Barcola silencia a sus críticos en la goleada del Liverpool sobre el LASK

El Liverpool encontró en territorio austríaco el remedio exacto que los médicos del fútbol suelen recetar para curar heridas morales de forma instantánea. Tras el doloroso tropiezo encajado el pasado fin de semana frente al Manchester City, el conjunto comandado por Andoni Iraola se dio un auténtico festín realizador a costa del LASK Linz, imponiéndose con una autoridad demoledora que aplaca cualquier atisbo de duda en su camino europeo. La rotación masiva introducida por el preparador guipuzcoano terminó resultando un acierto pleno, dando alas a una segunda unidad hambrienta de reivindicación colectiva.

En una noche cargada de exigencias individuales para quienes portaban el cartel de fichajes estelares, la cita sirvió para redimir a las piezas que más lo necesitaban sobre el césped. Florian Wirtz completó una actuación lúcida y participativa entre líneas, pero todos los focos apuntaron a Bradley Barcola. El atacante galo no se conformó únicamente con inaugurar su casillero anotador vistiendo la elástica de Anfield, sino que desató un huracán ofensivo para rubricar el primer triplete de toda su trayectoria profesional en la élite.

El guion no se vio alterado por el entusiasmo inicial de la grada local ni por la intensidad física con la que el cuadro austríaco saltó al tapete. Con serenidad y buen manejo asociativo, el cuadro británico templó la efervescencia del anfitrión y comenzó a embotellarlo en las inmediaciones de su área de castigo. Sin espacios para contragolpear, el campeón local empezó a dudar de su resistencia, abriendo el camino para que el Liverpool decantara la balanza en apenas dos minutos de pura efectividad.

La lata se abrió en el minuto 22 gracias al oportunismo aéreo de Araujo, quien cazó un envío preciso a la salida de un córner para celebrar su primer tanto como jugador ‘red’. Sin tiempo para que el LASK asimilara el golpe, emergió la magia de Río Ngumoha por el carril diestro mediante un regate eléctrico sobre la cal; la pelota llegó franca al área chica a través de Lewis Koumas y Barcola solo tuvo que empujarla al fondo de las mallas para firmar el 0-2 en el 24.

A partir de ese instante, la escuadra inglesa se gustó sin reservas y ofreció un catálogo de florituras, caños y combinaciones al primer toque. Sobre la media hora de juego, la sociedad entre los futbolistas más discutidos del otoño dio frutos definitivos: Wirtz filtró una asistencia teledirigida para la ruptura de Barcola, quien definió con pasmosa tranquilidad para colocar el tercero en el casillero británico y el segundo en su cuenta personal, desatando toda la alegría contenida tras semanas de críticas en la prensa de las islas.

La sentencia de Koumas y la tranquilidad de Iraola

La pausa no frenó el apetito competitivo de los pupilos de Iraola, que saltaron a la reanudación dispuestos a ampliar la brecha. A los seis minutos del segundo acto, Jeremie Frimpong sorprendió a la zaga austríaca apareciendo en el segundo palo para ganar un duelo aéreo y cabecear a placer el 0-4, protagonizando una celebración teñida de asombro ante la pasividad de los defensores locales frente a su imponente salto.

El choque parecía un plácido entrenamiento hasta que Jacquet sintió un pinchazo muscular sobre la hora de juego que obligó a sustituirlo de inmediato por precaución médica. Iraola reorganizó la zaga dando entrada a Virgil van Dijk y Joe Gomez, momento de transición que aprovechó el recién ingresado Robert Ljubicic para maquillar el marcador en el minuto 63 culminando una llegada aislada que colocaba el 1-4 en el electrónico.

Lejos de acusar el impacto del tanto encajado, la respuesta de los visitantes fue feroz y fulminante. Apenas tres minutos después, Barcola culminó su noche consagratoria firmando su triplete particular en el 66, castigando la fragilidad del entramado austríaco con un remate clínico que confirmó su definitiva eclosión realizadora y disipó de raíz cualquier cuestionamiento sobre su astronómico precio de traspaso.

La guinda a la fiesta de los jóvenes de Anfield la puso el galés Koumas, de 21 años, quien tras haber sufrido la frustración de ver cómo el colegiado le anulaba dos dianas por fuera de juego, encontró su premio definitivo perforando la meta austríaca para estrenar su cuenta personal en la Copa de Europa. El choque se cerró con dos zarpazos finales del LASK en el tramo de descuento, unos despistes menores que jamás comprometieron el triunfo inglés ni empañaron el recital visitante.

El triunfo en tierras austríacas permite al Liverpool afianzarse en la zona noble de la fase de liga continental y recuperar la sonrisa competitiva antes de encarar sus próximos retos ligueros. Con Barcola desatado, Wirtz reencontrando su mejor fútbol y los jóvenes canteranos aportando soluciones de refresco, el proyecto de Andoni Iraola disipa fantasmas del pasado y exhibe una pegada incontestable para competir con garantías por todos los frentes abiertos del curso. @mundiario