La caída de Nicolás Maduro pudo haber comenzado seis días antes de que las fuerzas estadounidenses ejecutaran la operación que terminó con su captura. Un informe de inteligencia revela que el 28 de diciembre de 2025, en una reunión de la cúpula política y militar venezolana, Vladimir Padrino López advirtió sobre la posibilidad de una acción militar de Estados Unidos y recomendó elevar inmediatamente el nivel de preparación de la Fuerza Armada. Maduro rechazó el escenario porque confiaba en garantías transmitidas por intermediarios con contactos en Washington. Si el documento refleja con precisión aquellas deliberaciones, el episodio revela una paradoja decisiva: el poder venezolano recibió una advertencia sobre la amenaza que terminaría materializándose, pero decidió no actuar sobre ella.
Padrino López propuso una medida concreta: suspender los permisos navideños, reforzar las unidades y elevar la actividad operativa en todo el territorio. No era una advertencia abstracta sobre el deterioro de las relaciones con Washington, sino una recomendación destinada a preparar la estructura militar ante un posible ataque. La reunión incluía a Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Domingo Hernández Lárez y otros responsables políticos y castrenses. Es decir, la posibilidad de una operación estadounidense llegó directamente al núcleo donde se tomaban las decisiones de seguridad nacional.
Maduro, sin embargo, habría considerado que la información no justificaba semejante movilización. De acuerdo con el informe, sostuvo que intermediarios que funcionaban como enlaces entre su Gobierno y funcionarios estadounidenses le habían asegurado que no habría acciones militares contra las instituciones venezolanas, contra él ni contra su familia. Esa confianza resulta fundamental para interpretar lo ocurrido después: el dirigente habría concedido mayor credibilidad a canales políticos informales que a la evaluación preventiva presentada por su propio ministro de Defensa.
Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez respaldaron la decisión de no suspender los permisos. Su argumento era que una movilización extraordinaria podía provocar alarma dentro de la Fuerza Armada e incluso estimular levantamientos internos. Maduro interpretaba además la denominada Operación Lanza del Sur como una herramienta estadounidense de presión y no como el preludio de una intervención. El dilema retrata el nivel de desconfianza interna existente en aquel momento: prepararse frente a una amenaza exterior también podía ser percibido como un riesgo para la estabilidad del propio poder.
Según Infobae, el documento sostiene que Maduro y Cilia Flores descartaron la credibilidad de la alerta, mientras Rodríguez y Cabello contribuyeron a minimizar la advertencia de Padrino López. Esta reconstrucción debe entenderse precisamente como lo que es: la versión contenida en un informe de inteligencia cuya interpretación de las decisiones internas no equivale por sí sola a una constatación independiente de cada conversación. Pero la secuencia descrita adquiere relevancia porque seis días después, el 3 de enero de 2026, ocurrió aquello que la advertencia había contemplado.
La advertencia militar escondía una crisis mucho mayor dentro del chavismo
El contexto diplomático añade todavía más complejidad. Antes de la operación existieron movimientos para buscar una salida negociada. El documento recoge una información atribuida a The Washington Post según la cual el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, habría trasladado al embajador estadounidense ante la Santa Sede una posibilidad de asilo para Maduro en Rusia con garantías de Vladimir Putin. Una investigación posterior de Zenit señaló que esa propuesta habría incluido protección para su entorno y conservación de recursos económicos en el extranjero.
La reconstrucción incorpora además otro elemento especialmente sensible: contactos entre figuras del chavismo y representantes estadounidenses antes de la operación. El documento recoge informaciones de Reuters sobre comunicaciones entre funcionarios de la Administración Trump y Diosdado Cabello que continuaron incluso después del 3 de enero. El propio informe plantea que existían conversaciones destinadas a garantizar cierta continuidad del aparato de poder tras la salida de Maduro y utiliza esa hipótesis para interpretar por qué algunos dirigentes minimizaron la advertencia militar. Se trata de una inferencia del documento que, por su alcance político, exige diferenciarse de los hechos directamente acreditados.
El 3 de enero terminó por transformar todas aquellas discusiones en hechos consumados. Fuerzas estadounidenses ejecutaron la Operación Resolución Absoluta y extrajeron de Venezuela a Maduro y a Cilia Flores, según el informe. La existencia de una cadena de mando específicamente encargada de proteger Caracas hace todavía más relevante la cuestión sobre el grado de preparación de las defensas. Padrino López ocupaba la máxima responsabilidad político-militar, mientras Domingo Hernández Lárez dirigía el Ceofanb y José Luis Tremont Jiménez estaba al frente del Comando de Defensa Aeroespacial.
Las consecuencias alcanzaron rápidamente a esa estructura. Tremont Jiménez fue destituido pocas horas después de la extracción, mientras Padrino López y Hernández Lárez fueron relevados posteriormente por Delcy Rodríguez. Los cambios continuaron durante 2026 dentro del aparato de defensa aérea y ciberdefensa. Más allá de las responsabilidades individuales, la reorganización sugiere que el episodio no fue interpretado únicamente como una derrota política de Maduro, sino también como un fracaso de la arquitectura militar diseñada para proteger el centro del poder venezolano.
La historia de aquella reunión del 28 de diciembre plantea finalmente una cuestión que trasciende a Maduro: los regímenes altamente concentrados pueden disponer de información suficiente y, aun así, tomar decisiones equivocadas cuando la inteligencia compite con intereses políticos, temores internos y canales informales de confianza. Si la advertencia de Padrino fue realmente desestimada en los términos descritos, el problema no habría sido únicamente no anticipar una operación estadounidense, sino interpretar la realidad a través de aquello que el poder quería creer. Seis días separaron la alerta de la captura. En esa distancia mínima cabe una de las lecciones más duras sobre cómo puede derrumbarse un sistema que parecía preparado para sobrevivir a cualquier amenaza. @Mundiario
