¿Cuál es tu creencia?

Por: Héctor E. Contreras.

Marcos 9:23-27.

Creer es sinónimo de confianza, fe y fiar. La palabra creer se registra aproximadamente unas 150 veces en la Biblia, la Santa y divina Palabra de Dios. Confianza, Fe y Fiar, encierran un conjunto de palabras que marcan todo lo relacionado a nuestro diario vivir. La confianza nace por sí misma cuando nos atrevemos a enfrentar cualquier situación que se convierte en un reto casi personal. La Fe marca el existir del cristianismo, porque sin fe es imposible agradar a Dios y Fiar, es similar a confianza, van de la mano, porque fiar tiene que ver con decisiones a tomar, tomando en cuenta factores que nos impulsen e indiquen que podemos realizar tal o enfrentar cualquier problema. Sin embargo, a mi entender, creo que las tres palabras se convierten en una cuestión de fe, para todo nuestro accionar en nuestra relación con Dios, por medio de Jesucristo. Te invito a fortalecer tu creer en Dios, a través de Cristo Jesús.

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo, ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó y se levantó”, Marcos 9:23-27. Este pasaje de nuestro Señor Jesús nos dice que la condición para la oración de sanidad contestada es “creer”. El padre del muchacho endemoniado respondió con lágrimas en sus ojos: “Creo”, y luego agregó: “ayuda mi incredulidad”. Siendo que la fe es un don, nosotros podemos orar, pidiéndole tal como lo hizo este padre. Nótese cuán rápidamente contestó la gracia de Dios. Pero aquí se nos ofrece otra lección: En un ambiente donde creer sea difícil, nosotros deberíamos buscar otro diferente. Aún la capacidad de Jesús para hacer milagros, fue reducida allí donde la incredulidad prevalecía.

La exclamación de Jesús recoge las vacilantes palabras del padre. La cuestión decisiva para resolver el dilema no es el poder de Jesús, sino la fe del hombre.

La declaración del Señor sobre la fe, no nos concede la libertad de jactarnos de la bondad de Dios, pidiendo irresponsablemente cosas simplemente por egoísmo personal. Nuestros deseos deben estar de acuerdo con los propósitos de Dios. Para reforzar lo escrito anteriormente, veamos la siguiente declaración: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”, I-Juan 5:14-15.

Los creyentes deben tener confianza en el libre acceso y en el poder de las palabras al presentar sus peticiones ante Dios. Sin embargo, existe una limitante a la certidumbre de que nuestras oraciones serán contestadas. El NT basa esa seguridad si pedimos y oramos en nombre de Jesús. Si permanecemos en Cristo y permitimos que sus palabras permanezcan en nosotros, según declara el mismo Señor, veamos: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”, Juan 15.7. Cuando permanecemos en Cristo, nuestras oraciones son efectivas y glorificamos a Dios llevando fruto; así evidenciamos nuestra condición de siervos de Él.

“Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”, Juan 19: 35 y “Pero éstas se han escrito para creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”, Juan 20:31. El primer verso nos enseña que, los detalles gráficos de la muerte de Jesús en los relatos de Juan son muy importantes, ya que Juan fue un testigo presencial en su muerte y resurrección. Y el segundo, nos indica que, para comprender la vida y misión de Jesús con mayor amplitud, todo lo que tenemos que hacer es estudiar a fondo los Evangelios. Juan nos dice que en su Evangelio hay sólo algunas de las muchas señales que hizo Jesús en la tierra. Pero lo que está escrito es todo lo que nos hace falta saber para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, por medio del cual recibimos la vida eterna. ¡Sea bendecido su nombre!

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3:14-15. Cuando los israelitas vagaban por el desierto, Dios permitió que llegara a ellos una plaga de serpientes venenosas para castigarlos por su actitud rebelde. Los sentenciados a morir por la causa de la mordedura de serpientes, podían curarse al obedecer a Dios y mirar a la serpiente de bronce que se levantó, creyendo que Él podría sanarlos si así lo hacían, Números 21:8-9. Mirar a Jesús en busca de salvación tiene los mismos efectos. Dios nos preparó este modo de ser salvos de los efectos mortíferos de la “mordedura” del pecado. La liberación de la muerte descrita en la cita de Números, es también la liberación del pecado, es el tipo de la crucifixión de Cristo en la cruz del Calvario.

Termino este mensaje sobre el “Creer” con el siguiente testimonio: “Durante el Holocausto, alguien escribió lo siguiente en una pared: “Creo en el sol aunque no brille, creo en el amor aunque no lo sienta, creo en Dios aunque Él guarde silencio”, Señor Steve Wakefield, Alabama EE.UU. Te invito en esta hora que te conviertas en creyente fiel a Dios por medio de Cristo Jesús, al levantar tus ojos al cielo, por fe y creer que en Jesucristo está tu victoria, tu vivir y existir.

Que Dios nos ayude a mantener nuestra creencia firme en Él por medio de aquel que nos amó y se entregó a morir por todos nosotros en la cruz de la vergüenza, Jesucristo el Señor, Rey de reyes y Señor de señores. ¡A Él sea la gloria, el honor y el poder! ¡Amén!

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