El partido de Viktor Orbán, registrado por la Fiscalía húngara tras perder el poder

El desmantelamiento del régimen de Viktor Orbán ha dejado de ser meramente institucional para entrar en la vía penal directa. Con el respaldo de la administración tributaria, la Fiscalía húngara ha entrado sin previo aviso a registrar las entrañas informáticas de Fidesz. El objetivo de esta inédita incautación tecnológica es rastrear las huellas de una presunta malversación millonaria vinculada al Fondo Nacional de Cultura; un golpe de efecto que cambia las reglas del juego en la nueva era política del país.

El operativo, que según Fidesz se realizó sin previo aviso, ha abierto un nuevo frente político y judicial en un país inmerso en una profunda reconfiguración institucional tras la victoria electoral del primer ministro Péter Magyar.

La investigación gira en torno al presunto uso indebido de recursos del Fondo Nacional de Cultura, un organismo destinado a financiar proyectos culturales en Hungría. Según la Fiscalía del condado de Bács-Kiskun, el procedimiento analiza posibles delitos de malversación y otras infracciones penales relacionadas con la distribución de ayudas públicas.

Hasta el momento, seis antiguos y actuales responsables han sido acusados por la supuesta gestión irregular de aproximadamente 17.000 millones de forintos (47 millones de euros). Todos ellos niegan haber cometido irregularidades. La acusación sostiene que parte de esos fondos habría sido distribuida de forma opaca entre artistas, organizaciones e intérpretes vinculados a Fidesz, algunos de los cuales participaron activamente en la campaña electoral previa a los comicios de abril.

Al respecto, el partido Fidesz denunció que los investigadores acudieron con la intención de incautar su sistema de comunicaciones y sus bases de datos, alojados en un centro de servidores situado en el condado de Bács-Kiskun. Aunque la Fiscalía no ha detallado públicamente el material intervenido para no comprometer la investigación, la formación asegura que las autoridades buscaban acceder a la infraestructura informática que almacena toda su información interna.

Precisamente este punto ha alimentado las críticas de Fidesz, que considera que la operación excede el ámbito de una investigación económica y afecta directamente a su capacidad organizativa.

La respuesta de Fidesz: acusaciones de persecución política

La reacción del partido de Viktor Orbán fue inmediata: en un comunicado difundido en redes sociales, Fidesz calificó el registro como un hecho sin precedentes desde el final del comunismo en 1990 y acusó al Gobierno de utilizar los instrumentos judiciales para debilitar a la principal fuerza de la oposición. En este sentido, la formación sostiene que, desde su derrota electoral sufrida en abril, el Ejecutivo de Péter Magyar está llevando a cabo una campaña destinada a desmontar todo el entramado político construido durante los dieciséis años de gobierno nacionalista.

El partido incluso ha llegado a calificar algunas de las reformas impulsadas por el nuevo Ejecutivo como propias de una «tiranía», invirtiendo así las acusaciones que durante años recibió el propio Orbán por parte de la oposición y de diversas instituciones europeas.

El registro se produce en un contexto político muy diferente al existente hace apenas unos meses. Tras obtener una amplia mayoría parlamentaria, el Gobierno de Magyar ha impulsado una agenda basada en la lucha contra la corrupción, la recuperación de activos públicos presuntamente obtenidos de forma irregular y la reforma de instituciones que, según el Ejecutivo, fueron utilizadas para consolidar el poder de Orbán.

Entre las medidas adoptadas figuran cambios constitucionales, reformas institucionales, la sustitución de altos cargos designados durante el anterior Gobierno y modificaciones en organismos públicos.

Magyar ha insistido desde la campaña electoral en que su objetivo es desmontar lo que define como la «mafia» política creada durante los años de Fidesz y restaurar los estándares democráticos y el Estado de derecho.

El trasfondo europeo

La investigación también tiene una dimensión internacional, ya que durante los años de gobierno de Viktor Orbán, Hungría mantuvo frecuentes enfrentamientos con la Unión Europea por cuestiones relacionadas con el Estado de derecho, la independencia judicial, la libertad de prensa y la gestión de fondos comunitarios; incluso, Bruselas llegó a congelar miles de millones de euros destinados al país al considerar insuficientes las garantías contra la corrupción.

En este escenario, el nuevo Ejecutivo ha convertido la normalización de las relaciones con la Unión Europea en una prioridad, impulsando reformas destinadas a recuperar la confianza comunitaria y desbloquear esos recursos; un contexto en el cual las investigaciones sobre posibles irregularidades durante la administración anterior adquieren también un importante valor político e institucional.

Aunque la Fiscalía insiste en que la operación responde exclusivamente a una investigación penal en curso, resulta difícil separar el procedimiento del profundo cambio político que atraviesa Hungría.

La entrada de los investigadores en la infraestructura tecnológica de Fidesz simboliza el inicio de una etapa en la que el antiguo partido gobernante deja de ocupar una posición de control institucional para convertirse en objeto de investigaciones judiciales relacionadas con su gestión pasada.

Al mismo tiempo, el caso ilustra el delicado equilibrio al que se enfrenta el nuevo Gobierno: avanzar en el esclarecimiento de posibles casos de corrupción sin alimentar las acusaciones de persecución política formuladas por la oposición. @mundiario