Brasil ha decidido que dominar Sudamérica dentro del campo no es suficiente. La Confederación Brasileña de Fútbol acaba de cerrar la mayor operación de derechos audiovisuales de la historia del país: más de 4.000 millones de reales, alrededor de 676 millones de euros, por la Copa de Brasil entre 2027 y 2030 y la Supercopa Rei entre 2028 y 2031. El salto supera el 80% respecto al ciclo anterior.
El crecimiento no consiste únicamente en cobrar más. La Copa de Brasil pasará a contar con 128 participantes en 2027, la CBF producirá directamente la señal de todos los encuentros, aumentará las ventanas televisivas, reducirá la coincidencia de horarios y prácticamente duplicará la presencia del torneo en televisión abierta. Globo, Amazon y una tercera emisora se repartirán los principales paquetes. La federación no solo ha vendido partidos: está intentando fabricar un producto más sencillo de consumir y comercializar.
Ahí aparece una diferencia importante respecto a Argentina. La Primera División argentina vuelve a disputarse en 2026 con 30 clubes, divididos en dos zonas de 15 tanto en el Apertura como en el Clausura. Cada torneo tiene 16 jornadas antes de unos playoffs con octavos, cuartos, semifinales y final. A eso se añade un campeón anual por la tabla general, el Trofeo de Campeones y las diferentes supercopas. Hay mucho fútbol, muchos títulos y una estructura cada vez más difícil de explicar fuera del propio país.
Eso no significa que el fútbol argentino carezca de capacidad económica. La propia Liga Profesional sostiene que los ingresos consolidados de sus 30 clubes crecieron más de un 20% en dólares durante las últimas tres temporadas, y la AFA mantiene hasta 2030 su acuerdo televisivo con Disney. El problema está en otro lugar: el crecimiento económico convive con una competición que ha ido perdiendo simplicidad, con 30 participantes, zonas, interzonales, eliminatorias y varias vías diferentes para proclamar campeones.
Brasil está recorriendo el camino contrario con su Copa. Aumentará el número de participantes, pero acompaña esa ampliación con más distribución, producción centralizada, nuevos horarios y un contrato que eleva sustancialmente el valor de cada edición. Ampliar una competición puede diluirla o hacerla crecer; la diferencia está en qué estructura comercial existe detrás.
Uruguay conserva la historia, Brasil se queda con el presente
El caso uruguayo exige otro diagnóstico. La AUF sí ha dado un paso comercial importante: el nuevo proceso de derechos audiovisuales para 2026-2029 ronda los 58 millones de euros anuales y unos 233 millones durante todo el ciclo. Es, por tanto, una mejora considerable y sería injusto presentar su reciente gestión televisiva como un fracaso.
Pero la distancia deportiva y económica con Brasil sigue siendo enorme. Peñarol conquistó cinco Libertadores, pero la última llegó en 1987 y no disputa una final desde 2011. Nacional ganó tres y continúa siendo el último campeón uruguayo del continente gracias a su título de 1988. Son dos gigantes históricos que siguen ocupando posiciones elevadas en el ranking de CONMEBOL, pero viven desde hace décadas intentando recuperar una grandeza continental que hoy pertenece a otros.
Brasil ha ocupado ese espacio. Flamengo ganó la Libertadores en 2019, 2022 y 2025; Palmeiras lo hizo en 2020 y 2021, Fluminense en 2023 y Botafogo en 2024. Las últimas siete ediciones han terminado en manos brasileñas. El poder económico no explica por sí solo semejante dominio, pero resulta imposible separar esa superioridad deportiva de ligas y clubes que generan cada vez más ingresos, retienen mejor a sus futbolistas y pueden competir por jugadores que antes abandonaban Sudamérica mucho antes.
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Argentina continúa produciendo futbolistas extraordinarios y conserva clubes de una dimensión mundial que Brasil no puede borrar. Uruguay mantiene dos instituciones cuya historia pertenece a la aristocracia del continente. Pero Brasil ha entendido mejor una cuestión decisiva: la tradición no genera dinero por sí sola. Hay que ordenar calendarios, crear un producto reconocible, mejorar la distribución y conseguir que las televisiones paguen más por él.
Los más de 676 millones de euros de la nueva Copa de Brasil representan precisamente eso. No son únicamente otro contrato televisivo récord. Son la consecuencia de una estrategia que está agrandando la distancia entre el fútbol brasileño y sus vecinos. Mientras Argentina sigue buscando cómo ordenar una Primera de 30 equipos y Uruguay intenta convertir su recuperación comercial en crecimiento deportivo, Brasil ya está trabajando para que la competición que hoy vale más de 4.000 millones de reales valga todavía más dentro de cuatro años. @mundiario
