Ceuta irrumpe en las elecciones de Marruecos y eleva la tensión con España

Las elecciones legislativas marroquíes llegan marcadas por un problema que, hasta hace poco, no parecía capaz de movilizar demasiado a la ciudadanía: la baja participación. La crisis migratoria de Ceuta, sin embargo, ha cambiado parcialmente ese escenario al devolver al primer plano las reivindicaciones territoriales sobre las ciudades autónomas españolas.

Varios miembros del Gobierno marroquí han recuperado el discurso nacionalista en torno a Ceuta y Melilla. Uno de los mensajes más contundentes llegó del ministro de Equipamiento Público y Agua y líder del partido Istiqlal, Nizar Baraka, quien afirmó que Marruecos no renunciará a ningún territorio que considere propio.

La declaración tuvo especial relevancia porque Rabat y Madrid habían acordado en 2022 evitar precisamente este tipo de reclamaciones unilaterales. Aquel entendimiento contribuyó a recomponer unas relaciones bilaterales deterioradas tras la crisis migratoria de Ceuta de 2021.

Los partidos aprovechan una cuestión sensible

El ministro de Justicia, Abdellatif Uahbi, también defendió públicamente el supuesto derecho histórico de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. A estas declaraciones se sumaron referencias del titular de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, durante un acto presidido por el rey Mohamed VI.

La respuesta española fue inmediata. El Ministerio de Exteriores recordó que Ceuta y Melilla forman parte de la soberanía española y de la Unión Europea. Además, Madrid trasladó una protesta formal al representante diplomático marroquí en España.

El episodio muestra hasta qué punto una cuestión territorial puede convertirse en una herramienta política durante una campaña. En Marruecos, el debate sobre Ceuta y Melilla conecta con un sentimiento nacionalista ampliamente extendido. Para algunos analistas, su recuperación en plena crisis migratoria puede interpretarse como un intento de generar cohesión interna después de unas jornadas que dañaron la imagen internacional del país.

La tensión pierde fuerza antes de las urnas

Pese al ruido inicial, las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla han comenzado a desaparecer de la primera línea política. El cambio coincide con la presión diplomática española y con el mensaje lanzado por Pedro Sánchez, quien advirtió de una respuesta firme si se confirma la participación de Marruecos en la organización de la llegada masiva de migrantes a Ceuta.

El retroceso del discurso territorial deja además al descubierto otro problema para Marruecos: el creciente desinterés por las elecciones. En los últimos comicios, la participación ya fue limitada y las previsiones apuntaban a una nueva caída.

El primer ministro Aziz Ajanuch tampoco ha desempeñado un papel destacado durante la crisis. Su silencio contrasta con la exposición pública de otros dirigentes de la coalición gubernamental.

Así, Ceuta ha conseguido alterar temporalmente una campaña que afrontaba el reto de movilizar a una población desencantada. Pero el episodio también demuestra los límites de utilizar la cuestión territorial como elemento de presión: cualquier escalada con España puede tener consecuencias diplomáticas y económicas para Marruecos.

La incógnita ahora es si la movilización nacionalista tendrá algún efecto real en las urnas o si, una vez pasada la crisis, volverá a imponerse el desinterés ciudadano. @mundiario