El presidente del Líbano promete “hacer lo imposible” para frenar una guerra con Israel

El presidente libanés, Joseph Aoun, ha asumido uno de los desafíos más delicados que ha enfrentado el Líbano en los últimos años: intentar preservar una frágil tregua mientras la guerra continúa de facto sobre el terreno. Las promesas del mandatario de “hacer lo imposible” para detener el conflicto reflejan tanto la gravedad del momento como las limitadas capacidades reales del Estado para controlar una situación profundamente condicionada por Israel, Hezbolá, Irán y Estados Unidos.

Aunque oficialmente existe un alto el fuego prorrogado por 45 días tras las conversaciones mantenidas en Washington entre delegaciones libanesas e israelíes, la realidad diaria en el sur del país muestra un escenario muy distinto. Bombardeos, incursiones, evacuaciones forzadas y ataques con drones siguen marcando la rutina de amplias zonas fronterizas.

En ese contexto, Aoun intenta sostener un equilibrio extremadamente difícil: mantener abiertas las negociaciones indirectas con Israel sin provocar una ruptura interna con Hezbolá, que rechaza frontalmente cualquier conversación que incluya la cuestión de su desarme.

Las palabras del mandatario libanés evidencian la presión acumulada sobre Beirut. Durante una reunión con representantes agrícolas y el diputado Michel Daher, Aoun dejó claro que considera prioritario evitar otra guerra abierta. “Es mi deber, en base a mi posición y responsabilidad, hacer lo imposible y lo menos costoso para detener la guerra contra el Líbano y su pueblo”, afirmó.

La frase resume la estrategia actual de la presidencia libanesa: contener la escalada al menor coste político, económico y humano posible. Sin embargo, el problema para Beirut es que buena parte de los factores decisivos escapan al control del propio Estado.

Israel mantiene tropas dentro del denominado “línea amarilla”, una franja ocupada que se adentra varios kilómetros en territorio libanés. Al mismo tiempo, el Ejército israelí continúa realizando ataques selectivos, operaciones de demolición y órdenes de evacuación en pueblos del sur.

Por su parte, Hezbolá insiste en que sus operaciones armadas son una respuesta legítima a las “violaciones” israelíes del alto el fuego. El lunes, el grupo anunció un ataque con drones contra una plataforma del sistema antimisiles Cúpula de Hierro en Galilea. La tregua, por tanto, funciona más como un mecanismo para evitar una guerra total inmediata que como un verdadero cese de hostilidades.

Washington impulsa negociaciones inéditas

Uno de los elementos más relevantes de la crisis actual es la implicación directa de Estados Unidos como mediador. Washington ha conseguido abrir un canal de contactos militares y políticos entre Israel y Líbano sin precedentes en décadas. El 29 de mayo está prevista en el Pentágono una reunión militar entre ambas partes, seguida los días 2 y 3 de junio por nuevas conversaciones políticas destinadas a explorar un “acuerdo político a largo plazo”.

Aoun insiste en que el marco negociador libanés no ha cambiado y que cualquier solución pasa por cinco elementos fundamentales: retirada israelí, alto el fuego, despliegue del ejército libanés en la frontera, retorno de desplazados y ayuda económica internacional.

“El marco que el Líbano ha fijado para las negociaciones con Israel es su retirada de los territorios que ocupa, un alto el fuego, el despliegue del ejército en la frontera, el regreso de los desplazados a sus aldeas y la ayuda económica y financiera al Líbano”, declaró el presidente.

Ese planteamiento intenta tranquilizar a una parte importante de la opinión pública libanesa, muy sensible a cualquier señal de normalización con Israel.

Hezbolá rechaza el enfoque negociador

El principal problema para el Gobierno libanés es que Hezbolá no comparte plenamente esa estrategia. El grupo chií, respaldado por Irán, considera que las conversaciones directas impulsadas por Washington buscan debilitar su estructura militar y reducir su capacidad de disuasión frente a Israel.

La cuestión del desarme constituye la línea roja absoluta para la organización. En el actual equilibrio político libanés, el Estado no tiene capacidad real para imponer unilateralmente esa exigencia. Por eso, mientras Aoun intenta fortalecer la vía diplomática, Hezbolá continúa actuando militarmente sobre el terreno para evitar transmitir una imagen de retroceso estratégico.

La coexistencia simultánea entre negociación política y confrontación armada revela hasta qué punto el conflicto libanés sigue condicionado por dinámicas regionales mucho más amplias vinculadas a Irán, Israel y la influencia estadounidense en Oriente Próximo.

El alto el fuego vigente desde abril atraviesa una credibilidad muy deteriorada. Según cifras oficiales libanesas, más de 400 personas han muerto en ataques israelíes desde la entrada en vigor de la tregua. En total, el conflicto ha dejado ya cerca de 3.000 muertos en territorio libanés y ha provocado el desplazamiento de aproximadamente un millón de personas desde el sur del país.

A la dimensión militar se suma una situación económica extremadamente frágil. El Líbano continúa atrapado en una de las peores crisis financieras de su historia moderna, con una moneda colapsada, servicios públicos debilitados y amplios sectores sociales empobrecidos.

Por eso Aoun también ha intentado vincular las negociaciones con Israel a un futuro paquete de apoyo económico internacional. Durante su intervención ante los sindicatos agrícolas, prometió continuar sus gestiones con Arabia Saudí para reabrir mercados y facilitar exportaciones agrícolas libanesas.

El presidente sabe que cualquier estabilidad política futura dependerá tanto de la seguridad como de la recuperación económica. Sin ayuda exterior y sin reconstrucción, el país corre el riesgo de profundizar aún más su deterioro institucional. @mundiario