Suecia vota al límite: los socialdemócratas ganan por la mínima y dejan a la derecha a un escaño

Las elecciones suecas de 2026 han terminado convirtiendo una ventaja que durante meses parecía relativamente cómoda en una batalla por un solo escaño. El Partido Socialdemócrata de Magdalena Andersson vuelve a aparecer como la fuerza individual más votada, pero la diferencia entre los dos grandes bloques es tan estrecha que hablar de un cambio de poder cerrado sería prematuro.

Con 4.853 de los 6.312 distritos electorales contabilizados, la proyección de la Autoridad Electoral sitúa al bloque de centroizquierda en 175 de los 349 escaños del Riksdag, frente a 174 para la alianza de derechas encabezada por el primer ministro Ulf Kristersson. Es, sobre el papel, la mayoría absoluta por un único diputado. Pero todavía faltan votos por contabilizar y el resultado oficial no se conocerá hasta que concluya el proceso de escrutinio.

Los socialdemócratas pueden ganar las elecciones y, al mismo tiempo, encontrarse ante una mayoría parlamentaria extremadamente frágil. La distancia entre los bloques es prácticamente inexistente y convierte la formación del próximo Gobierno en un problema tan importante como el resultado electoral.

El resultado confirma una constante histórica: los socialdemócratas continúan siendo la principal fuerza política individual del país. Pero el porcentaje proyectado para la formación de Andersson, alrededor del 27-28%, estaría por debajo del 30,3% obtenido en 2022. Es decir, el regreso de los socialdemócratas a la primera posición no supone una recuperación electoral en términos absolutos. Su ventaja procede también de la evolución de sus posibles socios y, sobre todo, del retroceso de Demócratas de Suecia (SD), que pierde posiciones respecto a 2022.

El partido liderado por Jimmie Åkesson había alcanzado el 20,5% hace cuatro años y se había convertido entonces en la segunda fuerza parlamentaria. En la proyección actual se mueve alrededor del 17,7%-18%, mientras los Moderados de Kristersson rondan el 19,7%. De confirmarse, el desplazamiento implicaría que los Demócratas de Suecia dejarían de ocupar la segunda posición y retrocederían por primera vez desde su entrada en el Parlamento.

Pero retroceder no significa desaparecer del centro de la política sueca. Durante la última legislatura, los Demócratas de Suecia han sido decisivos para sostener al Gobierno de Kristersson desde el Parlamento. Su influencia ha sido especialmente visible en inmigración y delincuencia, dos de los asuntos que han dominado la agenda política.

El gran cambio: la extrema derecha puede entrar en el Gobierno

En 2022, Kristersson consiguió formar Gobierno con los Moderados, los Demócratas Cristianos y los Liberales, mientras Demócratas de Suecia proporcionaba apoyo parlamentario sin ocupar ministerios. Ese esquema permitió durante cuatro años una cooperación inédita entre la derecha tradicional y un partido que durante décadas había permanecido aislado por el resto del sistema político sueco.

Ahora la situación es diferente. Kristersson ha prometido incorporar a miembros de Demócratas de Suecia al Ejecutivo si el bloque de derechas conserva la mayoría. El movimiento supondría romper otro de los antiguos límites de la política sueca y convertiría en responsabilidad gubernamental directa a una formación con raíces históricas en ambientes neonazis, aunque el partido sostiene que ha expulsado a los extremistas y se ha distanciado de ese pasado.

Por eso la elección no se ha reducido a una competición entre Andersson y Kristersson. También ha sido una votación sobre qué papel debe desempeñar SD en el Estado sueco. La propia campaña de Kristersson ha presentado la entrada de los Demócratas de Suecia en el Gobierno como una fórmula para garantizar una mayoría estable y continuar las políticas contra las bandas criminales y la inmigración irregular. La oposición ha cuestionado ese planteamiento y ha advertido sobre las consecuencias de otorgar al partido una responsabilidad institucional mayor.

La delincuencia organizada, los homicidios con armas de fuego, la inmigración, la integración y la seguridad han ocupado una posición central. El Gobierno de Kristersson endureció durante la legislatura las políticas migratorias y reforzó las medidas contra las redes criminales. Los Demócratas de Suecia han ejercido una influencia importante en ese giro.

Los socialdemócratas, por su parte, tampoco han planteado una vuelta automática a la política migratoria de décadas anteriores. Andersson ha defendido mantener buena parte del endurecimiento producido durante los últimos años y combinar una política de seguridad más firme con inversiones en educación, servicios sociales y prevención del reclutamiento de jóvenes por las bandas.

Ese desplazamiento del centro del debate explica en parte la peculiaridad de estas elecciones: la frontera entre izquierda y derecha en determinados asuntos se ha vuelto menos nítida. La inmigración y la seguridad ya no son cuestiones monopolizadas por la derecha, mientras que el Estado del bienestar continúa siendo uno de los principales terrenos de disputa de los socialdemócratas.

El problema de Andersson empieza después de ganar

Si se confirma el 175-174, Magdalena Andersson tendrá que resolver una cuestión aún más complicada que la de obtener la primera posición: cómo convertir cuatro partidos de centroizquierda en una mayoría parlamentaria funcional. Aunque los socialdemócratas, Los Verdes, La Izquierda y el Partido del Centro comparten suficientes puntos en común para competir como bloque, mantienen diferencias importantes sobre fiscalidad, energía y la composición del futuro Ejecutivo.

La contradicción más delicada afecta al Partido del Centro y La Izquierda. Los centristas han mantenido reservas sobre gobernar junto a la formación de izquierdas, mientras esta última reclama una participación directa en el Ejecutivo. Al mismo tiempo, existen diferencias sobre impuestos, política energética y el papel de la energía nuclear. Los medios suecos ya advertía antes de la votación de que estas divisiones podían obligar a negociaciones prolongadas o conducir a un Gobierno minoritario.

La aritmética parlamentaria será, por tanto, determinante. Con 175 escaños, el bloque opositor tendría exactamente el umbral de la mayoría absoluta, pero cualquier variación en el escrutinio puede modificar esa fotografía. Y aunque la proyección se mantuviera, formar Gobierno requeriría acuerdos políticos entre partidos con intereses diferentes.

El otro dato esencial es que la derecha no ha sufrido una derrota contundente. Los 174 escaños proyectados la dejan a un solo diputado de la mayoría y muestran hasta qué punto se ha cerrado la distancia durante las últimas semanas. Durante buena parte del año, las encuestas habían situado al centroizquierda claramente por delante. En algunos momentos la ventaja se aproximó a los diez puntos en intención de voto. Sin embargo, la brecha se redujo aceleradamente durante la recta final de la campaña, hasta llegar a sondeos que ya hablaban de empate técnico.

Ese comportamiento explica la tensión de la noche electoral. El voto real ha resultado mucho más ajustado que algunas de las previsiones de semanas anteriores y convierte cada actualización del escrutinio en potencialmente relevante.

Además, el sistema sueco todavía debe completar varias fases. El recuento preliminar continúa con los votos anticipados que lleguen tarde y los procedentes del extranjero. Desde el 14 de septiembre comienza el recuento definitivo de las autoridades regionales, que revisan la validez de las papeletas y realizan la distribución definitiva de escaños. La Autoridad Electoral espera cerrar el resultado parlamentario aproximadamente una semana después de la jornada electoral. @mundiario