Dinero, impuestos y Europa: las claves del auge del fútbol turco

El fútbol turco ha demostrado un poderío sorprendente durante este mercado de fichajes. Mohamed Salah ha terminado en el Trabzonspor; Mason Greenwood, Nathan Aké, Vedat Muriqi y Romelu Lukaku han reforzado al Fenerbahçe; mientras que Dušan Vlahović y Leandro Trossard han recalado en el Beşiktaş. Algunos llegaron libres y otros mediante importantes traspasos, pero todos tienen algo en común: conservaban suficiente cartel como para demostrar que Turquía ya no es únicamente el último destino europeo para futbolistas camino de la retirada.

El ejemplo de Muriqi resulta especialmente ilustrativo sin necesidad de ir mucho más allá: el delantero kosovar dejó el Mallorca después de terminar la temporada 2025/26 como segundo máximo goleador de La Liga con 23 tantos, únicamente por detrás de Kylian Mbappé. Greenwood, por su parte, costó 39 millones de euros al Fenerbahçe. Son operaciones diferentes, pero apuntan en una misma dirección: la Süper Lig empieza a atraer también a futbolistas que mantienen un importante valor deportivo y económico.

Crecimiento

La Trendyol Süper Lig, denominación comercial de la máxima categoría turca, todavía se encuentra lejos de las cinco grandes ligas europeas. Turquía cerró la temporada 2025/26 en la novena posición del ranking UEFA, pero su crecimiento económico y la ambición de sus principales clubes han cambiado considerablemente su posición dentro del mercado. Ya no se trata simplemente de convencer a veteranos conocidos mediante grandes contratos, sino de competir directamente con clubes de campeonatos teóricamente superiores por jugadores que todavía tienen mercado en Europa.

El proceso tampoco comenzó este verano. El gran golpe llegó con Victor Osimhen, por quien el Galatasaray pagó al Nápoles 75 millones de euros, el mayor traspaso de la historia del fútbol turco. Después fueron acumulándose nombres como Leroy Sané, İlkay Gündoğan, Marco Asensio, Ederson, N’Golo Kanté o Mattéo Guendouzi. Los números acompañan esa sensación: los clubes de la Süper Lig gastaron 477 millones en fichajes durante la temporada 2025/26 y alrededor de 1.100 millones en las últimas cinco campañas.

Los salarios

Para atraer semejante cantidad de talento hay una condición imprescindible: Turquía paga muy bien. Galatasaray generó alrededor de 282 millones de euros de ingresos operativos durante la temporada 2024/25, Fenerbahçe alcanzó los 221 millones y Beşiktaş rondó los 150. Patrocinios, estadios, explotación comercial, enormes masas sociales y los ingresos procedentes de las competiciones UEFA sostienen buena parte de una estructura que permite a los grandes clubes asumir salarios y traspasos cada vez mayores.

A ello se suma una ventaja que diferencia a Turquía de otros mercados capaces de ofrecer grandes contratos: el futbolista continúa compitiendo en Europa. Puede cobrar cantidades elevadas, jugar ante estadios llenos y mantener la posibilidad de disputar la Champions, Europa League o Conference League. Para una estrella que pierde protagonismo en Inglaterra, España, Italia o Alemania, la Süper Lig ofrece una vía para mantener visibilidad internacional sin necesidad de marcharse todavía a Arabia Saudí, Estados Unidos u otros destinos alejados del principal escaparate europeo.

La clave fiscal

Y después aparece una de las claves menos conocidas de todo este crecimiento: los impuestos. Turquía cuenta con un régimen especial de retención para los deportistas profesionales. La Agencia Tributaria turca establece que sobre los salarios y remuneraciones de los futbolistas de la máxima categoría se practica una retención del 20%, porcentaje que baja al 10% en la división inmediatamente inferior y al 5% en el resto. El impuesto es retenido en el momento del pago e ingresado posteriormente ante la Administración tributaria por el responsable de efectuarlo.

Ese sistema cobra todavía más importancia porque los grandes clubes turcos acostumbran a estructurar y anunciar muchas de sus operaciones en cantidades netas para el jugador. Las comunicaciones oficiales ofrecen ejemplos muy claros: Galatasaray garantizó a Osimhen 15 millones de euros netos por temporada, además de un millón neto como prima de fidelidad y cinco millones por derechos de imagen, mientras que el Fenerbahçe anunció para Ederson un salario de 11 millones netos por curso. El futbolista sabe así qué cantidad tiene garantizada y el club asume la estructura fiscal necesaria para satisfacer ese contrato.

 

El gran interrogante

La gran incógnita es cuánto tiempo puede sostenerse semejante carrera. Galatasaray, Fenerbahçe y Beşiktaş acumularon conjuntamente unas pérdidas netas de 76 millones de euros en 2024/25 y el aumento del gasto obliga a transformar la inversión en resultados, especialmente en Europa. El propio Fenerbahçe reconoció que sus costes relacionados con la plantilla alcanzaron el 84% de sus ingresos futbolísticos cuando la normativa de sostenibilidad de la UEFA fijaba un máximo del 70%, lo que terminó provocando una sanción económica. El dinero existe y las estrellas están llegando, pero gastar mucho nunca ha sido garantía de construir un proyecto sostenible.

Salah, Lukaku, Greenwood, Vlahović, Trossard, Aké o Muriqi son la última demostración de un proceso que lleva varias temporadas acelerándose. Los salarios, la capacidad comercial de sus grandes clubes, el régimen fiscal, la posibilidad de mantenerse en las competiciones UEFA y una carrera interna cada vez más agresiva por dominar el campeonato han convertido a Turquía en uno de los nuevos actores importantes del mercado europeo. Ahora falta comprobar si el subidón del fútbol turco se queda únicamente en grandes fotografías durante el verano o si Galatasaray, Fenerbahçe, Beşiktaş, Trabzonspor y compañía consiguen trasladar también ese crecimiento a las eliminatorias importantes de las competiciones europeas. @mundiario