Alemania afronta una nueva dimensión de su problema de seguridad. En apenas unas horas, dos instalaciones de la red eléctrica fueron objeto de acciones presuntamente deliberadas en dos puntos muy alejados del país: Brandeburgo, en el este, y Bergheim, cerca de Colonia, en Renania del Norte-Westfalia. Ninguno de los dos episodios provocó un apagón generalizado, pero ambos han obligado a las autoridades a investigar la posibilidad de sabotajes coordinados contra una infraestructura crítica.
El momento resulta especialmente delicado. Los ataques se producen cuando Alemania acaba de atribuir oficialmente a Rusia el intento de atentado con un dron cargado de explosivos contra el aeropuerto de Leipzig/Halle, un episodio que Berlín considera parte de la guerra híbrida rusa. Moscú rechaza esa acusación. La coincidencia temporal no demuestra que exista una relación entre los casos, pero sí explica por qué las autoridades alemanas observan ahora cualquier incidente contra infraestructuras estratégicas con una atención muy superior.
El primer episodio tuvo lugar en la subestación eléctrica de Turnow-Preilack, ubicada en el distrito de Spree-Neiße (Brandeburgo). La policía alemana incautó una cifra de dos dígitos de artefactos explosivos e incendiarios artesanales de compleja fabricación junto a las líneas que conectan con la central termoeléctrica de lignito de Jänschwalde. Al menos dos de estos dispositivos lograron detonar, provocando cortocircuitos mediante el lanzamiento de material conductor contra cables de alta tensión. La Fiscalía investiga el suceso bajo cargos de sabotaje intencionado a infraestructuras críticas y la posible implicación de saboteadores extranjeros o grupos extremistas, un patrón de amenaza híbrida que se agravó con otra avería bajo sospecha delictiva en la subestación de Rommerskirchen.
Horas después apareció el segundo caso, esta vez en las inmediaciones de la subestación de Rommerskirchen, cerca de Bergheim (en el estado occidental de Renania del Norte-Westfalia). La Policía de Essen ha descartado un fallo técnico para proceder bajo la firme hipótesis de un sabotaje premeditado. Según los peritajes iniciales, los perpetradores utilizaron lanzadores pirotécnicos ocultos en un campo de maíz cercano para proyectar material conductor —presumiblemente cables— contra los tendidos aéreos de alta tensión.
La acción provocó un cortocircuito inmediato que forzó a la energética RWE Power a desconectar de la red eléctrica cinco unidades de generación de lignito, restando de golpe 4.200 megavatios de capacidad al sistema. Sin embargo, la red mantuvo su estabilidad y no se produjo un corte generalizado del suministro.
La diferencia entre ambas cosas es fundamental. Que 4.200 MW queden temporalmente fuera de servicio no significa que millones de hogares hayan quedado sin electricidad. Una red moderna dispone de reservas, rutas alternativas y mecanismos automáticos de compensación. Precisamente esos sistemas evitaron que los ataques tuvieran una repercusión mucho mayor.
La incógnita central: ¿quién está detrás?
Aquí comienza la parte más compleja. En Bergheim, el ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul, ha planteado dos líneas de investigación: un posible sabotaje dirigido desde el extranjero y la actuación de ya conocidos extremistas de izquierda. “Una subestación eléctrica es un centro neurálgico de nuestra vida cotidiana”, señaló Reul, que también calificó el episodio de acto intencionado. Las autoridades, sin embargo, todavía no han atribuido públicamente la acción a ningún Estado, organización o grupo concreto.
En Brandeburgo, la investigación es todavía más sensible porque la policía ha abierto diligencias por la posible formación de una organización terrorista. También se estudia si ambos episodios presentan conexiones. Esa posibilidad debe manejarse con cautela. Que dos sabotajes tengan lugar el mismo día, utilicen métodos destinados a alterar la infraestructura eléctrica y aparezcan en regiones distintas constituye un elemento que los investigadores deben analizar. Pero no equivale todavía a demostrar que formen parte de una misma operación.
