EE UU examina la “lealtad” de sus aliados de la OTAN antes de decidir dónde desplegar tropas en Europa

Estados Unidos quiere saber quién está con Donald Trump antes de decidir dónde y cómo emplear sus recursos militares en Europa. La Administración estadounidense ha enviado a los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) un cuestionario destinado a medir no solo su contribución económica y militar a la Alianza, sino también su grado de alineamiento político con Washington.

La iniciativa, adelantada por Bloomberg, implica que la defensa colectiva podría empezar a estar vinculada de forma más explícita al grado de apoyo de cada aliado a las prioridades de la Casa Blanca. Entre las preguntas remitidas a los Gobiernos aliados figuran cuestiones como si han expresado públicamente su respaldo a la política exterior estadounidense, o qué restricciones aplican al uso de sus bases militares por parte de las fuerzas estadounidenses.

El documento llega mientras Washington desarrolla una revisión semestral de su dispositivo militar en Europa que debe concluir en diciembre y que puede determinar cómo se redistribuyen las tropas, las capacidades y los recursos estadounidenses dentro del continente.

Trump lleva meses reclamando a los aliados europeos un aumento radical de sus presupuestos de defensa. La referencia política fijada por la Casa Blanca se sitúa en el 5 % del PIB, una exigencia que ha acompañado la petición de que una parte sustancial del nuevo gasto termine en empresas de defensa estadounidenses. La Administración considera insuficiente el modelo en el que Washington proporciona buena parte de las capacidades militares y Europa mantiene una industria de defensa propia protegida por contratos públicos.

En el cuestionario, Washington pregunta a los aliados si se han opuesto públicamente a las regulaciones que dificultan la contratación de empresas estadounidenses y cuál ha sido su posición ante las políticas europeas destinadas a favorecer a los fabricantes del continente. Esa cuestión se puede entender bajo la premisa de que EE UU quiere que sus aliados gasten más, pero también que ese dinero contribuya a reforzar la industria de defensa estadounidense, justo cuando Europa está intentando desarrollar precisamente una mayor autonomía industrial y militar que reduzca su dependencia de proveedores extranjeros.

Irán y Venezuela entran en el examen

El cuestionario también parece recoger algunos de los principales desencuentros entre Washington y sus socios europeos. Entre los asuntos que interesan a la Administración estadounidense figuran el grado de apoyo a la guerra contra Irán y la posición de los aliados ante la operación militar Resolución Absoluta en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. La pregunta de fondo es hasta dónde están dispuestos los miembros de la OTAN a acompañar a EE UU cuando las decisiones de la Casa Blanca se alejan de las posiciones tradicionales de varios Gobiernos europeos.

Durante décadas, la relación transatlántica se sustentó en que Washington aportara una parte desproporcionada de las capacidades militares y Europa se beneficiaba de ese paraguas de seguridad. Trump está intentando modificar ese contrato. Ya no parece suficiente con pertenecer a la OTAN o cumplir formalmente con los compromisos militares. Washington quiere conocer también quién respalda sus prioridades políticas.

La revisión militar que inquieta a Europa

El momento elegido no es casual. Estados Unidos comenzó hace semanas una revisión de su presencia militar en Europa que puede culminar con una redistribución significativa de sus efectivos y capacidades. Los aliados llevan meses preparándose para la posibilidad de recortes en la presencia militar estadounidense, tanto en tropas estacionadas permanentemente como en los recursos que Washington podría movilizar en caso de una crisis.

La incertidumbre afecta a elementos especialmente sensibles: bases, inteligencia, logística, defensa aérea, capacidades de mando y control y fuerzas desplegables. La revisión puede determinar qué países conservan una presencia estadounidense más importante y cuáles pasan a tener un papel secundario. Y el cuestionario introduce una posible explicación de esos futuros movimientos: el grado de alineamiento político con Washington.

La cumbre de la OTAN celebrada en Ankara a principios de julio mostró hasta qué punto ha cambiado el tono de la relación. Trump llegó a la reunión amenazando con reducir el compromiso estadounidense con Europa y cuestionando que los aliados gastasen suficiente en defensa. Incluso llegó a plantear la posibilidad de cerrar bases y retirar tropas estadounidenses del continente. Pero el resultado político de la cumbre fue mucho más amable. Los aliados hicieron hincapié en su compromiso con la Alianza y asumieron nuevos compromisos de gasto. Trump terminó describiendo el encuentro como un éxito y aseguró que había “amor en el aire”.

Ahora, sin embargo, Washington parece haber pasado de las declaraciones públicas a una evaluación individual de cada aliado. El cuestionario pretende convertir en datos concretos algo que hasta ahora se había expresado principalmente mediante declaraciones políticas: quién respalda a Trump, quién facilita sus objetivos y quién pone obstáculos.

El nuevo criterio de Washington

Una de las preguntas del documento plantea si cada país está alineado con el enfoque estadounidense descrito como “fuerte, claro y discreto”, una formulación vinculada al secretario de Defensa, Pete Hegseth. La filosofía de Hegseth rompe con una de las premisas tradicionales de la política exterior estadounidense. El responsable de Defensa ha insistido en que la época en la que Estados Unidos subvencionaba la defensa de los países ricos ha terminado.

La Administración Trump quiere, por tanto, aliados capaces de defenderse, que gasten más y que estén dispuestos a asumir una mayor parte de los costes. Pero el cuestionario añade una dimensión nueva: también parece valorar la afinidad política. Eso puede resultar especialmente problemático para una organización formada por países con Gobiernos de distinto signo político y con intereses nacionales que no siempre coinciden con los de Washington. @mundiario