Por Andrés M. Tejada.
El Censo General de la Nación está establecido por ley realizarce cada 10 años, y así se ha hecho siempre, salvo muy pocas excepciones. Este nuevo censo que debe comenzar este jueves 10 hasta el día 23 de noviembre ha traído a la palestra pública muchas contradicciones, opiniones disimiles y teorías de conspiración. En lo personal, apoyo el Censo, pero hay que aprender a escuchar los demás razonamientos.
Tengo mi sospecha de que podría ser un fracaso, y creo que el presidente Luis Abinader puede hasta suspender su ejecución este año y realizarlo en meses venideros. Se ha dicho que puede ser objetado ante el Tribunal Constitucional en virtud de que al parecer hay violaciones legales que lo harían objetable. El asunto de no preguntar por la nacionalidad, el problema suscitado con la Dirección General de Compras y Contrataciones Públicas, que anuló el concurso para elegir a la empresa que seria adjudicada para su realización y el hecho de que hasta el momento no se conoce si la Oficina Nacional de Estadística (ONE), convocó nuevo concurso y posterior adjudicación, crean más leña al fuego, incertidumbre, y desinterés.
Además, todavía el presidente de la República no ha dictado decreto alguno, declarando los días del Censo como días no laborables según lo estipula la ley. Creo que es oportuno hacer un paréntesis de espera de algunos meses y proceder a hacer las cosas correctamente.
El pasado Censo del gobierno del PLD fue un desastre. Conozco más de 10 amigos que me informaron que nunca fueron empadronados. En mi caso, nunca fui contado pues, no me visitaron, ni a mi ni a dos de mis hermanos. Osea, en mi familia dejamos de ser contados 16 personas. Ojalá yo esté equivocado y no sea un verdadero atolladero que bien pudo evitarse.
El autor es escritor, poeta y empresario.




