Los hijos de la guerra familiar que sacudió a Estados Unidos en Qatar 2022

Para entender la historia hay que empezar por los apellidos. Gio Reyna no es un jugador cualquiera en Estados Unidos: es hijo de Claudio Reyna, excapitán de la selección y uno de los grandes nombres del fútbol estadounidense. Sebastian Berhalter tampoco llega de una familia cualquiera: es hijo de Gregg Berhalter, exjugador internacional y seleccionador de Estados Unidos en el Mundial de Qatar 2022.

La relación entre esas dos familias no nació en un despacho ni en una concentración reciente. Gregg Berhalter y Claudio Reyna fueron compañeros en la selección estadounidense, compartieron generación y estuvieron juntos en los Mundiales de 2002 y 2006. Sus vínculos iban más allá del fútbol. Danielle Reyna, madre de Gio, y Rosalind Berhalter, madre de Sebastian, también fueron compañeras y tuvieron una relación muy cercana desde su etapa universitaria.

Por eso el caso fue tan explosivo. No se trataba solo de un futbolista enfadado por jugar poco ni de unos padres molestos con un entrenador. Lo que estalló después de Qatar 2022 fue una ruptura familiar, personal y deportiva entre dos clanes que habían estado unidos durante décadas. Y el detonante fue el papel de Gio Reyna en aquel Mundial.

Gio llegó a Qatar como uno de los grandes talentos de Estados Unidos, pero jugó mucho menos de lo esperado. Su situación se convirtió en un asunto interno delicado. Después del torneo, Berhalter habló en una conferencia sobre un jugador al que el cuerpo técnico estuvo cerca de mandar a casa por su actitud. No dijo el nombre, pero pronto se identificó a ese futbolista como Gio Reyna, que posteriormente reconoció que su frustración por la falta de minutos había afectado a su comportamiento durante unos días.

Ahí empezó la parte más oscura del conflicto. Danielle Reyna comunicó a U.S. Soccer un episodio ocurrido en 1992 entre Gregg Berhalter y Rosalind, entonces su pareja y hoy su esposa. Berhalter reconoció públicamente aquel incidente, lo calificó como un error vergonzoso de su juventud y defendió que alguien había usado esa información para intentar dañarlo cuando se debatía su continuidad como seleccionador.

La federación estadounidense encargó una investigación independiente. El informe concluyó que no había impedimento legal para que Berhalter pudiera volver a ser contratado, pero el caso ya había dejado de ser únicamente una investigación sobre él. También se analizó la conducta de Claudio y Danielle Reyna y sus comunicaciones con miembros de U.S. Soccer por asuntos relacionados con su hijo.

Ese punto cambió la lectura del escándalo. La investigación describió un patrón de intervenciones de Claudio Reyna en temas vinculados a Gio desde categorías inferiores: quejas por sanciones, por arbitrajes, por minutos, por viajes y por decisiones técnicas. Lo que en un primer momento parecía una bronca por el Mundial terminó retratando algo mucho más incómodo: la mezcla de amistad, poder, familia y fútbol dentro de una selección nacional.

Ahora la historia vuelve a escena por los hijos. Gio Reyna y Sebastian Berhalter comparten vestuario en Estados Unidos, pero no cargan con la responsabilidad de lo que hicieron sus padres. Ese matiz es importante. No hay que presentar el asunto como una pelea directa entre ellos, sino como la convivencia de dos jugadores marcados por una guerra familiar que no eligieron y que todavía persigue al fútbol estadounidense.

El Mundial 2026 obliga a Estados Unidos a mirar hacia delante, pero también a convivir con una herida que nació en el torneo anterior. Gio y Sebastian representan una nueva generación, pero sus apellidos arrastran una historia demasiado grande como para ignorarla. Qatar empezó como una discusión por los minutos de un futbolista y terminó como uno de los escándalos más incómodos de la selección estadounidense. Cuatro años después, los hijos de aquella guerra comparten con la misma camiseta que sus padres hace 20 años. @mundiario