La sucesión de António Guterres ya ha comenzado, aunque todavía nadie puede dar por hecho quién ocupará el despacho más importante de Naciones Unidas a partir de 2027. La primera votación informal celebrada por los 15 miembros del Consejo de Seguridad ha servido para dibujar el mapa inicial de una carrera que promete prolongarse durante meses y que, como ocurre tradicionalmente, se decidirá tanto en las urnas como en la diplomacia silenciosa de los despachos.
La principal vencedora de esta primera toma de contacto ha sido la costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), quien habría obtenido el mayor respaldo entre los aspirantes, según las filtraciones conocidas tras una votación cuyo contenido permanece oficialmente confidencial.
El resultado no decide nada, pero sí marca una tendencia. De acuerdo con las informaciones filtradas por distintos medios especializados como BluePress, Grynspan habría recibido 10 votos favorables, un voto negativo y cuatro abstenciones, situándose por delante del resto de candidatos.
Tras ella aparece la ministra de Exteriores y actual embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett con nueve síes, dos noes y cuatro abstenciones; mientras que el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), completa el trío de aspirantes que salen reforzados de esta primera ronda con siete votos a favor, dos en contra y seis abstenciones.
La clasificación deja como lectura que los tres favoritos proceden de América Latina y el Caribe, precisamente la región a la que, según la tradición no escrita de Naciones Unidas, correspondería ahora asumir la Secretaría General tras los mandatos de europeos, asiáticos y africanos.
La posibilidad de un cambio histórico
Más allá del reparto geográfico, el primer sondeo deja otra señal relevante. Las dos candidatas mejor situadas son mujeres. Si la tendencia terminara consolidándose durante los próximos meses, Naciones Unidas rompería uno de sus grandes techos de cristal: desde su fundación en 1945, la organización nunca ha estado dirigida por una mujer.
La reivindicación de un liderazgo femenino llevaba años ganando apoyos entre numerosos Estados miembros, que consideran que la igualdad también debe reflejarse en el máximo cargo del sistema multilateral. No obstante, la historia reciente invita a la prudencia. En procesos anteriores también hubo candidatas que comenzaron bien posicionadas y terminaron apartadas cuando entró en juego el verdadero factor decisivo, el derecho de veto.
La votación celebrada esta semana tiene un valor orientativo. Los embajadores del Consejo de Seguridad votan en secreto utilizando tres opciones: “aliento”, “desaliento” o “sin opinión” respecto a cada candidatura. Sin embargo, en esta fase nadie sabe qué países respaldan o rechazan a cada aspirante. Ese detalle resulta determinante porque los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— disponen de poder de veto. Mientras no se distingan sus papeletas del resto, es imposible conocer si alguno de los candidatos favoritos ya se enfrenta a un bloqueo insalvable.
Será en las conocidas como “votaciones de color” cuando las papeletas de los miembros permanentes sean diferentes de las del resto del Consejo, permitiendo detectar rápidamente qué aspirantes cuentan con vetos imposibles de superar. En Naciones Unidas, obtener muchos apoyos resulta importante. No recibir ningún veto resulta imprescindible.
Un contexto internacional especialmente complejo
Quien sustituya al portugués António Guterres heredará probablemente una de las Naciones Unidas más tensionadas de las últimas décadas. Las guerras abiertas en distintos escenarios internacionales, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, el deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia, la presión financiera sobre el sistema multilateral y las demandas de reforma del organismo convierten la elección en una decisión con importantes implicaciones políticas.
Washington, además, insiste desde hace meses en la necesidad de una ONU más pequeña, más eficiente y menos burocrática. Ese planteamiento obliga a los candidatos a combinar experiencia diplomática con capacidad reformista, pero también con la característica indispensable de no resultar inaceptables para ninguna de las grandes potencias. En otras palabras, el futuro secretario general deberá ejercer como un complejo equilibrista político.
Grynspan parte con ventaja, pero la carrera está abierta
La posición alcanzada por la diplomática costarricense constituye, sin duda, el mejor punto de partida posible. Exvicepresidenta de Costa Rica, economista de reconocido prestigio y con una larga trayectoria dentro del sistema de Naciones Unidas, Grynspan lleva meses desarrollando una intensa campaña diplomática con gobiernos de todas las regiones para presentarse como una figura de consenso, capaz de preservar la imparcialidad del organismo y reconstruir puentes entre bloques enfrentados.
Sin embargo, la experiencia demuestra que los primeros sondeos rara vez determinan el desenlace. Todavía pueden aparecer nuevos candidatos capaces de alterar completamente el equilibrio actual, mientras que cualquier veto de alguno de los cinco miembros permanentes bastaría para cerrar definitivamente las opciones de los aspirantes mejor posicionados.
El proceso continuará durante las próximas semanas con nuevas rondas informales de votación. Solo cuando un candidato consiga reunir al menos nueve apoyos en el Consejo de Seguridad y, sobre todo, evitar el veto de cualquiera de las cinco grandes potencias, podrá ser recomendado oficialmente a la Asamblea General. Ese paso final suele convertirse en una mera formalidad. Hasta entonces, la elección seguirá librándose lejos de los focos, entre negociaciones discretas, equilibrios geopolíticos y pactos diplomáticos.
La primera fotografía, sin embargo, ya está tomada. Y en ella aparece una candidata claramente destacada: Rebeca Grynspan, la diplomática costarricense que, por ahora, lidera una carrera destinada a decidir quién dirigirá Naciones Unidas en uno de los periodos más complejos de su historia. @mundiario
