Antonio Hidalgo había acertado en muchas de sus decisiones desde que el Deportivo regresó a Primera. El equipo competía, sabía reaccionar cuando los partidos se torcían y había llegado a esta jornada como uno de los dos únicos invictos de LaLiga junto al Barcelona. Precisamente por eso sorprende más lo ocurrido ante el Sevilla. El entrenador decidió cambiar cinco titulares respecto al empate de Getafe y el resultado fue un Deportivo reconocible solo a ratos, inferior en los duelos y con dificultades para transformar su posesión en verdadero peligro. El Sevilla ganó 0-1 en el estadio Abanca Riazor –casi lleno– y lo hizo con merecimiento.
Algunas rotaciones podrían haber sido comprensibles, pero no las que hizo Hidalgo. El Deportivo había jugado apenas 72 horas antes en el Coliseum y la temporada será demasiado larga como para pretender resolverla con once futbolistas. Además, Hidalgo dispone ahora de una plantilla considerablemente más profunda y tiene la obligación de incorporar progresivamente a los últimos fichajes. El problema no fue rotar, sino rotar demasiado y hacerlo simultáneamente en zonas especialmente sensibles de un equipo que todavía está construyendo sus automatismos en Primera.
Cinco cambios fueron demasiados para un equipo todavía en construcción. Angeliño debutó como titular sin ritmo y terminó expulsado
Cinco modificaciones pueden parecer solo cinco nombres sobre una alineación. En realidad significaron bastante más. Hidalgo alteró especialmente una defensa que necesitaba continuidad e introdujo jugadores sin suficiente ritmo competitivo. Angeliño disputó sus primeros minutos oficiales de la temporada directamente como titular. Alti tuvo dificultades cuando el Sevilla consiguió atacarle y Loureiro volvió a mostrar que el salto a Primera le exige un nivel de precisión superior. Demasiadas incógnitas juntas para enfrentarse a un rival que, sin necesitar dominar permanentemente el balón, sabía perfectamente dónde quería llevar el partido.
Angeliño simboliza el riesgo
El caso de Angeliño resume buena parte de lo sucedido. Su fichaje proporciona al Deportivo un lateral izquierdo con experiencia internacional y unas condiciones ofensivas indiscutibles, pero el nombre no sustituye al ritmo de competición. Hasta este partido no había disputado un minuto y, aun así, Hidalgo decidió entregarle directamente la titularidad.
La comparación con Quagliata resultó inevitable. El italiano había ofrecido continuidad, intensidad y una aportación ofensiva notable en las jornadas anteriores. Angeliño, en cambio, evidenció que todavía necesita tiempo para alcanzar su mejor nivel físico. Su tarde terminó de la peor manera: una entrada dura por detrás, revisada por el VAR, desembocó en una expulsión justa y dejó al Deportivo durante aproximadamente media hora con diez futbolistas cuando ya necesitaba remontar.
No se trata de condenar a Angeliño por un partido. Sería tan precipitado como convertir cualquier buen debut en una garantía para toda la temporada. Su trayectoria permite esperar mucho más. Pero precisamente por eso convendría introducirlo de manera progresiva y no pedirle que pase de cero minutos a sostener inmediatamente un partido de Primera.
El día en que faltó Mario Soriano
La otra decisión significativa fue la ausencia de Mario Soriano. Después de 118 partidos consecutivos como titular, Hidalgo decidió darle descanso y situó a Riki en su lugar. Algún día tenía que terminar una secuencia extraordinaria, y un calendario comprimido podía justificar la elección. Pero el partido también permitió comprobar hasta qué punto Soriano se ha convertido en una pieza estructural del Deportivo.
No es solo lo que hace con el balón. Es dónde aparece para recibirlo, cómo facilita la salida desde atrás y de qué manera conecta el centro del campo con los futbolistas ofensivos. El Deportivo tuvo posesión, pero durante demasiados minutos fue una posesión aparente, incapaz de superar líneas con continuidad. Tener más tiempo el balón no significa controlar un encuentro.
