El 2-3 del Deportivo ante el Villarreal puede entenderse como una victoria más en una temporada que apenas comienza, pero sería quedarse en la superficie. Lo ocurrido en La Cerámica representa algo más importante: la confirmación de que el regreso del Dépor a Primera no está planteado únicamente como una batalla por la permanencia. El equipo de A Coruña ha empezado a demostrar que quiere recuperar una identidad competitiva que durante demasiado tiempo pareció pertenecer al pasado. Y en ese proceso aparece una figura que resume buena parte de la transformación: Pierre-Emerick Aubameyang, un delantero de 37 años que no ha llegado para decorar un proyecto, sino para cambiarlo.
La primera clave está precisamente en el gabonés. Cuatro jornadas, cuatro goles y una influencia que va mucho más allá de las cifras convierten su incorporación en una de las operaciones más significativas del regreso deportivista. Contra el Villarreal no necesitó dominar el partido durante 90 minutos para decidirlo: asistió, generó espacios y apareció en el momento definitivo. Esa capacidad para intervenir de distintas maneras es la diferencia entre tener un goleador y tener un futbolista capaz de alterar el comportamiento de todo un equipo. El rival sabe que debe vigilarlo, los compañeros saben que pueden encontrarlo y el Deportivo sabe que siempre existe una posibilidad de remontada mientras él permanezca sobre el césped.
La segunda clave es la mentalidad. El Dépor estuvo dos veces por detrás en el marcador y, en ambos casos, encontró argumentos para volver al partido. Esa reacción importa más que la propia remontada porque revela una personalidad que no suele aparecer inmediatamente en los equipos recién ascendidos. En Primera, la calidad individual permite competir algunos partidos, pero la capacidad para resistir los golpes determina la trayectoria de una temporada. El Deportivo no se descompuso cuando Villarreal volvió a ponerse por delante y tampoco aceptó el empate como resultado natural. El gol de Aubameyang en el minuto 88 terminó siendo la consecuencia de una actitud colectiva: seguir creyendo cuando el partido parecía escaparse.
La tercera clave está en la política de fichajes. El Deportivo parece haber entendido que volver a Primera exige algo diferente a conservar el bloque que consiguió el ascenso. José María Giménez aporta jerarquía y experiencia en una zona donde los errores tienen un precio enorme; Marc Casadó añade capacidad para manejar el centro del campo y Adama introduce energía y alternativas. Lo interesante no es únicamente la calidad de cada nombre, sino el mensaje que transmite el conjunto de incorporaciones. El club no parece haber confeccionado una plantilla pensando solamente en sumar los puntos suficientes para evitar el descenso, sino en elevar progresivamente el techo competitivo del equipo.
La cuarta clave es la mezcla entre experiencia y juventud. Ese equilibrio puede convertirse en uno de los grandes activos del Deportivo durante la temporada. Aubameyang representa la experiencia internacional y la capacidad de resolver partidos; Giménez aporta liderazgo defensivo; mientras futbolistas más jóvenes pueden beneficiarse de convivir con jugadores acostumbrados a escenarios de máxima exigencia. En una categoría tan competitiva como Primera, esa combinación puede resultar decisiva. El talento joven necesita tiempo para crecer, pero hacerlo al lado de futbolistas que conocen las exigencias del alto nivel reduce determinados riesgos y permite que el equipo no dependa exclusivamente de la inspiración de sus jóvenes.
El Dépor que ha regresado no quiere pedir permiso
La quinta clave aparece en el planteamiento de Antonio Hidalgo. El Deportivo no viajó a Villarreal con la intención de convertir el partido en una resistencia numérica. Hubo presión, intención de salir jugando y voluntad de atacar incluso ante un adversario construido para competir en Europa. Esa decisión tiene una lectura que trasciende el resultado. El entrenador está intentando que el equipo no asuma psicológicamente el papel de recién ascendido. el Dépor ya ocupa provisionalmente posiciones de Champions después de cuatro jornadas, un dato que todavía tiene escaso valor clasificatorio, pero que sirve para ilustrar hasta qué punto ha cambiado el escenario alrededor del club.
