¿La era de Michael Carrick en el Manchester United tiene fecha de caducidad?

Lo del Manchester United empieza a rebasar los límites del simple tropiezo deportivo para instalarse en una trágica comedia de repetición. En un encuentro que deambulaba por la anodina mediocridad de un primer tiempo sin chispa, el conjunto de Mánchester terminó protagonizando un nuevo colapso emocional en los doce minutos finales. La sensación de tener la victoria amarrada se esfumó por completo de la forma más cruel.

El desarrollo del choque ya presagiaba esa falta de nervio competitivo que tanto penaliza en la élite británica a los equipos sin contundencia. Salvo por una volea al travesaño de Bruno Fernandes en los compases iniciales, el conjunto mancuniano ofreció una versión gris e inofensiva durante gran parte del primer acto. La falta de ritmo fue la tónica dominante en una tarde de escasa brillantez futbolística.

Al arranque de la reanudación llegó la genialidad individual de Bryan Mbeumo, quien trazó una diagonal plácida ante la pasividad defensiva local para abrir el marcador. Sin embargo, tras tomar ventaja, el United ofreció una versión conformista y careció de la determinación necesaria para sentenciar a un Everton desorientado. El equipo visitante prefirió especular en lugar de ir a por el segundo tanto.

El Everton solo encontró aire y claridad en su propuesta futbolística tras la entrada al terreno de juego de Jack Grealish a la hora de partido. La presencia del atacante inglés revitalizó por completo a los locales, metiendo una marcha más al encuentro y empujando a los Red Devils hacia su propio campo en el tramo decisivo.

La recta final del choque mutó en una auténtica ruleta rusa donde emergió toda la inconsistencia defensiva de los pupilos de Mánchester. Primero fue George quien devolvió las tablas al marcador aprovechando un evidente despiste en la marca de Luke Shaw para batir al guardameta Lammens mediante un disparo cruzado impecable.

El golpe de Sesko y el jarro de agua fría de Maitland-Niles en el 95′

Cuando el encuentro parecía encaminarse al empate, emergió la figura de Benjamin Sesko en el minuto 88 para devolver la ventaja al cuadro visitante. El ariete conectó un soberbio remate de cabeza que se coló en la portería rival, firmando un gol de bandera que parecía sellar de forma definitiva los tres puntos a escasos instantes del pitido final.

Sin embargo, tras acariciar la victoria, el vestuario visitante prefirió replegarse con miedos sobre su propia área en lugar de sostener la posesión del balón con personalidad. La falta de jerarquía para congelar el ritmo del partido terminó entregando la iniciativa a un Everton volcado a la desesperada en busca del milagro.

El castigo definitivo terminó llegando en el quinto minuto de tiempo añadido, en una secuencia que sintetizó a la perfección las urgencias de un bloque desbordado. Tras una jugada atropellada en el área mancuniana, marcada por un rechace defectuoso de la zaga, Ainsley Maitland-Niles enganchó de primeras un balón suelto en la frontal.

Su disparo, cargado de un efecto inverosímil y una precisión quirúrgica, se alojó en la mismísima escuadra de la portería para desatar el delirio colectivo en las gradas del Hill Dickinson Stadium. La afición local celebró por todo lo alto un punto rescatado en la última rendija del choque frente a la mirada atónita de los visitantes.

¿Corre peligro el puesto de Carrick? 

La dura realidad indica que el Manchester United transita hoy peligrosamente alejado de la zona de acceso a la Champions League, por no hablar de una hipotética lucha por el título de la Premier League. Ante este sombrío escenario, la gran incógnita estriba en averiguar hasta dónde llegará la paciencia de la planta noble de Old Trafford si el equipo insiste en mantener este rumbo errático y carente de contundencia.

Por el momento, resultaría precipitado retirar la confianza al técnico que logró rescatar al club de la convulsa etapa bajo la batuta de Rúben Amorim, cuando la entidad parecía resignada a instalarse en una mediocridad permanente. Sin embargo, la historia reciente demuestra que la institución es capaz de tomar decisiones drásticas en pleno vaivén emocional, reflejo de una trayectoria volátil que arrastra como penitencia desde la despedida de Sir Alex Ferguson.

En este contexto de máxima exigencia, cualquier tropiezo puede encender las alarmas de forma definitiva. Michael Carrick afronta un escenario sin margen de error, donde incluso un mal resultado en el inminente estreno europeo frente al modesto Sabah Futbol Klubu de Azerbaiyán podría dinamitar la estabilidad del banquillo mancuniano y colocar al técnico inglés en la cuerda floja. @mundiario