Armenia rompe amarras con Moscú y prepara su solicitud de ingreso en la Unión Europea

Armenia está a punto de cruzar una línea que durante años había evitado traspasar. El primer ministro, Nikol Pashinián, ha anunciado este lunes ante el Parlamento que su Gobierno comenzará próximamente los preparativos para presentar una solicitud formal de adhesión a la UE. El movimiento no implica todavía abandonar la órbita rusa, pero sí supone el paso más ambicioso dado hasta ahora por Ereván para aproximarse a Bruselas.

La decisión llega después de más de dos años de progresivo distanciamiento de Moscú y de una aproximación cada vez más visible a las instituciones europeas. Armenia ha intentado hasta ahora avanzar hacia la UE sin romper con Rusia, una estrategia cada vez más difícil de sostener debido a las contradicciones entre ambos espacios económicos y políticos.

Pashinián ha planteado la secuencia con cautela. Primero, Armenia presentará la solicitud; después deberá conocer la respuesta la Comisión Europea, las condiciones y las reformas necesarias; y, solo entonces, los ciudadanos podrían pronunciarse en un referéndum sobre la adhesión. “Armenia debe presentar primero una solicitud oficial de adhesión a la UE”, explicó el primer ministro ante los diputados. El Gobierno, añadió, podría iniciar ese proceso “en un futuro próximo”.

La aproximación armenia a Europa no comienza ahora. Ereván mantiene desde 2021 en vigor el Acuerdo de Asociación Global y Reforzado (CEPA) con la UE, que ya establece compromisos para aproximar determinadas leyes, instituciones y estándares armenios a los europeos. Pero durante los últimos años Pashinián había evitado plantear abiertamente una candidatura de adhesión. Armenia sigue formando parte de la Unión Económica Euroasiática, el espacio de integración económica dirigido por Rusia.

La dependencia de Moscú continúa siendo considerable. Rusia mantiene un peso importante en el comercio armenio y en sectores estratégicos como la energía. A ello se suman las remesas enviadas por los trabajadores armenios residentes en Rusia y el peso del turismo ruso. El problema para Pashinián es que esa dependencia económica contrasta ahora con un deterioro profundo de la relación política.

El Kremlin responde con una advertencia

La reacción de Moscú no se ha hecho esperar. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha advertido de que el acercamiento de Armenia a la UE provocará problemas de compatibilidad con la Unión Económica Euroasiática. Las normas comerciales, aduaneras y fitosanitarias de ambos bloques, sostuvo, son incompatibles en distintos ámbitos. “Ahí encontraremos profundas contradicciones”, afirmó Peskov.

La advertencia encierra un mensaje político evidente: para Moscú, la integración europea de una antigua república soviética no es una cuestión meramente comercial. El presidente ruso, Vladímir Putin, ya había reclamado en mayo que Armenia celebrase un referéndum para decidir entre los dos espacios de integración. Entonces llegó incluso a establecer un paralelismo con Ucrania y recordó que, a su juicio, “así empezó la crisis en Ucrania”, en alusión al enfrentamiento que desencadenó el acercamiento de Kiev a la UE.

Pashinián ha rechazado por ahora esa lógica binaria. Su argumento es que los armenios no pueden votar sobre una adhesión cuyas condiciones todavía desconocen. Primero debe llegar la candidatura, después la evaluación europea y finalmente el debate sobre las condiciones concretas.

Rusia usa el comercio como herramienta de presión

La cautela del primer ministro tiene una explicación práctica. Durante la campaña electoral de junio, la Unión Europea denunció una presión rusa “sin precedentes” sobre Armenia, que habría incluido campañas de desinformación, restricciones comerciales y otras formas de presión híbrida. Moscú llegó a obstaculizar la entrada de determinados productos armenios, entre ellos flores, frutas y bebidas alcohólicas.

Bruselas respondió entonces con más de 50 millones de euros de apoyo. El episodio dejó una lección para Ereván, que la dependencia económica de Rusia puede convertirse en una herramienta de presión política cuando el Gobierno armenio se aproxima demasiado a Occidente. Por eso, la candidatura europea no es simplemente un expediente diplomático. También es un intento de diversificar las dependencias estratégicas de Armenia.

El anuncio de Pashinián tampoco significa que Armenia vaya a convertirse próximamente en miembro de la Unión Europea. El procedimiento puede ser largo. Una vez presentada la solicitud, la Comisión Europea deberá evaluar la candidatura. Después, los 27 Estados miembros tendrán que aprobar por unanimidad la concesión del estatus de país candidato. Incluso con ese reconocimiento, comenzarían años de negociaciones y reformas.

El ejemplo de Georgia es ilustrativo. Tiflis recibió el estatus de candidato en 2023, pero el proceso quedó prácticamente congelado después de que Bruselas denunciara un retroceso democrático y un giro político considerado incompatible con las aspiraciones europeas, tras el alineamiento del Gobierno del prorruso Sueño Georgiano con el Kremlin y el acelerado proceso de autocratización del país. Para Armenia, por tanto, el primer objetivo es entrar formalmente en el camino hacia la UE, aunque la llegada a la meta pueda encontrarse todavía muy lejos.

El dilema armenio: Bruselas sin romper con Moscú

La gran dificultad de la estrategia de Pashinián es que Armenia quiere hacer algo que Moscú considera cada vez más difícil, por no decir contrario a sus intereses, y que el país del Cáucaso Sur mantenga sus vínculos económicos con Rusia mientras construye una relación política y normativa cada vez más estrecha con la UE. La candidatura europea no obliga automáticamente a Ereván a abandonar la Unión Económica Euroasiática. Pero cuanto más avance el proceso de adhesión, más difícil será mantener ambos marcos.

Las normas europeas sobre comercio, aduanas, competencia y estándares sanitarios terminarán chocando con algunas de las obligaciones asumidas dentro del espacio económico liderado por Moscú. No obstante, Ereván está intentando reducir su dependencia de una Rusia que durante décadas fue considerada su principal garante estratégico. Pero lo hace sin disponer todavía de una alternativa europea equivalente en materia de seguridad.

El cambio de orientación también debe entenderse a la luz de la transformación de la posición armenia en el Cáucaso. La relación de Ereván con Moscú se deterioró especialmente después de que Azerbaiyán recuperara el control del enclave Nagorno Karabaj en 2023. El Gobierno armenio ha acusado a Rusia de no haber proporcionado el apoyo que esperaba y ha buscado progresivamente nuevas alianzas internacionales. La UE, entretanto, ha ganado presencia diplomática en la región. Pashinián intenta ahora convertir esa apertura en una estrategia de largo plazo. @mundiario