Merz enseña los dientes por los ataques híbridos en Alemania: “los responsables pagarán”

Friedrich Merz quiere que Alemania entre en el nuevo curso político con dos frentes abiertos: cómo responderá el Estado frente a quienes ataquen sus infraestructuras críticas y cómo maniobrará el Gobierno para mitigar al deterioro económico y político. El canciller alemán aprovechó este martes el tradicional retiro estival de su gabinete en el castillo de Neuhardenberg, en Brandeburgo, para endurecer su discurso sobre la seguridad y advertir de que los responsables de los ataques híbridos contra Alemania tendrán que asumir las consecuencias.

La declaración llega después del incidente registrado el 4 de agosto en el aeropuerto de Leipzig, donde un dron equipado con explosivos puso de manifiesto la vulnerabilidad de una infraestructura crítica. Merz evitó atribuir públicamente el ataque a un país concreto, pero aseguró que Alemania se ha convertido cada vez más en objetivo de operaciones híbridas.

“Los atacantes están actuando con una creciente falta de escrúpulos”, afirmó el canciller, que advirtió de que algunos están dispuestos a asumir incluso el riesgo de provocar daños materiales graves, heridos y muertos. El líder de la CDU avisó de que “impondremos un precio” a los responsables y “tendrán que pagar por ello”. No obstante, la Oficina de Protección de la Constitución (BfV) apunta hacia el este.

La cautela de Merz tiene una explicación. El Gobierno alemán no quiere atribuir oficialmente el ataque de Leipzig a Rusia mientras las investigaciones de los servicios de seguridad no hayan concluido. La terminología utilizada por Berlín es la de “ataque híbrido” y “potencia extranjera”. En los círculos de seguridad alemanes, sin embargo, se considera que los servicios secretos rusos podrían estar detrás de la planificación de este tipo de operaciones.

Los servicios secretos quieren pasar de observar a actuar

El propio canciller anunció que las autoridades trabajan para esclarecer la autoría y que el Gobierno ofrecerá próximamente sus conclusiones, aunque en realidad la cuestión trasciende Leipzig. Berlín observa desde hace tiempo un aumento de las operaciones encubiertas que combinan espionaje, sabotaje, desinformación, ciberataques y acciones destinadas a generar inseguridad sin llegar necesariamente al umbral de un conflicto militar convencional.

El canciller confirmó que Alemania está reformando y modernizando sus servicios de inteligencia para dotarlos de capacidades operativas más activas. Hasta ahora, el modelo alemán ha puesto un énfasis particularmente fuerte en la recopilación y análisis de información, dentro de un marco jurídico marcado por las restricciones derivadas de la historia del país y por una fuerte vigilancia institucional.

El nuevo escenario geopolítico está empujando a Berlín hacia una lógica de contraataque. No basta con saber quién amenaza a Alemania; el Estado quiere disponer también de instrumentos para responder. El Gobierno pretende que la inteligencia alemana pueda desempeñar un papel más operativo frente a las amenazas híbridas. Es un cambio relevante para un país que durante décadas ha construido su política de seguridad alrededor de la prevención, la cooperación internacional y una especial prudencia respecto al poder de sus servicios secretos, que ha levantado ampollas en la oposición de Los Verdes, Die Linke y los liberales del FDP.

El problema de Merz está también dentro de casa

Pero el canciller afronta un segundo frente, esta vez estrictamente político. El retiro de Neuhardenberg reúne a una coalición entre democristianos y socialdemócratas bajo las siglas CDU-SPD que llega al comienzo del nuevo curso bajo presión. Merz intenta colocar en primer plano la economía, el empleo y las reformas pendientes en pensiones, sanidad e impuestos. “Queremos salir del estancamiento de nuestra economía y queremos volver a generar crecimiento y empleo”, afirmó.

El problema es que el Ejecutivo necesita recuperar credibilidad mientras la AfD continúa avanzando en los sondeos, especialmente en los estados del este. Las elecciones regionales de septiembre serán el primer gran examen político después del verano. Sajonia-Anhalt votará el día 6, mientras que Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín acudirán a las urnas el 20. Para Merz, no se trata únicamente de tres elecciones regionales. El resultado puede convertirse en un test sobre la capacidad de la CDU para mantener el llamado Brandmauer, el “cortafuegos” o cordón sanitario mediante el que los principales partidos alemanes excluyen a la AfD de acuerdos de gobierno.

La situación más comprometida se encuentra en Sajonia-Anhalt. Los sondeos citados apuntan a una AfD en posiciones históricamente elevadas, con Ulrich Siegmund como candidato. La CDU se enfrenta allí a la posibilidad de perder el liderazgo político y a un escenario todavía más delicado, que la formación ultraderechista consiga una mayoría suficiente para gobernar sin necesidad de romper formalmente el Brandmauer mediante acuerdos con otros partidos.

Ese escenario tendría repercusiones mucho más allá del estado federado. Un Gobierno regional encabezado por la AfD supondría un desafío directo para la estrategia de aislamiento mantenida por la CDU y podría intensificar el debate interno dentro del partido de Merz sobre cómo responder al crecimiento electoral de la extrema derecha. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD también encabeza de los sondeos, mientras que en Berlín el panorama es más fragmentado y la ultraizquierda de Die Linke, herederos de las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) mantiene una posición relevante.

Seguridad y AfD, dos caras del mismo desafío

La advertencia sobre los ataques híbridos permite a Merz recuperar un terreno en el que la CDU tradicionalmente se siente más cómoda: la defensa del Estado, la seguridad nacional y la protección de las infraestructuras críticas. Pero también plantea una cuestión política delicada. El crecimiento de la AfD se alimenta, entre otros factores, de la percepción de que las instituciones alemanas han perdido capacidad para controlar determinados problemas: inmigración, seguridad, economía o deterioro de los servicios públicos.

Merz necesita demostrar que el Estado puede responder a esas amenazas sin normalizar políticamente a la extrema derecha. Por eso el mensaje del canciller combina firmeza exterior y recuperación interna. Frente a quienes ataquen Alemania desde fuera, promete consecuencias. Frente a quienes cuestionan al Gobierno desde dentro, intenta recuperar crecimiento, empleo y capacidad de gestión.

El otoño dirá si esa estrategia consigue contener simultáneamente los dos problemas que amenazan su mandato: la presión de los ataques híbridos sobre la seguridad alemana y el avance electoral de la AfD sobre el mapa político del país. @mundiario