Yemen vuelve a convertirse en uno de los principales escenarios de la pugna por las rutas marítimas de Oriente Próximo. Las fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente han lanzado la operación denominada “Amanecer de Yemen” y, en apenas unas horas, aseguran haber recuperado posiciones decisivas que los hutíes habían conquistado durante su ofensiva de septiembre. Entre ellas figuran el distrito de Dhubab, varios puntos próximos al estrecho de Bab el Mandeb y la ciudad portuaria de Moca, un enclave de enorme valor militar y logístico.
El anuncio debe interpretarse con cierta cautela. El Gobierno yemení y fuentes militares aseguran que sus fuerzas han expulsado a los hutíes de buena parte de la franja costera que habían ocupado, mientras los rebeldes niegan algunos de esos avances. Lo que sí parece claro es que se ha producido un cambio importante en el frente occidental: las tropas gubernamentales, con fuerte apoyo aéreo saudí, avanzaron rápidamente hacia Moca y obligaron a combatientes hutíes a replegarse hacia zonas montañosas.
La pieza central del avance es Moca, puerto situado en la costa occidental de Yemen y muy próximo a Bab el Mandeb. La ciudad había caído en manos de los hutíes durante la ofensiva iniciada el pasado septiembre, cuando el movimiento consiguió hacerse con aproximadamente 150 kilómetros de costa del mar Rojo y acercarse peligrosamente a uno de los pasos marítimos más importantes del planeta.
El Gobierno sostiene que sus fuerzas recuperaron también Dhubab y posiciones como Bab y Hadeid, además de un aeródromo situado en la zona de Dhubab. La operación ha contado con una intensa cobertura aérea saudí. Según el Gobierno yemení, el objetivo es restablecer una presencia militar efectiva en la entrada meridional del mar Rojo y recuperar las líneas de comunicación que habían quedado amenazadas por el avance hutí.
Es importante distinguir, sin embargo, entre recuperar posiciones en la costa y controlar completamente el estrecho. Bab el Mandeb es una vía marítima internacional y su seguridad no depende exclusivamente de quién controle cada localidad de la costa yemení. Los hutíes todavía conservan capacidad para utilizar drones y misiles desde otros territorios, de modo que incluso una retirada terrestre no significa necesariamente el final de la amenaza contra la navegación.
El valor estratégico de Moca es precisamente ese. Su puerto y su ubicación permiten proyectar fuerzas sobre la costa y proteger las comunicaciones terrestres entre el litoral y el interior. Recuperarlo dificulta la pretensión hutí de consolidar un corredor continuo junto al mar Rojo y reduce su capacidad para convertir la zona de Bab el Mandeb en una palanca de presión sobre el tráfico internacional.
Una ofensiva apoyada desde el aire por Arabia Saudí
El contraataque no puede entenderse sin Arabia Saudí. Riad es el principal respaldo militar del Gobierno yemení y ha proporcionado cobertura aérea a las fuerzas terrestres. La campaña saudí habría empleado alrededor de un centenar de aviones y golpeado numerosos objetivos hutíes, aunque las cifras ofrecidas por las partes sobre blancos destruidos y bajas no pueden verificarse independientemente.
El objetivo saudí va más allá de ayudar a recuperar una ciudad. Los hutíes han amenazado territorio e infraestructuras saudíes y, en paralelo al avance gubernamental, han reivindicado ataques contra objetivos en Arabia Saudí, incluidos aeropuertos, instalaciones militares y activos petroleros.
La guerra vuelve así a conectar dos espacios marítimos fundamentales: Bab el Mandeb y Ormuz. El primero comunica el mar Rojo con el golfo de Adén; el segundo conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Cualquier amenaza simultánea sobre ambos estrechos tiene consecuencias sobre el transporte de hidrocarburos, los seguros marítimos, las rutas comerciales y los precios internacionales de la energía.
Por eso la batalla de Yemen ha dejado de ser exclusivamente una guerra civil. Su dimensión regional se ha hecho evidente y afecta directamente a Arabia Saudí, Irán y a las potencias interesadas en garantizar la navegación.
El avance gubernamental en la costa tiene un contrapunto decisivo: Taiz. Mientras las tropas respaldadas por Riad avanzaban hacia Moca, los hutíes consiguieron posiciones importantes alrededor de esta ciudad, la tercera más poblada de Yemen.
Fuentes militares citadas por Reuters aseguran que los hutíes avanzaron sobre carreteras y zonas montañosas que conectan Taiz con Adén, amenazando las rutas de abastecimiento y dejando a fuerzas gubernamentales bajo presión. Una fuente negó, sin embargo, que una de esas vías hubiera quedado completamente cortada. Esa diferencia resume la dificultad de conocer con precisión el mapa de una guerra en pleno movimiento.
Taiz puede convertirse en el segundo gran frente de la ofensiva. Su posición entre la costa y el sur del país la convierte en una pieza fundamental para cualquiera que pretenda controlar las comunicaciones terrestres. Para los hutíes, presionar allí permite obligar al Gobierno a desviar tropas de la costa; para el Gobierno, mantener abierta la conexión con Adén resulta esencial para consolidar sus avances.
La estrategia hutí parece, por tanto, consistir en evitar quedar atrapada en una guerra exclusivamente defensiva. Mientras pierde posiciones en determinados puntos de la costa, intenta abrir nuevos frentes y amenazar las líneas logísticas gubernamentales.
¿Puede el Gobierno recuperar Saná?
La ambición anunciada por el Consejo de Liderazgo Presidencial es mucho mayor que recuperar Bab el Mandeb. El presidente Rashad al-Alimi ha ordenado una ofensiva destinada a recuperar los territorios bajo control hutí y restaurar la autoridad del Estado. El Ejército incluso ha anunciado el comienzo de un ataque “estratégico” sobre Saná, capital que los hutíes controlan desde 2014.
Los hutíes siguen controlando buena parte del noroeste y las zonas más pobladas de Yemen. Han demostrado durante años capacidad para resistir campañas aéreas, utilizar misiles y drones y combatir mediante estructuras descentralizadas. La recuperación de una franja costera no equivale, por tanto, a una derrota estratégica de Ansar Alá.
El Gobierno necesita además transformar una ofensiva militar rápida en un control territorial estable. Eso implica mantener carreteras, puertos, aeródromos y ciudades, impedir contraataques y coordinar a unas fuerzas yemeníes que durante años han estado divididas entre diferentes facciones y patrocinadores regionales.
El coste humano también está aumentando. La Organización Internacional para las Migraciones estima que unas 184.000 personas han sido desplazadas desde la reanudación de los combates, mientras otras estimaciones de las partes ofrecen cifras diferentes. La escalada está agravando una de las crisis humanitarias más prolongadas del mundo.
El problema es que la recuperación de territorio puede ser militarmente rápida pero políticamente mucho más lenta. Cada localidad conquistada necesita después seguridad, abastecimiento, administración y capacidad para evitar que los combatientes regresen.
La operación “Amanecer de Yemen” supone, por ahora, el mayor contraataque gubernamental desde la ruptura de la tregua de 2022. Moca y las posiciones alrededor de Bab el Mandeb representan un revés relevante para los hutíes, pero no permiten hablar todavía de un cambio definitivo en la guerra.i
El frente occidental puede haber cambiado de manos en cuestión de horas, pero Taiz demuestra que el conflicto mantiene múltiples centros de gravedad. Mientras el Gobierno intenta recuperar la costa y proyecta su ofensiva hacia Saná, los hutíes conservan capacidad para abrir nuevos frentes y amenazar Arabia Saudí. @mundiario
