El Real Madrid ha encontrado una paradoja en plena temporada: mientras uno de sus futbolistas más desequilibrantes cumple una sanción de cuatro partidos, el equipo ha encadenado una serie de resultados que refuerza su confianza y alimenta el debate sobre su funcionamiento colectivo. La victoria por 0-3 ante el Valencia en Mestalla confirmó una tendencia que ya había dejado señales importantes frente al Sevilla, el Barcelona y el Racing de Santander. Cuatro encuentros, cuatro triunfos y una producción ofensiva de doce goles. José Mourinho ha demostrado que dispone de alternativas para competir sin Vinícius Júnior, aunque la racha no significa necesariamente que el Real Madrid sea mejor sin el brasileño.
La secuencia comenzó el 18 de octubre con una victoria por 4-1 ante el Sevilla. Después llegó uno de los resultados más significativos de la temporada: el 1-2 frente al Barcelona en el Clásico, disputado en el campo azulgrana. El equipo blanco volvió a ganar el 1 de noviembre ante el Racing de Santander por 0-3 y cerró el ciclo de ausencia del brasileño con otro triunfo contundente en Mestalla. La regularidad de los resultados resulta especialmente relevante porque no se limita a encuentros de distinta dificultad: también incluye una victoria en uno de los escenarios más exigentes del calendario.
Los números permiten dimensionar el momento. En esos cuatro partidos de Liga sin Vinícius, el Madrid marcó doce goles y recibió solamente dos. La media de tres tantos por encuentro refleja una capacidad ofensiva que no se ha resentido por la ausencia del extremo. Según 365Scores, el equipo ya había acumulado seis victorias en los compromisos disputados sin el brasileño desde mayo de 2025 hasta octubre de 2026, entre Liga y Copa del Rey. La nueva secuencia amplía esa tendencia y coloca el debate en otro nivel: el Madrid no solo ha conseguido sobrevivir sin una de sus estrellas, sino que ha mantenido una producción goleadora muy elevada.
Una de las claves está en la distribución de responsabilidades. Sin Vinícius, el ataque ha tenido que encontrar otras vías para generar desequilibrio y evitar que todo dependa de las conducciones del brasileño desde la banda izquierda. Kylian Mbappé ha asumido buena parte del protagonismo en la finalización, mientras Arda Güler ha ganado peso en la creación y en la llegada al área. Jude Bellingham también ha aportado movilidad y conexión entre líneas. El resultado es un frente ofensivo con diferentes puntos de partida, capaz de alternar combinaciones interiores, ataques en profundidad y llegadas desde segunda línea.
La aparición de Yan Diomande en el once frente al Valencia también merece atención. El futbolista ocupó un lugar en el frente ofensivo junto a Mbappé y participó en un planteamiento que permitió al Madrid conservar profundidad y capacidad de desborde. Su presencia representa una alternativa diferente a la que ofrece Vinícius, tanto por sus movimientos como por la manera de ocupar los espacios. Mourinho no ha tenido que sustituir al brasileño con una copia de sus características, sino buscar una combinación distinta de futbolistas que mantenga el peligro ofensivo y aporte otras soluciones al funcionamiento colectivo.
Mourinho gana margen y Vinícius afronta un nuevo escenario
La ausencia del brasileño también ha permitido observar una versión del Madrid con mayor variedad en la ocupación de los espacios. El equipo no necesita concentrar tantas acciones ofensivas en un único costado y puede repartir la responsabilidad entre Güler, Bellingham, Mbappé y los futbolistas que llegan desde posiciones más retrasadas. El gol de Valverde ante el Valencia es un buen ejemplo: el uruguayo apareció desde segunda línea para resolver una jugada que había nacido de una falta ejecutada por Mbappé. La amenaza madridista no depende de una sola fórmula y esa diversidad puede convertirse en un recurso importante durante los meses de mayor exigencia.
Mbappé, por su parte, ha encontrado un contexto en el que puede asumir todavía más protagonismo. El francés continúa siendo la principal referencia para atacar la profundidad y finalizar las jugadas, pero también participa en la generación de espacios para sus compañeros. Ante el Valencia, su movilidad y su capacidad para amenazar a la defensa fueron constantes, aunque el tercer gol llegó después de una asistencia extraordinaria de Güler. La conexión entre ambos refleja que el Madrid puede construir sociedades ofensivas más allá de la relación habitual entre Mbappé y Vinícius.
El buen momento colectivo coincide con una etapa de cuestionamientos sobre el rendimiento individual del brasileño. Vinícius sigue siendo un futbolista capaz de cambiar un partido con una acción, superar rivales en el uno contra uno y generar ventajas donde otros no encuentran espacios. Sin embargo, su temporada ha estado marcada por una menor incidencia goleadora y por episodios disciplinarios que han condicionado su continuidad. La sanción de cuatro encuentros llegó después de su expulsión ante el Villarreal y le impidió participar en cuatro jornadas de Liga. Su ausencia ha sido aprovechada por el equipo, pero no elimina el valor de sus condiciones ni su trayectoria en el club.
El desafío para Mourinho comenzará precisamente cuando Vinícius vuelva a estar disponible. El entrenador tendrá que decidir cómo reincorporarlo a una estructura que ha encontrado soluciones durante su ausencia. La titularidad no debería entenderse como una cuestión automática, sino como una decisión vinculada al rendimiento, al rival y al equilibrio que necesite el equipo. También será importante gestionar los egos y las expectativas de una plantilla con futbolistas de enorme jerarquía. La competencia interna puede elevar el nivel colectivo si se administra correctamente, pero también exige claridad en los roles y en las responsabilidades.
La racha, además, debe analizarse dentro de un contexto más amplio. El Madrid ha ganado sus cuatro partidos ligueros sin Vinícius y, con el triunfo en Mestalla, alcanzó ocho victorias consecutivas en todas las competiciones, según el balance del encuentro publicado por Reuters. El equipo se mantiene en la pelea por el liderato y ha encontrado una dinámica positiva en un tramo importante del calendario. Sin embargo, todavía queda por comprobar si esta estructura puede sostenerse frente a rivales que le disputen el dominio del balón, reduzcan los espacios y obliguen a sus atacantes a resolver situaciones más cerradas.
El Real Madrid no necesita convertir la ausencia de Vinícius en una disputa entre el futbolista y el equipo. La verdadera noticia es que Mourinho ha conseguido ampliar las alternativas de una plantilla que parecía demasiado dependiente de sus grandes figuras ofensivas. Güler ha ganado protagonismo, Mbappé ha asumido responsabilidades, Bellingham continúa conectando el juego y Diomande ofrece una variante distinta. Cuando el brasileño regrese, el entrenador tendrá más recursos y una competencia que puede beneficiar al conjunto. La cuestión no es si el Madrid debe jugar con Vinícius o sin él, sino cómo conseguir que todo ese talento conviva sin limitar las posibilidades de ninguno. @mundiario
