Brasil hizo prácticamente todo lo posible para poner su selección en manos de Carlo Ancelotti. Esperó al italiano, convirtió su llegada en una cuestión casi de estado futbolístico y, antes incluso de comprobar su rendimiento en el Mundial, la CBF amplió su contrato hasta 2030. La apuesta difícilmente podía ser mayor. El problema es que, pasado su primer gran examen, la Canarinha sigue sin encontrar el fútbol que lleva años perdiendo.
El Mundial dejó pocas dudas. Brasil cayó por 2-1 ante Noruega en octavos de final y firmó su eliminación más temprana desde Italia 1990. No fue únicamente perder. La selección volvió a mostrar problemas para dominar los partidos, generar desde el centro del campo y hacer convivir todo su talento ofensivo. Haaland castigó dos veces a una pentacampeona que volvió a marcharse demasiado pronto de una Copa del Mundo.
Dos meses después, la reacción tampoco ha aparecido. Brasil abrió su etapa posterior al Mundial con un 1-1 ante Australia, 28.ª selección del ranking FIFA, y necesitó un cabezazo de Rayan en el minuto 94 para evitar la derrota. Resulta todavía más revelador que la propia CBF reconociese que Australia tuvo más posesión y dominó las acciones durante la primera mitad. No hablamos de España, Argentina o Francia. Hablamos de Australia.
Ancelotti volvió además a una fórmula que ya había generado dudas: cuatro futbolistas eminentemente ofensivos —Vinícius, Raphinha, Estêvão y Endrick— sostenidos por únicamente Bruno Guimarães y Danilo Santos en el centro del campo. Poner más delanteros no significa necesariamente atacar mejor. Brasil tuvo problemas para sacar el balón, conectar líneas y controlar las pérdidas. El propio Danilo reconoció después que el equipo tuvo “poco control” en la medular. Australia encontró demasiada facilidad para jugar ante una selección que debería imponer el ritmo ante un rival de este nivel.
Ahí aparece seguramente el mayor problema de esta Brasil. Durante décadas, el país produjo mediapuntas, interiores y futbolistas capaces de recibir entre líneas, inventar una jugada y cambiar un partido. Hoy abundan mucho más los extremos y delanteros que los grandes constructores. Bruno Guimarães tiene nivel internacional, pero colocar a su lado a Danilo Santos y cuatro atacantes no convierte automáticamente a Brasil en una selección creativa. Sin alguien que ordene, acelere y encuentre el último pase, la acumulación de pólvora acaba siendo solamente eso: acumulación.
Tampoco ayuda que el famoso crack brasileño de cada generación resulte ahora mucho más difícil de encontrar. Raphinha es la gran excepción del momento y llegó a la concentración después de marcar 12 goles en las siete primeras jornadas de La Liga con el Barcelona. Vinícius, por contra, había comenzado la temporada con solo un gol en ocho partidos y su propio entrenador en el Real Madrid reconoció recientemente que todavía no estaba mostrando su mejor versión. Incluso Gabriel Martinelli, que dejó el Arsenal este verano para marcharse al Al Hilal saudí.
Las grandes esperanzas tampoco llegan precisamente como titulares indiscutibles de los gigantes europeos. Endrick se presentó con la selección después de disputar únicamente cuatro minutos oficiales con el Real Madrid esta temporada. Estêvão, quizá el talento joven que más ilusión genera, acumulaba solo 148 minutos con el Chelsea en seis encuentros y había sido titular únicamente en dos partidos de Copa de la Liga con un equipo alternativo. Tienen un potencial enorme, pero Brasil necesita que las promesas terminen convirtiéndose en realidades.
Rayan ofrece motivos para seguirlo de cerca. El Bournemouth pagó alrededor de 29 millones de euros para sacarlo del Vasco da Gama en enero y el delantero de 20 años ya había comenzado a dejar detalles en la Premier antes de marcar el empate frente a Australia. Pero precisamente que el salvador ante la 28.ª selección del mundo sea un joven todavía en proceso de consolidación también explica el momento de la Canarinha. Brasil tiene talento emergente; lo que no tiene ahora mismo es aquella colección interminable de estrellas mundiales que durante décadas convirtió una convocatoria brasileña en un problema para cualquier seleccionador.
La nueva lista de Ancelotti también permite entender el cambio. Diez de los 26 convocados juegan actualmente en el fútbol brasileño, según la propia CBF, y solo nueve integrantes del grupo estuvieron en el último Mundial. Tener futbolistas del Brasileirao no debería ser entendido por sí mismo como algo negativo, pero el dato resulta significativo para una selección que históricamente reunía a algunos de los principales jugadores del Real Madrid, Barcelona, Milan, Inter, Juventus, Manchester United o los grandes equipos europeos.
Y todo esto sucede con el seleccionador mejor pagado del fútbol internacional. Ancelotti renovó en unas condiciones cercanas a los 10 millones de euros anuales, después de que la CBF decidiese prolongar su contrato antes incluso del Mundial. Sus números globales tampoco son catastróficos: tras el empate ante Australia suma 18 partidos, diez victorias, cuatro empates y cuatro derrotas. Pero el fútbol de selecciones brasileño no mide a sus entrenadores únicamente contando victorias. El Mundial era el examen y Brasil suspendió. Australia era la primera oportunidad para empezar a cambiar las sensaciones y tampoco lo hizo.
FIM DE JOGO EM TOWNSVILLE
🇦🇺 1-1🇧🇷
⚽️ Rayan
A Seleção Brasileira encerra o primeiro compromisso deste novo ciclo com empate e volta a campo na próxima terça-feira, às 7h, novamente contra a Austrália. #BateNoPeito pic.twitter.com/ZVOmgcXUnb
— brasil (@CBF_Futebol) September 25, 2026
Quizá el problema sea precisamente esperar que Ancelotti pueda devolver por sí solo algo que Brasil lleva años perdiendo. El italiano puede ordenar mejor al equipo, poblar el centro del campo y dejar de creer que añadir delanteros soluciona la falta de creación. Pero no puede fabricar otro Kaká, otro Ronaldinho, otro Sócrates o otro Dunga u otro Mauro Silva. La Canarinha sigue teniendo buenos futbolistas y jóvenes con un techo altísimo, pero cada vez cuesta más encontrar auténticos cracks brasileños entre los mejores jugadores del mundo. Después del fracaso ante Noruega y del pobre empate frente a Australia, la gran duda ya no es solamente qué puede hacer Ancelotti con Brasil. Es también qué Brasil tiene realmente Ancelotti entre manos. @mundiario
