Del quirófano a la Copa del Mundo: la convocatoria que reivindica a Luca Zidane

La convocatoria de Luca Zidane para el Mundial 2026 es una de esas historias que mezclan fútbol, identidad y resiliencia. El portero del Granada, que hace poco más de un mes sufría una fractura de mandíbula y mentón, llega a la cita mundialista tras una recuperación impecable. Su presencia en la lista de Argelia no es un gesto simbólico: es un reconocimiento a su rendimiento y a su carácter competitivo.

A sus 28 años, Luca ha encontrado en la selección argelina un espacio donde crecer sin la sombra permanente del apellido Zidane. Fue titular en la última Copa África y se ganó la confianza del cuerpo técnico con actuaciones sólidas. Su convocatoria para el Mundial confirma que su elección de representar al país de sus abuelos fue más que un acto emocional: fue una decisión deportiva acertada.

El Granada celebró la noticia como un triunfo propio. El club destacó su profesionalismo durante la recuperación y su capacidad para volver a entrenar con normalidad, incluso con una máscara protectora. No es fácil regresar tan rápido de una lesión facial, pero Luca lo hizo con determinación y sin perder ritmo competitivo.

Argelia, que disputará amistosos ante Países Bajos y Bolivia antes del debut, valora su experiencia reciente y su madurez. El Mundial será un desafío enorme, especialmente porque su primer partido será nada menos que contra Argentina el 17 de junio. Luca llega preparado para un escenario de máxima exigencia.

Su trayectoria internacional también tiene un matiz especial. Representó a Francia en categorías inferiores, pero eligió Argelia para su carrera absoluta. Un camino inverso al de su padre, Zinedine Zidane, que optó por Francia y se convirtió en leyenda mundial. Luca, en cambio, construye su propio relato.

Un apellido gigante, una carrera propia

La comparación con su padre es inevitable, pero injusta. Zinedine Zidane fue uno de los mejores futbolistas de la historia; Luca es un portero que ha tenido que abrirse paso sin privilegios deportivos. Su carrera ha sido más silenciosa, más trabajada, más terrenal. Y quizá por eso su convocatoria mundialista tiene un valor especial.

En Argelia lo ven como un símbolo de conexión con la diáspora, un jugador que honra sus raíces y que aporta profesionalismo europeo. Su presencia en el Mundial refuerza la identidad multicultural del equipo y añade experiencia en un puesto clave. No es solo un apellido: es un activo deportivo real.

El hecho de que llegue tras una lesión tan delicada habla de su fortaleza mental. Muchos jugadores habrían renunciado a la temporada; él no. Se operó, se recuperó y volvió a entrenar con una máscara que recordaba cada día el golpe sufrido. Esa determinación es la que lo ha llevado a la lista final.

Argelia confía en él porque ya demostró que puede rendir en torneos de alto nivel. Su actuación en la Copa África fue un punto de inflexión. Ahora, en un escenario global, tendrá la oportunidad de consolidarse como uno de los referentes del equipo. El Mundial es el escaparate perfecto.

Luca Zidane llega a Estados Unidos con una historia que mezcla herencia, esfuerzo y reivindicación. No es el hijo de Zizou que muchos imaginaron, pero sí un futbolista que ha sabido construir su propio camino. Y su convocatoria mundialista es la prueba definitiva de que ese camino va en la dirección correcta. @mundiario