El Deportivo fue a Villarreal para comprobar cuánto había de realidad y cuánto de entusiasmo en su prometedor regreso a Primera División y volvió de La Cerámica con una respuesta que empieza a adquirir cierta consistencia. Ganó 2-3 a un rival de Champions, remontó dos veces un marcador adverso, sobrevivió a una segunda parte en la que estuvo durante muchos minutos sometido y encontró, cuando el partido parecía exigirle conformarse con un empate, al futbolista que está cambiando la dimensión de su proyecto. Pierre-Emerick Aubameyang ya no es solamente el gran fichaje del Dépor. En cuatro jornadas se ha convertido en el gran argumento para pensar que este equipo puede aspirar a bastante más que permanecer en Primera.
Cuatro goles en cuatro partidos constituyen una tarjeta de presentación extraordinaria, pero reducir el impacto del gabonés a esa estadística sería explicar solo una parte de lo ocurrido. Aubameyang no estuvo especialmente acertado ante Luiz Júnior durante buena parte de la noche. Dispuso de oportunidades que un delantero de su categoría suele convertir y esta vez las desperdició. A cambio, decidió intervenir de otra manera: retrasó su posición, se ofreció entre líneas y acabó dando las dos asistencias con las que el Deportivo neutralizó las dos ventajas del Villarreal. Primero encontró a Luismi Cruz para el 1-1 y después, apenas un minuto después del autogol de Adama, sirvió a Zakaria Eddahchouri el balón del 2-2. Cuando parecía haber hecho suficiente, en el minuto 88 detectó el error de Sergi Cardona, arrancó hacia la portería amarilla y resolvió por bajo ante Luiz Júnior. Era el 2-3 y también la fotografía de su inicio de temporada: cuando aparece una oportunidad, Aubameyang sigue teniendo piernas, inteligencia y oficio para convertirla en gol.
Hay algo particularmente valioso en esta versión del delantero. A sus 37 años no necesita intervenir constantemente para gobernar un partido. Puede desaparecer durante algunos minutos, incluso alejarse demasiado del área cuando el equipo sufre, pero obliga a la defensa rival a convivir permanentemente con la posibilidad de que una carrera cambie el marcador. Eso ocurrió en Villarreal. El Deportivo –cuarto a esta hora– pasó de buscarlo como rematador a utilizarlo como asistente y acabó encontrándolo otra vez como delantero. Dos asistencias y un gol en campo de un equipo de Champions explican mejor que cualquier campaña publicitaria por qué su llegada ha modificado las expectativas del club.
Aubameyang lleva cuatro goles en cuatro jornadas y ya condiciona los partidos incluso cuando no marca. Giménez y Casadó debutaron a gran nivel; Adama se repuso de un autogol que pudo condenar al equipo
El partido, sin embargo, ofreció suficientes señales para evitar que la euforia oculte los problemas. El Deportivo volvió a encajar un gol nacido de un error propio. Gerard Moreno vio la carrera de Nicolas Pepé y Leo Román dudó en su salida, avanzó hacia el límite del área y después reculó. El atacante del Villarreal comprendió el regalo y picó el balón sobre el guardameta. Cuatro jornadas y demasiados goles concedidos mediante fallos impropios de Primera constituyen ya una advertencia. El equipo de Antonio Hidalgo puede permitirse equivocaciones mientras disponga de una capacidad ofensiva como la actual, pero construir una temporada tranquila exigirá reducirlas.
Lo interesante fue la respuesta. El Deportivo no había llegado a La Cerámica dispuesto a encerrarse ante un adversario superior sobre el papel. Mario Soriano y Bil Nsongo adelantaban la presión, Aubameyang buscaba espacios desde un costado y el equipo intentaba discutirle el partido al Villarreal lejos de su propia área. Hubo momentos en los que lo consiguió con notable personalidad. José María Giménez, titular en su primera aparición como deportivista, ofreció además algo que la defensa necesitaba: jerarquía. Se cruzó providencialmente ante Ayoze, corrigió posiciones, mejoró a quienes jugaban a su alrededor y mostró capacidad para iniciar ataques desde atrás. Una de sus primeras grandes intervenciones ofensivas fue un pase bombeado hacia Aubameyang que dejó al delantero ante Luiz Júnior, aunque esta vez el remate salió cruzado.
