Enrique de Inglaterra explica por qué dejar el Ejército cambió su vida

Enrique de Inglaterra ha vuelto a hablar de una de las etapas que más ha marcado su vida: su paso por el Ejército británico. Durante una intervención por videollamada ante el comité militar de la OTAN, el duque de Sussex reconoció que abandonar las Fuerzas Armadas en 2015 no significó únicamente poner fin a una carrera profesional. Para él, también supuso enfrentarse a la pérdida de una parte esencial de su identidad y de su propósito.

“Cuando colgué el uniforme sentí que no solo había perdido una profesión, sino también parte de mi propósito y de mi identidad”, explicó Enrique. Sus palabras adquieren especial relevancia por su propia trayectoria militar, que incluyó una década de servicio y dos despliegues en Afganistán como piloto de helicópteros Apache.

La confesión permite entender desde otra perspectiva el papel que los Juegos Invictus han adquirido en su vida. Enrique creó esta competición en 2014 para reunir a militares y veteranos heridos, lesionados o enfermos y utilizar el deporte como una herramienta de recuperación. Más de una década después, el proyecto ha dejado de presentarse únicamente como un acontecimiento deportivo y aspira, según el propio duque, a convertirse en un movimiento internacional.

La vida después del uniforme

El mensaje central de Enrique ante los representantes militares de la Alianza Atlántica fue que la responsabilidad con los soldados no debería terminar cuando abandonan las Fuerzas Armadas. El príncipe pidió prestar mayor atención a quienes regresan del servicio con heridas físicas, enfermedades o secuelas que pueden prolongarse mucho después de su regreso a casa.

Su argumento conecta directamente con la filosofía de Invictus. El deporte, explicó, es solo una herramienta dentro de un objetivo más amplio: recuperar la confianza, reconstruir el sentido de propósito, reforzar los vínculos familiares y facilitar que los veteranos vuelvan a sentirse parte de la sociedad.

En ese sentido, Enrique planteó una cuestión que va más allá de su experiencia personal. Las organizaciones militares concentran enormes recursos en preparar a sus efectivos para combatir, pero la transición hacia la vida civil puede convertirse en otro desafío para quienes han pasado años dentro de una estructura marcada por la disciplina, la camaradería y una identidad colectiva muy definida.

El duque estableció incluso un paralelismo con la propia OTAN. La fortaleza de una alianza militar, sostuvo, no debería medirse solamente por su capacidad para desplegar tropas, sino también por lo que sucede con esas personas cuando regresan a sus países.

De Afganistán a Invictus

La relación de Enrique con el Ejército también está vinculada a uno de los episodios más controvertidos de su trayectoria. En 2013 reconoció públicamente que había participado en operaciones en Afganistán y afirmó que los militares disparaban cuando era necesario. Años después, en su autobiografía En la sombra, publicada en 2023, relató que había matado a 25 talibanes durante sus despliegues.

El príncipe escribió entonces que no sentía satisfacción por aquellas muertes, pero tampoco vergüenza. La referencia a su pasado militar continúa formando parte de la manera en la que explica su relación con los veteranos y con Invictus, una iniciativa que nació precisamente cuando todavía estaba vinculado a las Fuerzas Armadas.

El próximo gran paso para el proyecto será Birmingham, que acogerá los Juegos Invictus en 2027. Enrique pretende que la competición tenga una dimensión cada vez mayor y que sirva para conectar a veteranos de distintos países, compartir experiencias sobre rehabilitación y salud mental y generar redes de apoyo después del servicio.

Una nueva etapa para Enrique de Inglaterra

La intervención ante la OTAN se produce además en un momento especialmente significativo para el duque de Sussex. Enrique y Meghan Markle abandonaron sus funciones como miembros activos de la familia real en 2020 y posteriormente fijaron su residencia en California. Su relación con la institución monárquica y con el resto de los Windsor continúa siendo objeto de atención pública.

Enrique ha regresado recientemente al Reino Unido para participar en distintos actos relacionados con los veteranos. En las últimas semanas ha asistido a los premios Invictus Spirit, ha participado en actividades deportivas con antiguos miembros de las Fuerzas Armadas y ha protagonizado otras iniciativas vinculadas con organizaciones militares.

Su agenda muestra así una constante: el Ejército que dejó hace más de una década continúa ocupando un espacio importante en su identidad pública. La diferencia es que ahora su uniforme ha sido sustituido por una plataforma desde la que intenta abordar aquello que ocurre cuando termina el servicio.

“No es un evento deportivo”, insistió al referirse a Invictus. Para Enrique, la competición representa algo más profundo: una manera de reconstruir vidas después de una etapa en la que muchos militares han encontrado heridas que no siempre desaparecen cuando regresan a casa.

Ese planteamiento explica también su intención de convertir Invictus en un “movimiento global”. Su objetivo ya no se limita a organizar unos Juegos, sino a crear una comunidad internacional alrededor de la recuperación y la reintegración de quienes han servido en las Fuerzas Armadas.

La intervención ante la OTAN termina funcionando, por tanto, como una reflexión personal y como una reivindicación de su proyecto. Enrique perdió el uniforme en 2015, pero, según sus propias palabras, encontró otra manera de seguir sirviendo. Y esa segunda etapa es la que ahora pretende ampliar mucho más allá del deporte. @mundiario