Hay algo que el deporte profesional intenta ocultar detrás de la épica, los récords y las medallas: los atletas siguen teniendo un cuerpo humano. Corren, pedalean, nadan y compiten al límite, pero también tienen necesidades fisiológicas imposibles de programar. Por eso, la caca, el pis y los problemas intestinales han aparecido en algunos de los escenarios deportivos más inesperados. Lo ocurrido recientemente con Joanna Wietrzyk en una prueba de Hyrox no es una rareza absoluta, sino la versión más polémica de un problema conocido desde hace décadas.
El caso de Wietrzyk, ocurrido en Pekín, llevó la situación a otro nivel porque la australiana sufrió una pérdida involuntaria de control intestinal y decidió continuar la competición. Las imágenes mostraron restos fecales en sus piernas y en zonas del recorrido mientras seguía utilizando espacios y material compartido. Terminó ganando la prueba, pero posteriormente pidió disculpas, renunció a los puntos obtenidos y la organización modificó sus reglas para permitir retirar a un participante cuando exista riesgo de contaminación.
Pero mucho antes de que las redes sociales convirtieran estos episodios en fenómenos virales, ya había deportistas que se encontraban con el mismo problema. Uno de los casos más famosos pertenece a Gary Lineker, que años después reconoció que sufrió un episodio intestinal durante el partido entre Inglaterra e Irlanda en el Mundial de Italia 1990. El delantero continuó jugando y aquel episodio terminó formando parte de la historia menos conocida de uno de los grandes goleadores ingleses.
En el atletismo, donde el cuerpo permanece sometido durante horas a impactos repetidos, la relación entre competición y aparato digestivo resulta todavía más evidente. La combinación de esfuerzo extremo, alimentación previa, hidratación, nervios y movimiento constante puede provocar auténticos problemas gastrointestinales. No es casualidad que las carreras de larga distancia acumulen buena parte de las historias relacionadas con paradas inesperadas, accidentes intestinales y atletas obligados a decidir entre perder tiempo o continuar.
Quizá el episodio más célebre sea el de Paula Radcliffe en el Maratón de Londres de 2005. La británica se detuvo en el tramo final para hacer sus necesidades en plena carrera, delante de espectadores y cámaras de televisión. Lo extraordinario no fue solamente la escena, sino lo que ocurrió después: regresó al ritmo competitivo y ganó con 2:17:42, entonces la mejor marca mundial en una carrera femenina sin hombres como liebres.
Del pudor al espectáculo mundial
Radcliffe convirtió una situación incómoda en una de las imágenes más recordadas del atletismo moderno. Algo parecido ocurrió años después con Shalane Flanagan, que durante el Maratón de Boston de 2018 tuvo que realizar una parada en un baño portátil para solucionar una emergencia fisiológica. En una prueba en la que cada segundo cuenta, entrar en un lavabo puede parecer una locura deportiva, pero también demuestra hasta qué punto el cuerpo puede imponer sus propias reglas.
El caso de Taylor Knibb fue todavía más propio de la era de las redes sociales. Durante el T100 de Dubái de 2024, la triatleta estadounidense sufrió un episodio intestinal mientras competía y llegó a advertir al cámara que no enfocara su parte trasera. Continuó hasta ganar la prueba y el Mundial de la especialidad. La escena se hizo viral porque condensaba una contradicción muy moderna: una deportista capaz de alcanzar un rendimiento extraordinario mientras, al mismo tiempo, afrontaba una situación completamente humana y poco glamourosa.
También existen historias menos famosas y más cercanas a lo absurdo. En 2022, una instalación de atletismo de Sedona, en Estados Unidos, terminó envuelta en una polémica después de que aparecieran heces en una zona próxima a una pista utilizada por corredores. El episodio llegó a convertirse en una peculiar historia dentro de la comunidad atlética y volvió a poner sobre la mesa una realidad que quienes practican resistencia conocen bien: cuando las distancias son largas, encontrar un baño puede convertirse en parte de la estrategia competitiva.
El problema no pertenece exclusivamente al atletismo. El ciclismo, el triatlón, el fitness de resistencia y otras disciplinas de larga duración someten al organismo a condiciones parecidas. Según The Guardian, los problemas gastrointestinales pueden afectar a una proporción muy elevada de deportistas de resistencia, desde molestias abdominales hasta diarrea y pérdida de control intestinal. La explicación combina factores como la reducción del flujo sanguíneo hacia el aparato digestivo, el movimiento repetido, la deshidratación, el calor y la alimentación durante el esfuerzo.
Por eso la caca ha terminado ocupando un lugar extraño dentro de la cultura deportiva: provoca risa, vergüenza y memes, pero también habla de los límites del cuerpo humano. La diferencia entre una anécdota y un problema serio está muchas veces en lo que sucede después. Radcliffe pudo continuar, Knibb ganó y Wietrzyk terminó renunciando a sus puntos tras comprender las consecuencias de seguir compitiendo. El deporte vende la idea de superar cualquier obstáculo, pero estas historias recuerdan que hay momentos en los que parar también forma parte de competir. Incluso cuando el rival más inesperado aparece en el peor momento: el propio intestino. @mundiario