El Villarreal respondió con la calidad que se le supone. Moleiro obligó a Leo Román a compensar su error inicial con una espléndida intervención cerca de la escuadra y el encuentro se convirtió durante el último cuarto de hora de la primera parte en un intercambio poco recomendable para entrenadores cardiacos, pero magnífico para el espectador. El Dépor ya no parecía un recién ascendido intentando sobrevivir en casa de un grande. Atacaba. Quagliata llegaba, Bil aparecía alrededor del área y Giménez aportaba una salida limpia desde atrás. Poco antes del descanso, Aubameyang culminó esa mejoría filtrando el balón que Luismi Cruz transformó en el 1-1.
La segunda parte fue distinta. El Villarreal adelantó líneas, aceleró la circulación y durante muchos minutos hizo retroceder al Deportivo. Leo Román respondió bien ante Moleiro, Pepé tuvo opciones y un gol de Gueye fue correctamente invalidado después de una acción irregular de la barrera local en una falta. Hidalgo buscó oxígeno con Yeremay y después incorporó a tres recién llegados, Casadó, Adama y Zakaria. Casadó dejó una impresión especialmente prometedora por su naturalidad para entrar en un partido que se jugaba a enorme velocidad. Adama tuvo un estreno mucho más cruel: en su intento de despejar un centro acabó introduciendo el balón en su propia portería. El 2-1 parecía el castigo definitivo después de tantos minutos de dominio amarillo.
Pero ahí apareció una característica que puede terminar siendo tan importante como el talento: este Deportivo parece difícil de derribar. Adama pudo hundirse después de semejante estreno y el equipo pudo aceptar que había llegado hasta donde podía. No ocurrió ninguna de las dos cosas. Apenas un minuto después, Aubameyang volvió a intervenir y Zakaria remató desde un ángulo casi imposible para establecer el empate. El recién llegado celebraba su aportación y Adama encontró después fuerzas para recomponerse y enseñar algunas de las condiciones que explican su fichaje.
Aubameyang todavía guardaba la última escena. Sergi Cardona perdió la concentración en el peor momento posible y el gabonés convirtió el error en una autopista. A los 88 minutos, después de todo el desgaste acumulado, corrió hacia Luiz Júnior y definió con la serenidad de quien ha vivido esa situación centenares de veces. El delantero suma así cuatro goles en las cuatro primeras jornadas, algo que le permite superar el arranque goleador que tuvieron en sus estrenos deportivistas nombres como Rábade, Elicegui, Pahiño, Bebeto, Makaay o Pandiani. La comparación no convierte todavía a Aubameyang en uno de ellos dentro de la historia del club; para eso hacen falta temporadas, no cuatro partidos. Pero ayuda a comprender la excepcionalidad de su comienzo.
El Deportivo alcanza los ocho puntos y termina la jornada del sábado provisionalmente en posiciones de Champions. La clasificación a estas alturas tiene mucho de anécdota. Lo que empieza a dejar de ser anecdótico es el fútbol del equipo. Hidalgo dispone ahora de una plantilla considerablemente más profunda que la que inició el campeonato y todavía debe integrar plenamente a futbolistas como Giménez, Casadó y Adama. El central uruguayo ofreció en Villarreal razones para pensar que puede convertirse rápidamente en uno de los líderes del equipo, mientras Casadó aportó calidad desde su primera aparición y Adama demostró personalidad para continuar jugando después de un error que habría destrozado el debut de muchos futbolistas.
Conviene conservar la perspectiva. El Deportivo continúa siendo un recién ascendido, comete demasiados errores defensivos y atravesó fases en Villarreal en las que apenas consiguió salir de su campo. Hablar de Europa en septiembre sería confundir una fotografía estimulante con una temporada completa. Pero también sería absurdo rebajar lo que está ocurriendo por miedo a entusiasmarse. El equipo compite, tiene banquillo, ha incorporado futbolistas capaces de elevar su nivel y acaba de ganar en el campo de un participante en la Champions después de remontar dos veces.
Y, sobre todo, tiene a Aubameyang. Su fichaje podía interpretarse inicialmente como una operación de enorme impacto mediático, el último gran contrato de una estrella que había recorrido algunos de los mejores clubes de Europa. Cuatro jornadas después empieza a parecer otra cosa. Corre, asiste, marca, decide y hace mejores a quienes juegan a su alrededor. El Deportivo fichó un nombre mundial y está descubriendo que todavía conserva al futbolista. Ese es el verdadero fenómeno Aubameyang. @mundiario
