Sánchez activa el súper año electoral europeo: España abre una batalla por el rumbo político de la UE

Pedro Sánchez ha convertido el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre en algo más que una batalla doméstica por la continuidad de su Gobierno. La convocatoria española abre de hecho un intenso ciclo electoral europeo que tendrá continuidad en 2027 con citas de primer nivel en Francia, Italia y Polonia, además de otras elecciones nacionales y regionales. El calendario coloca bajo presión a los principales equilibrios políticos de la Unión en un momento en el que las fuerzas conservadoras y de derecha radical han ganado terreno en buena parte del continente.

España será la primera gran potencia comunitaria en enfrentarse a las urnas dentro de esta cadena de comicios. Después llegarán las elecciones presidenciales francesas, previstas para abril de 2027, y las parlamentarias de Polonia e Italia, que deberán celebrarse a lo largo del año. En Francia, la primera vuelta presidencial está fijada para el 18 de abril y la segunda para el 2 de mayo para definir al sucesor de Emmanuel Macron.

El resultado español tendrá, por tanto, una lectura que irá más allá de La Moncloa. Una eventual salida del PSOE del Gobierno modificaría el equilibrio entre las familias políticas que integran el Consejo Europeo y reduciría todavía más el número de grandes Estados miembros dirigidos por fuerzas socialdemócratas. Una derrota de Sánchez podría dejar a las fuerzas progresistas sin uno de sus principales gobiernos nacionales en un Estado de gran peso dentro de la Unión.

Durante los últimos años, el presidente español ha construido un perfil europeo diferenciado en cuestiones como migración, política social, transición energética, multilateralismo y relación con EE UU. También ha mantenido posiciones especialmente críticas con la forma de gobernar de Donald Trump y ha defendido una mayor regulación de determinados sectores tecnológicos y económicos.

Ese posicionamiento ha coincidido con un desplazamiento hacia la derecha del debate comunitario. Inmigración, seguridad, defensa y competitividad han ganado peso frente a algunas de las prioridades tradicionales de la izquierda europea. La cuestión migratoria ha sido el principal punto de fricción. El Gobierno español ha defendido políticas de regularización extraordinaria e integración, mientras varios gobiernos europeos han endurecido sus posiciones sobre control fronterizo, retornos, asilo y centros de deportación fuera de la UE.

Defensa, Ucrania y el pulso con Washington

La crisis de Ceuta fue el catalizador de la aparente ruptura de Sánchez con sus socios europeos. Durante el verano, 22 gobiernos reclamaron una respuesta más dura ante la presión migratoria sobre España y cuestionaron la gestión de las fronteras españolas. La controversia mostró también las distintas sensibilidades existentes dentro de la UE sobre reparto de responsabilidades, control exterior y solidaridad entre Estados miembros.

El otro gran frente de divergencia ha sido la defensa. Sánchez ha mantenido que España debe cumplir sus compromisos con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sin asumir necesariamente el objetivo del 5 % del PIB en gasto militar, defendiendo una senda inferior compatible, según el Gobierno, con el mantenimiento del Estado del bienestar.

La posición española ha generado fricciones con algunos aliados y con Trump. La cuestión se inserta en un debate europeo condicionado por la invasión rusa de Ucrania, la necesidad de reforzar las capacidades militares europeas y la creciente incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad del Viejo Continente han convertido el gasto en defensa en una de las principales prioridades de las capitales europeas.

En paralelo, la UE afronta el desafío de mantener una posición común frente a Rusia, gestionar la relación con China que el Gobierno del PSOE ha impulsado y redefinir su relación transatlántica mientras recupera sus vínculos con América Latina y explora los mercados asiáticos. Las elecciones nacionales que se sucederán durante los próximos meses tendrán lugar, por tanto, en un contexto en el que las decisiones de cada Gobierno pueden alterar los equilibrios dentro del Consejo Europeo.

La izquierda europea se juega también su espacio

La secuencia electoral convierte especialmente a Francia, Italia y Polonia en escenarios decisivos. Francia celebrará en abril de 2027 unas presidenciales que volverán a colocar en primer plano la relación entre el centro tradicional y la ultraderecha, cuya candidata Marine Le Pen del Reagrupamiento Nacional (RN) se perfila como la absoluta favorita en primera vuelta, con mejores oportunidades en el balotaje si también llegara a pasar Jean-Luc Mélenchon, de la extrema izquierda de La Francia Insumisa (LFI).

Italia, gobernada por una coalición encabezada por Giorgia Meloni de los Hermanos de Italia (FdI) afrontará sus próximas parlamentarias en 2027 a menos de que se produzca un adelanto. Polonia también deberá celebrar elecciones parlamentarias ese año, donde el centroderechista primer ministro Donald Tusk, líder de la Plataforma Cívica (PO). En ambos casos, las políticas sobre inmigración, seguridad, defensa y relación con Bruselas figurarán entre los asuntos susceptibles de marcar las campañas.

En este contexto, Sánchez afronta el 29-N con una dimensión europea particularmente marcada. Una continuidad del PSOE permitiría mantener a España como uno de los principales gobiernos nacionales de orientación socialdemócrata dentro de la UE. Un cambio de mayoría alteraría esa posición y añadiría otro Gobierno de signo conservador al mapa político europeo.

Eso explica también la atención internacional que ha provocado el anuncio. Medios como Politico y Euronews han interpretado la convocatoria española como un acontecimiento con potencial para modificar el equilibrio político comunitario, más allá de la pugna entre PSOE, PP, Vox y el resto de fuerzas españolas.

Pero la dimensión europea no sustituye a los factores internos que han llevado a Sánchez a adelantar las elecciones. La derrota parlamentaria de sus decretos de vivienda, la dificultad para sostener la mayoría de investidura, la presión de sus socios y el desgaste acumulado durante la legislatura desembocan ahora en una campaña de apenas ocho semanas. El calendario oficial arranca este martes con la publicación del decreto de convocatoria y culminará con la votación del 29 de noviembre. @mundiario