La marcha de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos, junto a su esposa y sus dos hijas, no fue un desplazamiento ordinario. Según informaciones publicadas por O Globo, Clarín y otros medios, la posibilidad de abandonar Brasil se había estudiado semanas antes de las elecciones. La derrota frente a Lula da Silva convirtió ese plan en una opción inmediata, en un contexto marcado por las investigaciones judiciales que afectan al senador y por su negativa inicial a aceptar el resultado electoral.
El 25 de octubre, Lula se impuso en la segunda vuelta presidencial por una diferencia superior a 4,4 millones de votos, según las cifras difundidas tras el escrutinio. Flávio no reconoció inicialmente su derrota y denunció un supuesto fraude, sin aportar pruebas públicas que acreditaran esa afirmación. En un mensaje posterior, sostuvo que no había abandonado Brasil para eludir a la Justicia, sino para poder ejercer su liderazgo político desde el extranjero.
La secuencia resulta relevante porque la salida se produjo después de que el Tribunal Supremo Federal brasileño adoptara medidas para impedir que el senador abandonara el país. El lunes, el juez Alexandre de Moraes ordenó que entregara sus pasaportes en un plazo de 24 horas, a petición de la Policía Federal. La decisión se enmarcaba en investigaciones sobre presunto blanqueo de capitales y otros movimientos financieros bajo sospecha. Bolsonaro y las personas relacionadas con esas pesquisas niegan haber cometido irregularidades.
El senador aseguró en un vídeo que no tenía intención de marcharse y que permanecería en Brasil para organizar la oposición. Sin embargo, al día siguiente cruzó la frontera con Argentina. La Policía Federal brasileña confirmó que investigaba las circunstancias de la salida y señaló que no había encontrado registros oficiales de que Bolsonaro pasara por un puesto migratorio brasileño antes de entrar en el país vecino. También indicó que sus pasaportes brasileños habían sido cancelados y que se había incorporado una alerta migratoria.
La reconstrucción publicada por las autoridades argentinas y los medios brasileños permite establecer los principales pasos del viaje: Flávio Bolsonaro se desplazó hasta la zona de Foz do Iguaçu, en el sur de Brasil, y cruzó el puente internacional Tancredo Neves hacia Puerto Iguazú, en la provincia argentina de Misiones. Al respecto, la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina informó de que el senador y su familia entraron en el país a las 22:50 del martes 27 de octubre. Según Folha de S.Paulo y otros medios brasileños, Flávio utilizó un pasaporte italiano, mientras que su esposa y sus hijas viajaron con documentación brasileña; la existencia de esa segunda nacionalidad le permitió utilizar un documento distinto de los pasaportes brasileños que habían sido objeto de la orden judicial.
Aproximadamente cuarenta minutos después, la familia se dirigió al aeropuerto de Puerto Iguazú y embarcó en un avión privado operado por Baires Fly. El plan de vuelo indicaba como destino Guayaquil, Ecuador, donde la aeronave realizó una escala antes de continuar hacia Florida. El avión aterrizó en el aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, próximo a Miami, durante la mañana del miércoles 28 de octubre.
La elección de una ruta con dos países intermedios, un vuelo privado y un destino inicialmente declarado en Ecuador dificultó que el itinerario completo quedara claro desde el principio. Durante varias horas circularon versiones contradictorias sobre el paradero del senador: algunos aliados afirmaron que ya estaba en Estados Unidos; otros aseguraban que seguía en Brasil o que había cruzado a Argentina. Las autoridades argentinas negaron inicialmente tener constancia de su entrada y más tarde publicaron los datos oficiales del cruce.
El papel de Javier Milei: ¿ayuda oficial o coordinación política?
La participación argentina es uno de los aspectos más controvertidos de la salida. El Gobierno de Javier Milei confirmó que Flávio Bolsonaro había entrado en el país y abandonado su territorio en dirección a Ecuador. Migraciones sostuvo que el ingreso se realizó con documentación válida y sin impedimentos legales según los controles argentinos.
El diario argentino Clarín informó de que organismos de alto nivel del Gobierno habrían intervenido en la operación, citando al Ministerio de Seguridad, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y la Cancillería. También publicó que se habría facilitado un vehículo con matrícula diplomática. Por su parte, La Nación situó al asesor presidencial Santiago Caputo en Misiones durante la noche de la salida, mientras que el abogado Simón Levy afirmó públicamente que Milei estaba al corriente y había participado en la coordinación.
Esas afirmaciones apuntan a una posible colaboración que va más allá de la entrada formal de un viajero, pero requieren una distinción fundamental: la entrada de Bolsonaro en Argentina está confirmada; la naturaleza exacta de la asistencia que pudo recibir del Gobierno de Milei no ha quedado acreditada públicamente en todos sus extremos. Ni la presencia de un asesor en la provincia ni las declaraciones de una persona cercana al entorno Bolsonaro demuestran, por sí solas, quién tomó las decisiones operativas o qué instrucciones se dieron.
