La victoria de Abelardo de la Espriella en la primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas ha vuelto a poner sobre la mesa una tendencia que lleva años consolidándose en América Latina, el progresivo desplazamiento de la derecha tradicional por liderazgos de corte populista, antisistema y marcadamente personalistas. Más allá del resultado colombiano, el fenómeno refleja una transformación política de alcance continental que ha alterado las coordenadas ideológicas sobre las que se asentaron durante décadas los partidos conservadores clásicos.
La irrupción de figuras como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Jair Bolsonaro en Brasil o José Antonio Kast en Chile ha modificado profundamente el ecosistema político latinoamericano. Cada uno de ellos responde a contextos nacionales distintos, pero comparten elementos que han terminado configurando una nueva cultura política como los discursos directos, apelaciones emocionales, rechazo a las élites tradicionales, cuestionamiento de instituciones multilaterales y una fuerte identificación con el liderazgo político de Donald Trump en Estados Unidos.
El caso colombiano resulta especialmente ilustrativo porque evidencia cómo la nueva derecha no solo compite contra la izquierda, sino también contra las estructuras conservadoras tradicionales. La rotunda derrota electoral de Paloma Valencia, representante de una derecha institucional vinculada al legado del expresidente Álvaro Uribe, frente a De la Espriella, revela que una parte significativa del electorado conservador parece buscar perfiles más confrontativos, menos institucionales y con una capacidad mayor para movilizar emociones y canalizar el descontento social.
La campaña de De la Espriella se construyó precisamente sobre esa narrativa. Su discurso combinó mensajes de firmeza frente a la inseguridad, críticas al establishment político, promesas de restauración institucional y una defensa abierta de postulados cercanos al movimiento MAGA impulsado por Trump en Estados Unidos. La propia reacción del presidente estadounidense, que expresó públicamente su respaldo al candidato colombiano tras la primera vuelta, confirma la creciente internacionalización de esta nueva corriente política.
El efecto Trump y la construcción de una nueva derecha continental
La influencia de Trump sobre los movimientos conservadores latinoamericanos trasciende la mera simpatía ideológica. Su estilo político ha servido de modelo para numerosos dirigentes que han encontrado en la polarización, la comunicación directa y la confrontación con las élites tradicionales una fórmula electoral eficaz.
El fenómeno no implica necesariamente una homogeneidad ideológica absoluta. Milei defiende una agenda económica ultraliberal; Bukele ha construido su popularidad sobre una draconiana seguridad ciudadana; Bolsonaro se apoyó en el conservadurismo evangélica; y Kast articula su discurso alrededor del orden institucional y la identidad nacional.
Sin embargo, todos ellos comparten una característica fundamental, ya que presentan sus candidaturas como una ruptura con el sistema político previo, incluso cuando proceden de él. En este contexto, los partidos conservadores tradicionales afrontan una disyuntiva compleja. O se adaptan a las nuevas demandas del electorado o corren el riesgo de quedar relegados a un papel secundario dentro de su propio espacio ideológico.
El desgaste del centro político
La crisis de la derecha tradicional no puede entenderse sin analizar paralelamente el debilitamiento de las opciones de centro. Durante décadas, buena parte de los sistemas políticos latinoamericanos funcionaron sobre la base de grandes consensos moderados (socialdemócratas, liberales y democristianos) que permitían alternancias relativamente estables entre bloques ideológicos. Sin embargo, el aumento de la polarización, la desconfianza hacia las instituciones y el malestar económico han erosionado esos espacios intermedios.
La pandemia, el incremento de la inseguridad en numerosos países, la persistencia de desigualdades estructurales y la percepción de corrupción en las élites políticas han alimentado la búsqueda de alternativas más disruptivas. El resultado es un escenario donde los discursos moderados encuentran cada vez mayores dificultades para movilizar votantes, mientras que las propuestas más contundentes logran captar la atención pública y dominar el debate político.
¿Cambio ideológico o voto de protesta?
Una de las cuestiones más relevantes es determinar si América Latina se está desplazando realmente hacia posiciones más conservadoras o si, por el contrario, estamos asistiendo a una rebelión contra las élites tradicionales independientemente de la ideología.
La experiencia reciente sugiere que el fenómeno tiene mucho de reacción antisistema. Muchos de los líderes hoy identificados con la nueva derecha han conseguido atraer votantes procedentes de espacios ideológicos muy diversos, unidos más por el rechazo al statu quo que por una identidad doctrinal común.
La victoria de Gustavo Petro en Colombia en 2022 y el posterior ascenso de Abelardo de la Espriella ilustran precisamente esa dinámica. En ambos casos, una parte importante del electorado buscó castigar a las estructuras tradicionales, aunque optando por alternativas ideológicamente opuestas.
El futuro de la derecha latinoamericana
La gran incógnita es si los partidos conservadores tradicionales lograrán reinventarse o terminarán absorbidos por esta nueva generación de liderazgos populistas. Por ahora, la tendencia parece favorecer a quienes ofrecen mensajes simples, identificables y emocionalmente potentes frente a las propuestas más técnicas o moderadas. Sin embargo, la gobernabilidad constituye una prueba mucho más exigente que la campaña electoral.
Muchos de estos líderes necesitan apoyarse posteriormente en estructuras partidistas tradicionales para gobernar, aprobar reformas o construir mayorías parlamentarias. Esa dependencia puede terminar obligándolos a moderar algunas de sus posiciones o, por el contrario, acelerar la transformación de las propias organizaciones conservadoras.
Lo que parece indiscutible es que América Latina atraviesa una profunda reconfiguración política. La vieja derecha liberal-conservadora que dominó buena parte del continente durante décadas afronta un desafío existencial. Mientras tanto, una nueva derecha populista, nacionalista y profundamente influida por la experiencia política de Trump continúa ampliando su influencia y redefiniendo el mapa ideológico de la región. @mundiario
