El Mundial de 2026 ha dejado una imagen repetida: futbolistas que compiten con máscaras negras o protecciones rígidas sobre el rostro. Djed Spence con Inglaterra, Stefan Posch con Austria y Luca Zidane con Argelia han jugado después de sufrir fracturas faciales de distinta gravedad. La protección les permitió volver al terreno de juego, pero su presencia también ha reabierto una pregunta incómoda: ¿estar disponible significa estar recuperado?
Spence llegó al torneo con una fractura de mandíbula sufrida en mayo durante un partido entre el Tottenham y el Chelsea. El defensa inglés regresó a la competición pocos días después y ha tenido que utilizar una protección especial durante el Mundial. El propio jugador explicó que la recuperación completa podía prolongarse alrededor de tres meses, aunque eso no le impidió disputar el campeonato.
Posch sufrió otra fractura mandibular durante el partido de Austria contra Jordania. El defensa evitó la operación y recibió autorización para continuar en el torneo con una máscara fabricada específicamente para proteger la zona lesionada. Después fue titular ante Argentina, Argelia y España, pese a que el hueso seguía dentro de su proceso normal de consolidación.
El caso de Luca Zidane fue diferente y más complejo. El portero de Argelia había sufrido meses antes una fractura de mandíbula y mentón, además de una conmoción cerebral, tras un fuerte choque cuando jugaba con el Granada. Necesitó una intervención quirúrgica y llegó al Mundial con autorización médica, pero obligado a utilizar una máscara rígida para limitar el riesgo de un nuevo impacto.
Las máscaras cumplen una función importante: distribuyen parte de la fuerza de un golpe y protegen la zona dañada mientras el hueso termina de consolidarse. Sin embargo, no aceleran la recuperación ni convierten una fractura reciente en una lesión curada. Una revisión médica sobre fracturas nasales en deportistas recomienda utilizar protección facial durante unas seis semanas después de la lesión, incluso cuando el jugador ya está en condiciones de regresar.
El cirujano facial y reconstructivo Farhad Ardesh advirtió durante este Mundial de que algunos golpes aparentemente menores pueden esconder lesiones internas relevantes. Una fractura de nariz puede ir acompañada de desviación del tabique, hematomas internos o dificultades respiratorias crónicas. En lesiones orbitarias o del pómulo también pueden aparecer alteraciones visuales, asimetrías o daños musculares alrededor del ojo.
Ardesh también señaló que el problema no suele estar en el impacto del balón, sino en las colisiones entre futbolistas: cabezas, codos, hombros o rodillas que golpean directamente el rostro. Los porteros están especialmente expuestos por las salidas a los pies de los delanteros, pero los defensas y atacantes también asumen numerosos contactos en los balones divididos.
La medicina deportiva tampoco dispone de una norma universal para determinar cuándo debe regresar un futbolista después de una fractura facial. Los estudios reflejan criterios muy diferentes: algunos deportistas han vuelto en cuestión de días con máscaras protectoras, mientras que otras recomendaciones sitúan el regreso cerca de las seis semanas o incluso más tarde en deportes de contacto. La decisión depende del tipo de fractura, la estabilidad del hueso, la necesidad de cirugía y el riesgo específico que asuma cada jugador.
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El Mundial no ha demostrado que las máscaras sean peligrosas. Al contrario, permiten proteger al jugador y facilitan un regreso que de otra manera sería imposible. Lo que sí ha vuelto a mostrar es hasta qué punto el fútbol ha normalizado que un deportista compita antes de completar su recuperación. Spence, Posch y Zidane pudieron jugar porque los médicos consideraron controlable el riesgo, no porque sus lesiones hubiesen desaparecido.
La máscara convierte una fractura en una lesión compatible con la competición, pero no elimina el daño que permanece debajo. Por eso la pregunta no debería ser únicamente si un futbolista puede jugar. También debería ser cuánto riesgo está dispuesto a asumir para hacerlo. En este Mundial, como tantas veces en el fútbol, volver al campo no siempre ha significado estar recuperado. @mundiario
