Por: Héctor E. Contreras.
Salmo 17:1 y 66:16-20.
Hace ya varios años, sucedió que Elena y yo visitamos a su hermano Tamayo. La esposa de Tamayo, Pily, sufría periódicamente de coagulación severa en sus piernas que se mostraba con un color morado oscuro y esto le causaba un dolor muy fuerte. Ese día fuimos motivados por nuestro Dios y Señor, para orar por la salud de ella. Ungiendo sus piernas con aceite como ordena la Biblia, mientras orábamos, sus piernas iban cambiando de color y José, el hijo más pequeño de Tamayo y Pily, observando mientras orábamos, como niño al fín, proclamaba las palabras: ¡Está funcionando, está funcionando! Verdaderamente, estaba funcionando, porque Dios escuchó y respondió a la oración en ese momento. Con ésto, se cumplió lo escrito por el profeta Jeremías, cuando, por mandato de Dios dijo: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”, Jeremías 33:6. Con este testimonio, puedo plasmar la palabra: ¡Aleluya! Porque nuestro Dios reina por siempre y también nos escucha.
“Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño”, Salmo 17:1. Oye …..una causa justa. Cuando David se presentó delante de Dios y entendió que iba delante de su presencia en ese momento, entendía que era justo por lo que clamaba. En ese entonces era perseguido tenazmente por Saúl, quien le buscaba con el fin de quitarle la vida. Cuando Elena y yo visitamos a su hermano y cuñada, dirigimos nuestra oración a Dios a sabiendas de que Él nos escucharía en ese momento. Como David, nosotros también. Fue el mismo David que escribió: “Escucha, oh Jehová, mis súplicas; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a tí oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de tí, y esperaré”, Salmo 5:1-3.
La oración forma parte de la guerra de la fe. En este salmo David procura probar el orden y la perseverancia, que son necesarios en la oración. Ahora bien, la repetición de la palabra “de mañana”, justifica una alternativa de que el hombre de Dios buscaba de Él en todo tiempo y lo más importante, Dios le respondía.
Estas definiciones de David, connotan un orden bien pensado en sus oraciones, una estrategia diaria de oración, con un propósito y una intención específica. El Señor no toma en cuenta las palabras solamente, sino también las intenciones del corazón. Gemir: El término hebreo que alude a la emisión de un sonido bajo un tono triste. Cuando oramos e intercedemos en favor de alguien que está quebrando, es con un clamor que brota de lo más profundo de nuestro ser, porque en nuestro espíritu está el deseo ardiente de que Dios obre en favor de quien oramos. ¡Dios es Bueno!
“Venid, oíd todos lo que teméis a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma. A Él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia”, Salmo 66:16-20. En ocasiones debemos invitar a la gente a que escuche lo que Dios ha hecho con nosotros. El verso 16 es ésto, una invitación. También en todo tiempo debemos confesar nuestros pecados delante de Dios, debido a que seguimos haciendo cosas que no son de su agrado. Es por ello que el salmista dice: “si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad”. Si estamos en pecado, nuestra oración nunca será respondida por Dios. Debemos entender que, si acariciamos ciertos pecados, se levanta un muro entre nosotros y Dios. Quizás no podamos confesar todos los pecados que cometimos, pero nuestra actitud hacia la vida debe ser de confesión y obediencia delante del Señor. Por tal razón, el salmista termina diciendo: “Ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia”, versos 19-20.
“Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo”, Salmo 3:4. El monte santo de Dios era el monte Moriah en Jerusalén, el lugar donde Salomón, el hijo de David, construiría el templo . David sabía que Dios no podía ser confinado a un espacio determinado, pero expresó proféticamente su confianza de que Dios lo escucharía cuando orara. Dios nos responde cuando le oramos con urgencia. Una oración delante de Dios por sanidad en favor de una persona, es una intercesión de carácter inminente delante de su presencia y regularmente nos presentamos ante Él con la certeza de ser escuchados.
El poder de la oración cuando creemos lo que pedimos delante del Altar de Dios es algo sin igual. El asunto está, mis amados, en ir con fe delante del Señor, con la convicción plena de que Él nos escuchará y responderá. Por ejemplo, hoy mismo, viernes 24 de Junio, 2022, siendo la 1:06 de la tarde, recibo un mensaje desde los Estados Unidos de Hatuey, un hermano de Elena, para que nosotros aquí intercediéramos por suma necesidad para él y su esposa. Siendo la 1:12 le llamo y me habló sobre su necesidad de oración por tal situación. Al terminar de almorzar Elena y yo, le cuento sobre lo que habíamos hablado, para que ella también ore. Antes, cuando regresaba al hogar de unas diligencias que realizaba, había intercedido por lo solicitado. Siendo las 2:33 P.M. me escribe una nota y me dice: ¡Gloria a Dios! Tengo el asunto resuelto ya. Maravillado estoy de nuestro Dios y Señor. Él es fiel, solamente debemos ser obedientes a su voz, saber escuchar y saber ser humildes delante de su presencia. ¡Bendito sea su nombre para siempre! ¡Aleluya!
Santiago escribió lo siguiente: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”, Santiago 5:16. El recurso más poderoso de un creyente es la comunión con Dios mediante la oración. A menudo los resultados son mucho más grandes de lo que pensamos sería posible. Algunas personas ven la oración como un último recurso a intentar, cuando todo lo demás haya fallado. Es todo lo contrario; la oración debe venir primero, dado que el poder de Dios es infinitamente más poderoso que el nuestro y solo tiene sentido que nos apoyemos en Él, sobre todo porque él es que nos anima a que así lo hagamos.
Terminando este mensaje, les dejo el siguiente pensamiento de una mujer de servicio, de entrega y obediencia a nuestro Dios. Es el siguiente: “Para que la oración sea realmente fructífera, ha de brotar del corazón y debe ser capaz de tocar el corazón de Dios”. La madre Teresa.
Dios nos guarde en su santo amor hasta el día en que llegamos a la patria donde estaremos, para siempre con el Salvador. ¡Bendiciones! amados del Señor.




