El Movimiento 5 Estrellas, que nació en el 2009 haciendo del lema «onestà, onestà» (honestidad) su bandera imprescindible, su razón de ser, y atacando ferozmente a los lobbys o grupos de presión, hoy descubre que su fundador ha actuado como cualquier ‘lobista’. En cierta forma, ver a Grillo bajo investigación por la justicia marca el final de un proyecto político. En el camino, el cómico y su Movimiento dejaron las marcas indelebles de su hipocresía. Por ejemplo, en el año 2016, la presión del Movimiento 5 Estrellas, logró que la entonces ministra Federica Guidi dimitiera al ser investigada precisamente por «tráfico de influencias ilícitas». No conforme con esa dimisión, el Movimiento 5 Estrellas presentó una moción de censura contra todo el gobierno. «¡Todos sabían! ¡Todos a casa!», fue el grito que se recogía en el blog de Beppe Grillo.
El delito «preferido» del Movimiento
En realidad, establecer dónde está el delito en el «tráfico de influencias» no es tarea fácil, porque a menudo se entrecruzan la economía, política, medios de comunicación; se trata de campos relacionados que pueden oscilar entre los lobbies, la compraventa de favores, el favoritismo, las simpatías, etc. Lo curioso y llamativo es que fue precisamente el Movimiento 5 Estrellas, siendo ministro de Justicia Alfonso Bonafede, el que promovió la aprobación de una ley bastante indescifrable con la inclusión del tráfico de influencias como delito «preferido».
«Los corruptos deben ir a la cárcel», sostenía el ministro grillino Bonafede. Ahora el cómico Grillo está bajo investigación por un presunto delito de corrupción. Es una hipótesis delictiva casi indemostrable (solo en un caso de cada tres se llega a una condena), con una investigación que puede alargarse mucho tiempo, durante años, justamente como deseaba el ministro Bonafede en su nebulosa ley que contempla el tráfico de influencias. Pero, ironías del destino, el cómico Grillo, que fundó el Movimiento con la batalla contra la corrupción y el tráfico de influencias, es hoy víctima del grillismo, perseguido por los mismos mecanismos que puso en pie, «pillado» como un vulgar político de los que él llenaba de insultos en sus tiempos de oro, cuando llenaba las plazas de Italia en campaña electoral. Ahora se cierra un círculo.