El Sevilla entendió mucho mejor esa diferencia. Se impuso en numerosos duelos, alcanzó el área contraria con mayor facilidad y necesitó menos elaboración para generar peligro. Miguel Sierra terminó aprovechando un rechace para marcar a puerta vacía el gol que decidió el encuentro.
El 0-1 no fue producto de un asedio sevillista ni de una superioridad abrumadora. Fue consecuencia de algo más elemental: el Sevilla hizo mejor las cosas que determinaban el partido.
Yeremay todavía busca a Yeremay
Hidalgo también entregó la titularidad a Yeremay, una decisión que sobre el papel parecía menos discutible. El canario continúa siendo uno de los mayores talentos del Deportivo y su sociedad con Aubameyang había dejado señales prometedoras en Getafe. Pero el Yeremay actual todavía está lejos del futbolista que deslumbró en Segunda.
Necesita recuperar ritmo, confianza y, sobre todo, continuidad en el desequilibrio. No sería razonable exigirle inmediatamente el nivel que alcanzó antes de sus problemas físicos, pero tampoco ayudaría al Deportivo actuar como si ya lo hubiese recuperado. En Primera los espacios aparecen menos, los defensores conceden menos tiempo y cada pérdida encuentra una respuesta más rápida. El talento permanece. La cuestión consiste en recuperar al futbolista sin convertir esa recuperación en una urgencia.
Esto es Primera División
El partido deja una advertencia que puede resultar útil precisamente porque llega después de un magnífico comienzo de temporada. Esto es Primera División. La profundidad de plantilla constituye una ventaja, pero disponer de dos futbolistas por puesto no significa que puedan intercambiarse cinco piezas de una vez sin consecuencias.
El Deportivo ha realizado una inversión importante para elevar el nivel del equipo que consiguió el ascenso. Casadó, Giménez, Angeliño, Adama Traoré, Aubameyang y el resto de incorporaciones amplían extraordinariamente las posibilidades de Hidalgo. Pero gestionar una plantilla mejor también resulta más complicado. Hay que repartir minutos, mantener implicados a quienes dejan de jugar y, al mismo tiempo, evitar que la búsqueda de oportunidades para todos destruya las asociaciones que ya funcionan. Ese equilibrio será una de las grandes tareas del entrenador esta temporada.
Rotar a dos o tres futbolistas puede refrescar un equipo. Cambiar cinco, incluyendo buena parte de la estructura defensiva y una pieza como Mario Soriano, puede modificar su identidad. Ante el Sevilla ocurrió lo segundo.
Una derrota que tampoco debe exagerarse
Sería igualmente equivocado convertir el primer tropiezo en una crisis. El Deportivo había comenzado la temporada por encima de las expectativas razonables para un recién ascendido y una derrota no invalida lo construido durante las jornadas anteriores. Incluso con diez jugadores intentó buscar el empate y volvió a demostrar que no se entrega cuando un partido se complica.
También merece reconocimiento el Sevilla. Cerca de 1.500 aficionados sevillistas acompañaron al equipo en Riazor y encontraron recompensa en una actuación seria, competitiva y suficientemente inteligente para aprovechar las debilidades que ofreció el Deportivo.
Hidalgo ha acumulado mucho más crédito que reproches desde su llegada. Precisamente ese crédito permite analizar una decisión equivocada sin convertirla en un juicio sobre su trabajo. Los entrenadores también necesitan partidos como este para conocer los límites de sus plantillas.
El Deportivo ha perdido su condición de invicto, pero puede haber ganado una enseñanza importante. Una plantilla de Primera necesita rotaciones; un equipo recién llegado a Primera necesita todavía más continuidad. Hidalgo quiso administrar esfuerzos y terminó alterando demasiado lo que funcionaba. La próxima vez tendrá que encontrar el punto intermedio. @mundiario
