La hermana de Lindsey Graham da un respiro a Trump: Darline gana las primarias republicanas

Donald Trump necesitaba una victoria y Darline Graham se la ha proporcionado. La hermana del fallecido senador Lindsey Graham ha ganado este martes las primarias republicanas para conservar el escaño de Carolina del Sur en el Senado de EE UU, un resultado que tiene una lectura que va mucho más allá de la política de este Estado tradicionalmente conservador.

Con el recuento prácticamente completado, Graham se impuso al congresista Ralph Norman por alrededor de 52,5 % frente al 47,5 %, según los resultados disponibles. La diferencia, sin embargo, fue reducida a apenas unas decenas de miles de votos. La victoria basta para que la candidata respaldada por Trump avance a las elecciones de noviembre, donde se enfrentará a la demócrata Annie Andrews.

El resultado supone, sobre todo, un alivio para Trump en un verano electoral complicado. El presidente había convertido la candidatura de Graham en una cuestión personal y había desplegado recursos poco habituales para garantizar su victoria. Su super-PAC, MAGA Inc., llegó a invertir más de 827.000 dólares en llamadas y mensajes destinados a movilizar votantes durante la recta final de las primarias. Trump, además, viajó personalmente a Carolina del Sur para hacer campaña por ella. La operación funcionó.

El presidente había sufrido durante los últimos meses varios tropiezos de candidatos a los que había apoyado en primarias republicanas. Por eso, la carrera de Carolina del Sur se había convertido en una prueba especialmente visible de hasta dónde llega todavía su capacidad para movilizar al electorado republicano.

Trump no se limitó a respaldar a Graham, sino que fue quien la animó a entrar en la carrera después de que el gobernador Henry McMaster la designara para ocupar provisionalmente el escaño de su hermano tras su muerte. La Casa Blanca apostó así por una candidata que, hasta pocas semanas antes, estaba completamente fuera de la política electoral.

El desenlace permite a Trump sostener uno de los argumentos centrales de su estrategia para las elecciones de medio mandato, que continúa teniendo capacidad para decidir quién representa al Partido Republicano en las urnas. Pero el margen de la victoria también aconseja prudencia. Norman consiguió imponerse con claridad en algunos de los bastiones republicanos del interior del Estado, mientras Graham obtuvo una ventaja decisiva en áreas costeras como Horry County.

De administradora a candidata al Senado

El recorrido de Darline Graham es extraordinario incluso para los estándares de la política estadounidense. Antes de ocupar el escaño de su hermano, no había ejercido un cargo electo. Su trayectoria profesional había estado vinculada a la Administración y a la gestión de asuntos públicos, y durante años permaneció alejada de la primera línea política. La muerte de Lindsey Graham cambió radicalmente su situación. El senador, uno de los republicanos más conocidos de Carolina del Sur y durante años un aliado de Trump, falleció en julio. Poco después, McMaster designó a su hermana para completar provisionalmente su mandato y ella decidió presentarse a las primarias para conseguir el puesto durante un mandato completo.

Su candidatura se apoyó desde el principio en dos elementos: el apellido Graham y el respaldo de Trump. El argumento de la aspirante a senadora era, paradójicamente, que su falta de experiencia política constituía una ventaja. Durante la campaña llegó a reivindicar abiertamente que no era una política profesional, estableciendo incluso un paralelismo con el propio Trump y su llegada a la Casa Blanca. El electorado republicano ha decidido darle la oportunidad.

La victoria no elimina, sin embargo, las dudas que han acompañado a Graham durante toda la campaña. Uno de los episodios más delicados se produjo durante un debate con Norman. Preguntada por Taiwán y el mar de China Meridional, reconoció que no estaba suficientemente informada sobre cuestiones de seguridad nacional. La declaración tuvo especial impacto porque el escaño que pretende conservar perteneció durante más de dos décadas a un senador que convirtió precisamente en un halcón en política exterior y la defensa.

Norman aprovechó inmediatamente el episodio para presentar su propia experiencia como una ventaja. Había pasado una década en la política estatal antes de llegar a la Cámara de Representantes en 2017 y pertenece al Freedom Caucus, uno de los sectores más duros del Partido Republicano.  La batalla, por tanto, no era únicamente entre dos candidatos. Era también un enfrentamiento entre dos maneras de entender el trumpismo. Norman reivindicaba su trayectoria política y conservadora. Graham representaba una fórmula más directamente vinculada al presidente, construida alrededor del apellido familiar y de la etiqueta America First. Los votantes republicanos han optado por la segunda.

Darline Graham no heredó únicamente su escaño provisional, sino que también una estructura política, una marca familiar reconocible y una conexión con un electorado que conocía perfectamente el apellido. La elección de este martes demuestra que ese capital político continúa teniendo valor, aunque el margen final evidencia que no era suficiente por sí solo. Trump aportó el resto.

Una elección con las ‘midterms’ al fondo

La importancia de Carolina del Sur tampoco debe exagerarse. El Estado sigue siendo profundamente republicano y Graham parte hacia noviembre con una posición favorable frente a la demócrata Annie Andrews. La última victoria de un demócrata en una elección estatal de Carolina del Sur se remonta a 2006, lo que refleja la dificultad histórica de la oposición para conquistar este territorio.

Pero la batalla por el Senado forma parte de una disputa mucho mayor. Las elecciones de noviembre pondrán a prueba el control republicano del Congreso y servirán como primer gran examen nacional de la segunda presidencia de Trump. Cada escaño cuenta y cada primaria sirve también para medir hasta qué punto el presidente conserva el control sobre su partido.

En ese sentido, Carolina del Sur ofrece a Trump una noticia que necesitaba. No ha conseguido una victoria arrolladora. Tampoco ha eliminado las dudas sobre su capacidad para elegir candidatos. Pero ha demostrado que, cuando se implica personalmente, dispone todavía de una maquinaria política capaz de llevar a un candidato prácticamente desconocido hasta una candidatura al Senado.

Darline Graham tendrá ahora que transformar esa victoria en un mandato electoral en noviembre. Y deberá hacerlo afrontando precisamente la principal pregunta que sus adversarios han planteado durante la campaña: si el apellido, el respaldo presidencial y la condición de recién llegada bastarán para ocupar durante seis años uno de los escaños más importantes de la política estadounidense.