La sexta clave está en la capacidad para competir pese a los errores. El Deportivo todavía tiene un problema evidente: concede demasiado y algunos de sus goles encajados nacen de errores evitables. La acción que permitió al Villarreal adelantarse inicialmente y el posterior autogol de Adama son ejemplos de una fragilidad que podría convertirse en un problema mayor cuando lleguen rivales capaces de castigar cada pérdida con mayor contundencia. Pero también existe una lectura positiva. El equipo está demostrando que puede sobrevivir a sus propios errores y mantener una producción ofensiva suficiente para reaccionar. La siguiente evolución debe consistir en dejar de necesitar tantas remontadas para conseguir los puntos.
La séptima clave es Leo Román. El guardameta tuvo una noche irregular en la que quedó señalado en el primer gol, pero posteriormente respondió con intervenciones importantes. Ese detalle también explica el momento del Deportivo: no se trata de un equipo perfecto, sino de un conjunto que todavía está construyendo sus mecanismos mientras suma resultados. Para un recién ascendido, esa capacidad de corregir dentro del mismo partido resulta especialmente valiosa. Si el Dépor consigue reducir los errores individuales y mantener la capacidad de reacción que mostró en Villarreal, su margen de crecimiento será considerable.
La octava clave es el fondo de armario. Durante la segunda mitad, Hidalgo pudo introducir a Yeremay, Casadó, Adama y Zakaria, futbolistas que cambiaron diferentes aspectos del encuentro. Esa profundidad es fundamental en una temporada larga, especialmente para un equipo que deberá enfrentarse a jornadas en las que el desgaste, las lesiones y las sanciones condicionarán las alineaciones. El Deportivo no parece depender ya exclusivamente de un once titular. Y esa circunstancia puede marcar una diferencia enorme entre un equipo que empieza bien y uno capaz de sostener su rendimiento durante nueve meses.
La novena clave es la recuperación de una determinada ambición institucional. El Deportivo es un club que conoce lo que significa competir en la élite, jugar en Europa y construir una identidad reconocible en el fútbol español. Su historia reciente, sin embargo, estuvo marcada por la caída, los problemas deportivos y el largo camino de regreso. Por eso este retorno a Primera tiene una dimensión cultural que supera a la clasificación. El objetivo no debería ser únicamente permanecer, sino reconstruir progresivamente la sensación de que A Coruña vuelve a tener un equipo capaz de incomodar a los grandes. La victoria en Villarreal funciona precisamente como una primera señal de ese cambio de mentalidad.
La décima clave, finalmente, es Aubameyang como catalizador de todo lo anterior. Su presencia modifica las expectativas porque introduce algo que un recién ascendido normalmente no posee: un futbolista capaz de transformar una ocasión aislada en tres puntos. Cuatro goles en cuatro partidos no garantizan una temporada extraordinaria, pero sí cambian la conversación alrededor del club. El Deportivo fichó a una estrella mundial y está descubriendo que, incluso con 37 años, todavía conserva una parte considerable de aquel delantero que durante años decidió partidos en Francia, Inglaterra, Alemania y España. El verdadero valor de su llegada no está solamente en cuántos goles marque, sino en cuánto obliga a crecer al equipo que tiene detrás.
El 2-3 ante el Villarreal, por tanto, debe analizarse con cierta distancia. Hablar de Europa después de cuatro jornadas sería prematuro y convertir una clasificación provisional en una promesa sería un error. Pero también sería equivocado interpretar lo sucedido como una simple buena racha de un recién ascendido. El Deportivo está enviando señales concretas: tiene talento individual, ha mejorado su plantilla, posee alternativas desde el banquillo, compite fuera de casa y cuenta con un delantero que puede decidir partidos cerrados. La permanencia sigue siendo una prioridad lógica, pero el comportamiento del equipo permite pensar que el techo puede estar bastante más arriba.
El fenómeno Aubameyang resume, en buena medida, esta nueva etapa. El Deportivo necesitaba regresar a Primera para recuperar relevancia y ha encontrado en un futbolista veterano un acelerador inesperado de sus ambiciones. Pero la verdadera noticia no es que un delantero de 37 años haya marcado cuatro goles en cuatro jornadas. La noticia es que alrededor de él empieza a existir un equipo capaz de competir, resistir y volver a levantarse. Si el Dépor consigue corregir sus problemas defensivos y mantener esta personalidad cuando desaparezca la novedad del regreso, la temporada podría convertirse en el primer capítulo de algo más grande: la reconstrucción deportiva de uno de los clubes con mayor peso histórico de Galicia y del fútbol español. @Mundiario
