La guerra en Ucrania encara una etapa especialmente delicada. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la subsecretaria general de Asuntos Políticos y de Consolidación de la Paz, Rosemary DiCarlo, advirtió el 24 de agosto de que el conflicto se encuentra en una “peligrosa espiral” y reclamó medidas urgentes para frenar los ataques contra zonas pobladas.
Las cifras explican la preocupación. Naciones Unidas ha confirmado que al menos 437 civiles murieron y otros 2.610 resultaron heridos en Ucrania durante julio. Se trata del mayor número mensual de fallecidos desde mayo de 2022 y supone un incremento del 30 % respecto a junio. Entre las víctimas había 17 menores, mientras que otros 166 niños resultaron heridos.
El dato adquiere especial relevancia porque una parte importante de las víctimas se produjo lejos de las líneas del frente. Misiles y drones de largo alcance fueron responsables del 38 % de las bajas civiles registradas en julio, lo que vuelve a situar a las ciudades y a las infraestructuras estratégicas en el centro de la ofensiva rusa.
Londres da un paso hacia la producción de misiles
Mientras la ONU reclama una salida diplomática, Europa está profundizando en su apoyo militar. El primer ministro británico, Andy Burnham, viajó a Kiev en su primera visita internacional desde que asumió el cargo y anunció que Londres permitirá compartir información clasificada sobre componentes británicos de los misiles Storm Shadow/SCALP.
El objetivo va más allá de enviar armamento terminado: Ucrania pretende aumentar su capacidad para fabricar sistemas de largo alcance dentro de su propio territorio. La medida podría reducir su dependencia de los suministros extranjeros y dotar a Kiev de una mayor autonomía industrial.
El anuncio, sin embargo, también eleva el riesgo de una respuesta rusa. El Kremlin ha denunciado que la cooperación occidental supone una implicación cada vez mayor de los países europeos en el conflicto. La decisión británica refleja así una transformación del respaldo occidental: de proporcionar armas a facilitar capacidades industriales propias.
Kiev necesita blindarse antes del invierno
El problema más inmediato sigue siendo la defensa de las ciudades. Zelenski ha reclamado más interceptores Patriot ante la presión de los ataques rusos, mientras los países europeos preparan nuevas medidas para proteger la red energética antes de la llegada del frío.
La Comisión Europea, además, ha liberado 6.100 millones de euros para necesidades militares, dentro de un paquete de financiación de 90.000 millones destinado a sostener a Ucrania. Kiev también afronta un importante déficit presupuestario para mantener su esfuerzo de defensa.
El respaldo político europeo se escenificó durante el 35º aniversario de la independencia ucraniana, con la presencia de dirigentes y representantes de la llamada Coalición de los Voluntarios. Francia, Reino Unido y otros aliados reclaman mantener la presión sobre Moscú mediante nuevas sanciones y garantías de seguridad.
El escenario que se abre es complejo: Ucrania necesita más armas para resistir, pero el incremento de las capacidades ofensivas también puede alimentar una escalada con Rusia. Al mismo tiempo, la situación humanitaria empeora y el invierno amenaza con convertir los ataques contra la infraestructura energética en una crisis todavía mayor.
La advertencia de la ONU y el refuerzo del apoyo europeo muestran, en definitiva, una misma realidad: cuatro años y medio después del inicio de la invasión a gran escala, la guerra no pierde intensidad y Europa se prepara para un conflicto que sigue sin ofrecer una salida inmediata. @mundiario