El silencio público de Milei y de sus principales ministros ha alimentado las preguntas de la oposición argentina, cuyos legisladores han pedido explicaciones y reclamado la comparecencia del ministro de Exteriores para esclarecer si se utilizaron recursos oficiales y qué conocimiento tenía el Ejecutivo del viaje. En este escenario, la dimensión política es evidente: Milei mantiene una afinidad ideológica con la familia Bolsonaro y una relación estrecha con Donald Trump, mientras que su vínculo con Lula atraviesa tensiones, una distancia política entre Buenos Aires y Brasilia que ya se había reforzado cuando el Gobierno argentino decidió no emitir una felicitación oficial al presidente brasileño tras su elección. No obstante, la afinidad entre dirigentes no constituye por sí misma una prueba de participación estatal en una operación clandestina.
El destino final tampoco fue accidental, ya que Flávio Bolsonaro tiene vínculos políticos con el movimiento de Trump y con su hermano Eduardo Bolsonaro, residente en Estados Unidos y uno de los principales enlaces internacionales de la familia. De acuerdo con informaciones de la prensa estadounidense y brasileña, la Administración Trump estaba al tanto de su llegada y concedió visados tanto a Flávio como a sus familiares; por su parte, aunque Trump afirmó inicialmente que no sabía con precisión dónde se encontraba el senador, declaró que aprobaría su presencia en Estados Unidos y que era bienvenido.
Una fuente de la Administración estadounidense había confirmado previamente que se emitirían los visados; estas declaraciones, junto con la autorización de entrada, muestran que la llegada no se produjo sin conocimiento de las autoridades de ese país, aunque no prueban por sí solas que Washington dirigiera el recorrido desde Brasil. En una carta difundida tras llegar a Estados Unidos, Flávio agradeció a Trump y al pueblo estadounidense la acogida, al tiempo que elogió a Milei y presentó su marcha como una decisión destinada a preservar su capacidad de liderazgo político bajo el argumento de que, en Brasil, estaría expuesto a un sistema judicial que considera instrumentalizado contra su familia.
La orden de Alexandre de Moraes y el problema de los pasaportes
La cuestión judicial es el núcleo del caso. Alexandre de Moraes ordenó a Flávio Bolsonaro entregar sus pasaportes brasileños —el ordinario y el diplomático— en un plazo de 24 horas y le impuso la prohibición de abandonar el país. La medida fue solicitada por la Policía Federal en el marco de una investigación sobre presunto blanqueo de dinero y posibles movimientos financieros irregulares. El senador y el abogado Willer Tomaz, también investigado, niegan cualquier conducta ilegal.
Según la Policía Federal, los documentos brasileños fueron cancelados después de que venciera el plazo sin que se hubieran entregado. Sin embargo, Bolsonaro disponía de un pasaporte italiano, que habría utilizado para entrar en Argentina. La prensa brasileña también informó de que llegó a Estados Unidos con un pasaporte diplomático brasileño que ya figuraba como cancelado, además del italiano. Este último extremo fue publicado por UOL a partir de información del sistema estadounidense de control fronterizo y deberá valorarse con los datos oficiales que puedan conocerse.
La diferencia entre la orden judicial y los controles migratorios ayuda a explicar cómo pudo salir. La medida brasileña pretendía impedir el viaje y asegurar la disponibilidad de sus documentos, pero la existencia de otra nacionalidad y otro pasaporte introdujo una dificultad práctica. Además, según Folha de S.Paulo, el cruce de la frontera terrestre no implicó pasar por un puesto brasileño de control de salida. La Policía investiga precisamente cómo se produjo el desplazamiento y si hubo incumplimientos adicionales.
Conviene no confundir el incumplimiento de una medida judicial con una condena por los delitos investigados.Entre las pesquisas que le afectan figuran sospechas relacionadas con plataformas de apuestas en línea y con la financiación de Dark Horse, una película sobre la trayectoria de su padre. La existencia de esas investigaciones no acredita culpabilidad. El propio senador rechaza las acusaciones, mientras que los investigadores deben determinar si los movimientos financieros analizados constituyen delitos y quién sería responsable de ellos.
Poco antes de terminar su mandato y después de perder las elecciones frente a Lula. El expresidente permaneció alrededor de tres meses en Florida y regresó posteriormente a Brasil. En enero de 2023, seguidores bolsonaristas asaltaron las sedes de los tres poderes en Brasilia, un episodio que desembocó en procesos judiciales y en la condena de Jair Bolsonaro por su participación en una trama golpista.
Las circunstancias de ambos casos no son idénticas, Flávio no solo comparte el apellido y una parte importante de la base electoral de su padre: también pretende conservar su liderazgo en un momento de derrota, investigaciones judiciales y polarización. La presencia de Eduardo Bolsonaro en Estados Unidos refuerza la posibilidad de que la familia mantenga desde el extranjero sus contactos con el entorno de Trump y con aliados de la derecha internacional.
Lula calificó la salida de Flávio de «vergonzosa» y sostuvo que «podría haberse quedado» en Brasil para defenderse de las acusaciones. El senador, por su parte, presenta el viaje como una respuesta a lo que considera una persecución política. @mundiario
