Estados Unidos ha dado un nuevo paso para normalizar sus relaciones con Siria al retirar oficialmente al país de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo. La medida pone fin a casi cinco décadas de inclusión en una clasificación que había contribuido al aislamiento internacional de Damasco y abre una nueva etapa en la estrategia de Washington hacia Oriente Próximo.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, confirmó la decisión después de completarse el periodo de 45 días de notificación al Congreso. Según explicó, la Administración de Donald Trump considera que el Gobierno sirio ha adoptado medidas suficientes para alejarse del terrorismo internacional y asumir nuevos compromisos en materia de seguridad.
La salida de Siria de esta lista supone mucho más que un gesto diplomático. Durante años, la designación estadounidense fue uno de los principales obstáculos para la recuperación económica y política del país, sometido a un amplio entramado de sanciones y restricciones.
El giro comenzó a tomar forma en 2025, cuando Washington inició el levantamiento progresivo de algunas de las medidas contra Siria. El acercamiento alcanzó un momento especialmente simbólico con el encuentro entre Trump y Ahmed al-Sharaa en la Casa Blanca.
Al-Sharaa llegó al poder después de liderar las fuerzas rebeldes que acabaron con el régimen de Bachar al Asad. Su pasado está estrechamente vinculado al movimiento yihadista, lo que convierte la decisión estadounidense en un cambio especialmente significativo.
Washington pone a prueba al nuevo Gobierno sirio
Rubio justificó la retirada por las actuaciones emprendidas por el Ejecutivo de Al-Sharaa. Entre ellas figura la incorporación de Siria a la coalición internacional contra el Estado Islámico y las operaciones contra redes vinculadas al ISIS y Al Qaeda, además de grupos respaldados por Irán.
La Casa Blanca interpreta estos movimientos como una señal de que Damasco busca integrarse en el nuevo equilibrio regional y abandonar su anterior posición de aislamiento.
Washington también ha dejado de considerar a Hayat Tahrir al-Sham (HTS), antigua organización encabezada por Al-Sharaa, como una organización terrorista global. El cambio supone otro reconocimiento a la transformación política que Estados Unidos atribuye al actual Gobierno sirio.
Un nuevo escenario para Oriente Próximo
La decisión puede tener consecuencias económicas y diplomáticas relevantes para Siria. Reducir el peso de las sanciones podría facilitar inversiones, comercio y reconstrucción en un país devastado por años de guerra, aunque la recuperación seguirá dependiendo de la estabilidad política y de la capacidad del Ejecutivo para consolidar sus compromisos.
Al-Sharaa agradeció públicamente a Trump la decisión y la presentó como un avance para el pueblo sirio. Para Estados Unidos, en cambio, el movimiento también representa una apuesta estratégica: incorporar a la nueva Siria al tablero regional y reforzar la presión contra organizaciones y actores vinculados a Irán.
Con la salida de Siria, la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo queda reducida a Irán, Corea del Norte y Cuba. La composición de esta relación ha cambiado varias veces durante las últimas décadas, especialmente en el caso cubano, cuya inclusión y retirada han reflejado los sucesivos virajes de la política exterior de Washington.
El caso sirio marca ahora uno de los cambios más profundos: después de 47 años, Estados Unidos abandona oficialmente una de las principales herramientas de presión sobre Damasco y apuesta por comprobar si el nuevo rumbo político del país puede consolidarse. @mundiario
