El giro de Trump con Corea del Norte: por qué busca una cumbre de alto Riesgo con Kim

La política exterior de Donald Trump hacia la península de Corea ha dado un giro transaccional y de alto riesgo tras confirmar que busca una nueva cumbre presencial con Kim Jong-un antes de finalizar 2026, tentativa que el mandatario baraja concretar durante su viaje a Asia en noviembre. Como contraprestación diplomática y represalia directa, el presidente estadounidense ordenó recortar drásticamente los ejercicios militares conjuntos Ulchi Freedom Shield 2026, motivado por la negativa de Seúl a apoyar a la Casa Blanca en el conflicto armado contra Irán. Las maniobras masivas de campo, que originalmente debían extenderse once días hasta el 27 de agosto, sufrirán una reducción sustancial y finalizarán este viernes 21 de agosto.

Ante esta sorpresiva concesión de Washington, el régimen de Pyonyang ha reaccionado con recelo: Kim Yo-jong, hermana del dictador, negó públicamente tener constancia de contactos directos recientes entre ambos líderes. Asimismo, restó importancia al acortamiento de los ejercicios de las fuerzas aliadas, calificando las maniobras individuales remanentes como un ensayo bélico «provocador y ofensivo» mientras su gobierno estrecha lazos militares con Rusia.

La decisión llega cuando Trump intenta recuperar el canal directo con Pyongyang y cuando la cuestión central ya no es si Corea del Norte posee capacidad nuclear, sino cómo gestionar una potencia que ha convertido esa capacidad en un elemento permanente de su estrategia de seguridad.

Trump aseguró este miércoles que se reunirá con Kim Jong-un durante 2026 y afirmó que mantiene una relación «positiva» con el dirigente norcoreano. Según informaciones publicadas en Estados Unidos, la Casa Blanca estudia incluso la posibilidad de que el encuentro se produzca durante el viaje asiático previsto para noviembre, coincidiendo con la cumbre de APEC. No existe, sin embargo, una fecha oficial ni una preparación formal confirmada. 

El presidente estadounidense sostiene además que Kim ha respondido positivamente a sus iniciativas para retomar el diálogo. El problema es que Pyongyang no ha confirmado esa comunicación. Sin embargo, Kim Yo-jong, hermana del dirigente norcoreano y una de las principales voceras de su régimen, declaró que desconocía cualquier contacto reciente entre ambos líderes. Al mismo tiempo, evitó cerrar completamente la puerta al vínculo personal: señaló que la relación entre Kim y Trump sigue siendo «buena» y que su hermano conserva buenos recuerdos del presidente estadounidense.

La contradicción resulta significativa. Trump presenta el contacto personal como una vía para desbloquear la diplomacia; Pyongyang parece dispuesto a conservar ese vínculo como posibilidad, pero sin aceptar por ahora las condiciones políticas de Washington.

El recorte militar busca abrir una puerta a Pyongyang

La reducción de Ulchi Freedom Shield encaja en esa estrategia. Los ejercicios son presentados por Estados Unidos y Corea del Sur como maniobras defensivas destinadas a mejorar la preparación ante una eventual agresión norcoreana. Pyongyang, en cambio, los considera preparativos para una invasión.

Este año, la primera fase, dedicada a la defensa frente a un ataque, se mantiene, mientras que la segunda, centrada en una eventual contraofensiva, queda eliminada. El Pentágono sostiene que los cambios preservan los objetivos esenciales de preparación y entrenamiento.

Trump ha justificado el recorte por el coste de los ejercicios y, sobre todo, por su consideración de que Corea del Norte no representa actualmente una amenaza inmediata para Estados Unidos. La decisión, sin embargo, introduce una cuestión más delicada: hasta dónde está dispuesto Washington a modificar su postura militar para conseguir que Kim vuelva a sentarse a negociar.

Para Pyongyang, la reducción de las maniobras ha sido históricamente una de sus principales exigencias. Pero la reacción inicial norcoreana no ha sido la de aceptar la oferta estadounidense. Kim Yo-jong ha calificado de insuficiente el cambio y ha mantenido la acusación de que la política estadounidense continúa siendo hostil.

Por tanto, el primer movimiento de Trump puede facilitar las condiciones para una negociación, pero no garantiza que Kim tenga interés en regresar a la mesa.

Las 57 armas nucleares de las que habla Trump

El elemento más llamativo de la nueva estrategia ha sido la propia descripción que Trump ha hecho del arsenal norcoreano. El presidente afirmó que Corea del Norte posee “57” armas nucleares “muy poderosas”.

No existe una estimación pública oficial estadounidense que confirme exactamente ese número. Los cálculos de expertos y organizaciones especializadas varían y algunas estimaciones sitúan el arsenal norcoreano por encima de las 50 cabezas nucleares, mientras que otras lo elevan considerablemente más. Reuters señaló precisamente que la cifra ofrecida por Trump es mucho más concreta de lo habitual en las anteriores declaraciones públicas estadounidenses.

Lo importante, más allá del número exacto, es lo que representa políticamente. Trump reconoció que Estados Unidos no consiguió impedir que Corea del Norte desarrollara armas nucleares. «Nunca debieron haberlo permitido», sostuvo, pero inmediatamente añadió que mantiene una buena relación con Kim.

Ahí aparece una posible modificación de fondo respecto a la política tradicional estadounidense. Durante años, Washington ha planteado la desnuclearización completa de Corea del Norte como objetivo. Pyongyang, por el contrario, sostiene ahora que su condición de Estado nuclear es irreversible y reclama que Estados Unidos abandone esa exigencia como condición previa para el diálogo.

Si Trump pretende reunirse con Kim sin obtener previamente una renuncia al arsenal nuclear, la conversación podría desplazarse desde la desnuclearización hacia cuestiones como control de armas, límites al programa nuclear, misiles, pruebas militares, sanciones y mecanismos de reducción del riesgo.

Esto no significa necesariamente que Washington haya abandonado de forma oficial la desnuclearización, sino que la realidad estratégica actual podría estar obligando a reconfigurar el orden de sus prioridades. Cabe recordar que Donald Trump y Kim Jong-un ya protagonizaron una diplomacia extraordinaria durante el primer mandato del estadounidense, reuniéndose en Singapur en 2018, en Hanói en 2019 y en un histórico encuentro en la zona desmilitarizada. No obstante, aquella iniciativa concluyó sin un pacto debido a que la disputa principal giró en torno a qué proporción de su programa nuclear debía desmantelar Corea del Norte y qué nivel de alivio de sanciones recibiría a cambio.

Siete años después, la posición de Pyongyang es más complicada para Washington. Corea del Norte ha seguido desarrollando su capacidad nuclear y misilística y ha estrechado además su relación militar con Rusia. Por eso, repetir el formato de las cumbres personales no garantiza repetir las condiciones de 2018. Kim llega ahora a cualquier negociación desde una posición militar diferente.

La maniobra de Trump también genera un problema para Seúl. Corea del Sur depende de la alianza militar estadounidense como uno de los pilares de su disuasión frente al Norte. Estados Unidos mantiene aproximadamente 28.500 militares desplegados en territorio surcoreano.

El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, ha respaldado la importancia de la alianza y ha expresado su esperanza de que la iniciativa estadounidense permita recuperar el diálogo con Pyongyang. Pero sectores conservadores surcoreanos han advertido de que reducir las maniobras podría debilitar la preparación militar precisamente cuando Corea del Norte continúa ampliando sus capacidades. @mundiario