Giorgia Meloni ha celebrado este fin de semana lo que en Italia constituye casi una anomalía institucional, porque su Gobierno lleva 1.413 días consecutivos en el poder, más que cualquier otro Ejecutivo de la República. La primera ministra lo ha ensalzado en Bari como la prueba de que la derecha italiana ha aprendido a gobernar con estabilidad. Pero, mientras Hermanos de Italia (HdI) conserva el liderazgo de las encuestas, el bloque que llevó a Meloni al Palacio Chigi afronta una nueva amenaza por la irrupción por la derecha del partido del general Roberto Vannacci.
“La estabilidad es la gran reforma que hemos regalado a esta nación”, ha dicho la líder del partido de derecha radical, que antes de ganar las elecciones de 2022 había levantado sospechas en Europa y terminó convirtiéndose en una de las socias más activas de Bruselas. Meloni ha presentado el récord como la mayor evidencia de su Ejecutivo de coalición de “centroderecha”, para reivindicar el papel revitalizado de Roma como un socio que es “tomado en serio” en la UE y el resto del mundo.
En el acto organizado por Hermanos de Italia en Bari, la primera ministra ha agradecido expresamente el papel de sus socios, el ministro de Exteriores Antonio Tajani (Forza Italia) y el ministro del Interior Matteo Salvini (Liga), y ha recordado que los tres Gobiernos más longevos de la República han sido de centroderecha, en alusión a los dos gabinetes del ex primer ministro Silvio Berlusconi. Meloni quiere presentar la continuidad de su Ejecutivo como una diferencia fundamental respecto a la tradicional ingobernabilidad italiana.
El récord tiene, además, un valor simbólico considerable. El Gobierno de Meloni ha superado los 1.412 días del segundo Gobierno de Berlusconi, que permaneció en el poder entre 2001 y 2005. La formación ultraconservadora ha aprovechado la efeméride para iniciar, de facto, la larga precampaña de las próximas elecciones generales. Pero la duración de un Gobierno no equivale necesariamente a la valoración de su gestión.
Los datos publicados por YouTrend para Sky TG24 dibujan una realidad bastante más incómoda para Meloni. El 59 % de los italianos tiene una valoración negativa de su Gobierno, frente al 36 % que la considera positiva. Hermanos de Italia, sin embargo, mantiene una posición electoral sólida, con el 26,5 %, prácticamente en los niveles de los últimos años. La primera ministra no parece haber sufrido un desgaste equivalente al de sus socios de coalición. La Liga de Salvini y Forza Italia han perdido terreno, mientras HdI continúa siendo la principal fuerza conservadora. El problema es que esa coalición ya no está repartida únicamente entre tres partidos.
Il nostro traguardo non è un record di durata, ma un’Italia in cui chi ha un’idea possa realizzarla, chi lavora possa costruirsi un futuro e chi è partito trovi mille ragioni per tornare.
Un’Italia fiera, libera, che non chiede più il permesso a nessuno.
Una Nazione che smetta… pic.twitter.com/9k9xlwboP8
— Fratelli d’Italia 🇮🇹 (@FratellidItalia) September 5, 2026
Vannacci cambia las reglas de la derecha
El surgimiento de Futuro Nazionale (FN), que se integra en el grupo de la Europa de las Naciones Soberanas (ESN) de la Alternativa por Alemania (AfD) tras la ruptura del eurodiputado Vannacci con la Liga, supone un riesgo que Meloni no puede ignorar. La formación ha alcanzado el 7,9 % en el último sondeo de YouTrend, superando a Forza Italia, que queda en el 7,1 %, y a la Liga, situada en el 4,4 %. Otras encuestas han colocado a Vannacci incluso en el 8 %.
Meloni tiene a su derecha a un competidor capaz de absorber una parte del electorado conservador más radicalizado y, especialmente, del voto que hasta ahora encontraba acomodo en la Liga, que enfrenta sus horas más bajas por la compleja posición que ocupa como el ala más dura del Ejecutivo tripartito.
Vannacci plantea posiciones más radicales en cuestiones como inmigración, identidad nacional y valores sociales con un marcado tinte prorruso. Su discurso que abraza el “patriarcado mediterráneo”, la llamada “remigración” y la prohibición de personas homosexuales en prácticamente todas las franjas horarias de la televisión, ha permitido a FN construir un espacio propio dentro de la derecha italiana. Su crecimiento ha llevado incluso a comparar el nuevo escenario con una competición entre distintas familias de la derecha radical europea.
Para Meloni, el dilema es complejo. Si Vannacci concurre por separado, puede fragmentar el voto conservador y dificultar la formación de una mayoría. Si termina incorporándose al bloque de Gobierno, su entrada elevaría el peso de las posiciones más radicales y obligaría a la primera ministra a negociar con un socio situado incluso más a la derecha de la Liga de Salvini, de la cual se escindió para integrar un bloque “futurista”. Ya el también vice primer ministro Tajani, líder del centroderechista Forza Italia y partido hermanado con el PP español, ha deslizado que teme también la injerencia del Kremlin en las elecciones generales.
Los grandes proyectos que quedaron por el camino
La estabilidad es, esencialmente, el principal logro que Meloni puede reivindicar sin necesidad de recurrir a una reforma concreta. Durante sus casi cuatro años de mandato, algunos de sus proyectos más ambiciosos han quedado paralizados, modificados o derrotados.
La reforma de la justicia supuso el mayor varapalo de la presidente tras el referéndum celebrado en marzo. El proyecto migratorio de los centros para solicitantes de asilo en Albania no termina por cuajar en medio de las trabas de los tribunales y continúa lejos de convertirse en el modelo que inicialmente presentó el Gobierno, aunque cala con cada vez mayor entusiasmo en otros países como Dinamarca.
Tampoco ha llegado la reforma de las pensiones prometida durante la campaña, mientras la presión fiscal permanece elevada, así como la mutación al sistema de autonomías español se quedó por el camino. La reforma electoral, sin embargo, tiene mejores visos de prosperar.
Una oposición que aprende a convivir
En política exterior, Meloni ha consolidado una posición más pragmática de la que muchos anticipaban tras su llegada al poder: ha mantenido el apoyo italiano a Ucrania y una relación estrecha con Bruselas y Washington. Pero la relación con Donald Trump, presentada durante un tiempo como una de sus grandes bazas internacionales, también ha mostrado límites. El resultado es un Gobierno que puede exhibir continuidad y capacidad para mantenerse unido, pero que llega a su último tramo legislativo con un balance mucho más discutido de lo que su longevidad podría sugerir.
Del otro lado del arco parlamentario, la estabilidad de Meloni ha obligado a la oposición a explorar una coordinación que durante años parecía difícil. El Partido Democrático (PD) de Elly Schlein, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) del ex primer ministro Giuseppe Conte y la Alianza Verdes e Izquierda (AVS) comparten ahora con el objetivo de evitar que HdI conserve el poder.
Las diferencias ideológicas entre ellos siguen siendo monumentales, pero la perspectiva de unas elecciones en las que la derecha puede volver a ser competitiva está favoreciendo una aproximación entre fuerzas que tradicionalmente han competido entre sí. La gran incógnita es quién encabezaría ese eventual bloque. Conte aspira a desempeñar un papel central y el PD de Schlein tampoco parece dispuesto a renunciar fácilmente al liderazgo. La negociación será especialmente complicada porque la fórmula electoral que finalmente se aplique puede determinar cómo deberán presentarse las alianzas. @mundiario
