras personas tras caer los fragmentos sobre un centro infantil. Las cifras iniciales han variado según las actualizaciones, pero el episodio demuestra el riesgo inherente a extender la guerra mediante ataques profundos contra objetivos situados lejos del frente.
¿Por qué Ucrania ataca a Ozon?
La explicación de Kiev es esencialmente económica y logística. Ucrania sostiene que estos grandes almacenes no son simples instalaciones comerciales, sino nodos de redes capaces de almacenar productos de doble uso y facilitar cadenas de suministro que también pueden beneficiar al esfuerzo bélico ruso. El Ministerio de Defensa ucraniano ha presentado la campaña contra Ozon como la continuación de la ofensiva iniciada contra Wildberries, el mayor operador ruso de comercio electrónico.
Estas empresas funcionan como gigantescas infraestructuras de distribución: conectan a cientos de miles de vendedores con consumidores, almacenan mercancías, gestionan pagos y distribuyen productos por prácticamente todo el país. Por eso, atacar un almacén puede tener efectos que van mucho más allá del edificio destruido.
En el caso de Ozon, la compañía cuenta con una extensa red logística y cientos de miles de vendedores registrados. Cuando uno de sus centros queda inutilizado, el problema no termina en la infraestructura: afecta a comerciantes, transportistas, clientes, aseguradoras, entidades financieras y proveedores.
Ucrania ya había convertido a Wildberries en uno de sus principales objetivos logísticos. Según Kiev y análisis citados por medios europeos, siete de los diez mayores centros logísticos de la compañía habían sido alcanzados y quedaron fuera de servicio.
El efecto acumulado ha sido considerable. El Financial Times recogió estimaciones de pérdidas para Wildberries de hasta 878.000 millones de rublos, alrededor de 10.000 millones de dólares. Vladímir Putin ha prometido reconstruir las instalaciones dañadas y Moscú ha comenzado a estudiar medidas de apoyo para las empresas afectadas.
La elección de Ozon, por tanto, tiene una lógica evidente: al golpear simultáneamente a los dos grandes operadores del comercio electrónico ruso, se intenta reducir la capacidad de la economía para absorber el coste de la guerra. Los datos ayudan a entender la magnitud del objetivo, ya que, según cifras citadas por El País, las tres principales plataformas del sector —Wildberries, Ozon y Yandex Market— movieron en 2025 más de 11 billones de rublos, una cifra equivalente a más del 5% del PIB ruso que conforma una auténtica economía paralela dentro del país.
¿Está funcionando la estrategia de Kiev?
Hay un indicador inmediato que resulta difícil ignorar: la Bolsa de Moscú reaccionó con fuertes caídas en Ozon. Durante la sesión del lunes, las acciones llegaron a retroceder alrededor de un 30% según distintas mediciones, mientras que AFK Sistema, uno de sus principales accionistas, también sufrió una fuerte caída.
Eso no significa que Ucrania haya conseguido provocar una crisis sistémica en el comercio ruso. Pero sí demuestra que los mercados consideran que el riesgo físico de operar dentro de Rusia está aumentando. Y ese es probablemente uno de los objetivos más importantes de la estrategia ucraniana.
Hasta ahora, las grandes empresas rusas podían asumir que la guerra estaba geográficamente concentrada. Las instalaciones cercanas al frente eran evidentemente vulnerables, pero Moscú, San Petersburgo, el Volga o el Cáucaso parecían formar parte de una retaguardia relativamente segura.
Los drones ucranianos están modificando esa percepción, ya que cuando un almacén comercial situado a cientos o incluso a más de mil kilómetros de la frontera puede convertirse en un objetivo, la distancia deja de garantizar la seguridad económica. Ante este escenario, la respuesta más precisa a si estas operaciones están siendo efectivas es: sí, pero todavía no en la dimensión que Ucrania necesita para cambiar el curso de la guerra.
Los ataques obligan a trasladar mercancías, cerrar temporalmente instalaciones, modificar rutas y reforzar la protección de infraestructuras. Ozon ya ha tenido que cancelar envíos hacia algunos centros afectados y pedir a los vendedores que redirijan sus productos hacia otras instalaciones.
Del mismo modo, las caídas bursátiles y la necesidad de reconstruir almacenes elevan el coste de hacer negocios en Rusia, lo que ha obligado al Banco Central y al Gobierno a contemplar mecanismos de apoyo y reestructuración para las empresas y vendedores afectados. Además, el conflicto llega directamente a sectores que hasta ahora parecían relativamente alejados de él; de este modo, el ciudadano que compra ropa, electrodomésticos o productos del hogar por internet puede empezar a percibir las consecuencias de la guerra a través de retrasos, cierres de instalaciones o problemas de suministro.
A pesar de que Rusia tiene la capacidad financiera y administrativa para reconstruir sus instalaciones, y de que el Kremlin ya ha anunciado ayudas mientras estudia distintas fórmulas para sostener a las empresas afectadas, destruir infraestructura no equivale automáticamente a destruir su capacidad económica. Una economía de guerra puede sustituir, reconstruir y redistribuir recursos, aunque lo haga a un coste creciente; sin embargo, la reacción de Moscú muestra hasta qué punto el Moscú considera que la campaña ucraniana ha dejado de ser una simple sucesión de ataques aislados. @mundiario
