La Administración Biden quiso demostrar que no eran palabras huecas y ejecutó un ataque en la madrugada de ayer contra operativos de Estado Islámico-Jorasán, la filial del grupo terrorista que ha ganado presencia en Afganistán.
Las circunstancias de esa operación antiterrorista no están muy claras. El Mando Central del ejército de EE.UU., con responsabilidad sobre Afganistán, aseguró en un primer momento que había un fallecido. Este sábado, en la comparecencia diaria del Pentágono, el general Hank Taylor lo corrigió y aseguró que los muertos eran dos, además de un herido. Taylor agregó que los muertos eran «planeadores» y «facilitadores» de Estado Islámico-Jorasán, que fueron eliminados en una única operación antiterrorista de las llamadas ‘más allá del horizonte’, ejecutada a distancia con un dron.
Fuentes de La Casa Blanca aseguraron de forma anónima a varios medios estadounidenses que el ataque se produjo cerca de la ciudad de Jalalabad, en el Este de Afganistán, y que los fallecidos iba en un coche en el momento del impacto.
El portavoz del Pentágono, John Kirby, reconoció que EE.UU. no tenía constancias de la participación de los dos fallecidos en el atentado de Kabul, pero que su pertenencia al grupo terrorista y sus roles dentro de él son «razón suficiente» para convertirlos en objetivo antiterrorista.
Kirby dijo que ambos son miembros de «perfil alto» de Estado Islámico-Jorasán, aunque no dio sus nombres ni detalló qué tipo de responsabilidad tienen. «Creemos que atacamos dos objetivos válidos», dijo el portavoz. «Dos tipos malos, que pueden hacer cosas malas y pueden planear misiones malas».
Doble objetivo
Es dudoso que el ataque sirva para debilitar a Estado Islámico-Jorasán o para controlar otros grupos terroristas que operan en Afganistán. Pero sirve un doble objetivo para la Administración Biden, sobre todo de cara al electorado estadounidense: es una represalia inmediata para cumplir la promesa de Biden y da muestras de que EE.UU. puede continuar con operaciones antiterroristas a larga distancia aunque no tenga presencia militar en Afganistán, una de las grandes preocupaciones tras la retirada de tropas y tras la conquista del poder por parte de los talibanes.
Un portavoz de estos últimos aseguró este sábado a Reuters que debían haber sido advertidos por parte de EE.UU. sobre el ataque. Kirby aseguró que no hubo coordinación ni se contó con información de los talibanes para esta operación, al contrario de lo que está ocurriendo para mantener la seguridad en el aeropuerto de Kabul.