El intento de ataque contra el aeropuerto de Leipzig/Halle, ocurrido en agosto, ha modificado el marco en el que Alemania interpreta ahora los incidentes contra infraestructuras críticas. El Gobierno alemán atribuyó formalmente a Rusia aquel ataque, en el que fue localizado un dron cargado con explosivos cerca de una aeronave de carga ucraniana. Moscú ha rechazado las acusaciones y ha anunciado una respuesta diplomática.
La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, llegó a describir el episodio como un caso con características de “terrorismo patrocinado por un Estado”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, han utilizado también el caso para advertir sobre el incremento de las actividades consideradas hostiles de Rusia.
Ese contexto convierte cualquier ataque contra una infraestructura estratégica alemana en un asunto que trasciende la delincuencia convencional. Pero precisamente por eso existe el riesgo de interpretar automáticamente cualquier sabotaje como una operación rusa.
Alemania acumula un preocupante historial de atentados contra infraestructuras críticas perpetrados por células de extrema izquierda. El antecedente directo más grave ocurrió en enero de 2026, cuando un incendio intencionado en una instalación de cables sobre el canal de Teltow dejó a 45.000 hogares y 2.200 empresas del suroeste de Berlín sin suministro eléctrico durante casi una semana. Aquella acción fue reivindicada mediante un manifiesto por la red anarquista Vulkangruppe, el mismo grupo ecoterrorista que en marzo de 2024 paralizó la megafábrica de Tesla en Grünheide, forzando a la Fiscalía Federal a tratar estos apagones provocados como actos de terrorismo nacional.
La vulnerabilidad que preocupa a Berlín
El problema estratégico es que la red eléctrica constituye uno de los objetivos más sensibles de cualquier campaña de guerra híbrida. No es necesario destruir una central eléctrica para generar consecuencias económicas y sociales. Basta con alterar determinados nodos, líneas, subestaciones o sistemas de control para obligar a los operadores a trabajar con menor margen de seguridad.
Alemania ha elevado durante los últimos meses su preocupación por el espionaje, los ciberataques, el sabotaje y las amenazas extremistas. El ataque frustrado de Leipzig añadió una dimensión distinta: la posibilidad de utilizar medios físicos para atacar directamente infraestructuras en territorio alemán.
Los dos nuevos incidentes eléctricos hacen visible otra vulnerabilidad. Una red puede resistir técnicamente un ataque y, al mismo tiempo, quedar expuesta desde el punto de vista de la seguridad. La estabilidad del sistema durante estos episodios es una señal de resiliencia, pero también demuestra que el resultado podría depender de factores como la disponibilidad de líneas alternativas, el lugar elegido o la simultaneidad de varios ataques.
Los medios alemanes señalan que las autoridades investigan ambos casos mientras crecen las preocupaciones sobre posibles actos de guerra híbrida. Al mismo tiempo, funcionarios alemanes han advertido de que no puede descartarse ni una acción vinculada a una potencia extranjera ni la intervención de extremistas nacionales.
La proximidad temporal con Leipzig introduce un elemento adicional de tensión. Si los sabotajes eléctricos fueran finalmente vinculados a una operación extranjera, Alemania estaría ante una secuencia de incidentes que afectaría a aviación, energía e infraestructuras estratégicas. Si, por el contrario, fueran obra de grupos domésticos sin conexión entre sí, el diagnóstico sería diferente: el país seguiría enfrentándose a una red de infraestructuras críticas vulnerable, pero no necesariamente ante una campaña estatal coordinada.
Por ahora, los hechos permiten afirmar algo más limitado: Alemania ha sufrido dos presuntos sabotajes contra su red eléctrica en menos de 24 horas, ambos sin provocar un apagón generalizado, mientras las autoridades investigan sus posibles autores y una eventual conexión. @mundiario
