El Gobierno chino ha cerrado filas frente a las declaraciones realizadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volvió a sostener que Pekín intentó influir en las elecciones presidenciales de 2020 para evitar su regreso a la Casa Blanca. Desde el Ministerio de Exteriores, el portavoz Lin Jian calificó estas afirmaciones como «invenciones» y «difamaciones sin fundamento», insistiendo en que China mantiene una política de no injerencia en los asuntos internos de otros países.
La diplomacia china recordó que, según su postura oficial, el país nunca ha tratado de alterar procesos electorales extranjeros y pidió a Washington que deje de convertir la relación bilateral en un elemento del enfrentamiento político interno. Además, reclamó un cambio de actitud por parte de la Administración estadounidense para favorecer una relación más estable entre ambas potencias.
Trump recupera un discurso con fuerte carga política
Las declaraciones del mandatario estadounidense llegaron durante una intervención televisada centrada en la seguridad electoral. En ella aseguró que China habría accedido de forma ilegal a información de millones de votantes estadounidenses y vinculó esa supuesta actuación al interés de Pekín por impedir su reelección en 2020.
Sin embargo, los documentos desclasificados a los que hizo referencia no prueban una manipulación del sistema de votación ni del recuento electoral. De hecho, una evaluación elaborada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos tras aquellas elecciones concluyó que ningún país extranjero alteró los aspectos técnicos del proceso electoral, aunque sí reconocía actividades de recopilación de información relacionadas con la política estadounidense.
La reaparición de estas acusaciones coincide con la proximidad de las elecciones legislativas de medio mandato. En ese contexto, Trump también ha intensificado su defensa de una reforma electoral que pretende endurecer los requisitos para ejercer el derecho al voto, una propuesta que continúa bloqueada en el Senado por la oposición demócrata.
El choque amenaza un acercamiento todavía frágil
El cruce de declaraciones resulta especialmente significativo porque llega después de varios meses en los que Washington y Pekín habían intentado reducir la tensión acumulada tras los conflictos comerciales y tecnológicos de los últimos años.
Durante su visita oficial a China el pasado mes de mayo, Trump mantuvo un tono muy distinto hacia Xi Jinping, destacando la buena relación personal entre ambos dirigentes y apostando por mantener abiertos los canales de diálogo. Aquel encuentro sirvió para rebajar parcialmente la confrontación, aunque dejó pendientes cuestiones sensibles como los aranceles, Taiwán o las restricciones al acceso a tecnología avanzada.
Ahora, las nuevas acusaciones introducen incertidumbre sobre los próximos contactos diplomáticos previstos entre ambos países. La posible visita de Xi Jinping a Washington en septiembre, todavía sin confirmar oficialmente por Pekín, aparece como una oportunidad para retomar las negociaciones económicas y abordar los principales focos de desacuerdo.
No obstante, el endurecimiento del discurso estadounidense amenaza con complicar un proceso de acercamiento que ya avanzaba con dificultades y que sigue condicionado por profundas diferencias estratégicas entre las dos mayores economías del mundo. @mundiario
