El hundimiento del mercante ruso Ursa Major frente a la costa de Cartagena continúa envuelto en interrogantes casi seis meses después del naufragio. La ministra de Defensa, Margarita Robles, aseguró este lunes en el Congreso que “hasta la fecha ninguna autoridad ha atribuido el hundimiento a sabotaje o ataque deliberado”, en referencia al incidente ocurrido el 23 de diciembre de 2024 en aguas internacionales del Mediterráneo.
La declaración llega después de que una investigación de la cadena CNN reavivara el interés sobre el caso al apuntar que el buque transportaba piezas vinculadas a reactores nucleares para submarinos con destino a Corea del Norte. El Gobierno español no ha respaldado esa hipótesis, aunque sí ha confirmado un detalle hasta ahora desconocido: según el manifiesto de carga, el barco llevaba componentes destinados a la construcción de un rompehielos nuclear ruso.
Qué transportaba el Ursa Major
Durante su comparecencia en la Comisión de Defensa, Robles leyó un informe elaborado por el Estado Mayor de la Fuerza de Acción Marítima de la Armada. El documento detalla que el Ursa Major, operado por la compañía Oboronlogistika para el Ministerio de Defensa ruso, había zarpado el 11 de diciembre desde San Petersburgo y tenía como destino final declarado el puerto de Vladivostok, en el Pacífico ruso.
Además de los componentes para el rompehielos nuclear, el mercante transportaba contenedores vacíos, repuestos y dos grandes grúas Liebherr. El buque ya estaba siendo monitorizado por la OTAN dentro de las actividades de seguimiento de convoyes logísticos rusos en el Mediterráneo.
La aparición de material relacionado con tecnología nuclear ha alimentado las especulaciones sobre la verdadera naturaleza de la misión del barco, especialmente en un contexto internacional marcado por las sanciones occidentales contra Moscú y la creciente cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte. Sin embargo, el Ejecutivo español insiste en que no existen pruebas que permitan sostener la teoría de un ataque deliberado.
Explosiones en la sala de máquinas
El informe de la Armada confirma que el capitán del Ursa Major alertó de “explosiones en la sala de máquinas”, extremo que también fue ratificado por varios tripulantes rescatados. Según la reconstrucción oficial, esas explosiones provocaron una entrada de agua por la popa y una escora progresiva que terminó causando el hundimiento.
Tras recibir la señal de socorro, el Centro de Coordinación y Salvamento de Cartagena movilizó el buque Clara Campoamor, la embarcación rápida Draco y un helicóptero de Salvamento Marítimo. También se ordenó a un mercante cercano, el Oslo Carrier III, colaborar en las tareas de rescate.
Horas después, el patrullero español Serviola, que vigilaba a tres buques de guerra rusos en la zona, detectó un fuerte olor a combustible y observó que las dos grúas del mercante presentaban una peligrosa inclinación que amenazaba con desprenderse.
Catorce de los dieciséis tripulantes lograron abandonar el barco en balsas salvavidas y fueron rescatados con vida. Otros dos continúan desaparecidos.
La intervención de un buque militar ruso cambió la operación
La situación dio un giro cuando el buque de asalto anfibio ruso Ivan Gren llegó a la zona durante la tarde-noche del 23 de diciembre. Según el informe de la Armada, la nave militar solicitó formalmente asumir el control de la operación de rescate apelando al principio de jurisdicción del Estado de bandera contemplado en la Convención del Mar de Naciones Unidas.
Las embarcaciones españolas se retiraron entonces a dos millas náuticas de distancia, aunque continuaron colaborando en labores de vigilancia y prevención de contaminación marina.
Poco después, a las 23.20 horas, el Ursa Major aumentó bruscamente su inclinación hasta hundirse definitivamente. El pecio quedó a unos 2.500 metros de profundidad, una cota que, según Defensa, hace inviable cualquier intento de recuperación.
Un naufragio lleno de preguntas sin respuesta
El caso sigue abierto a múltiples hipótesis. Las autoridades españolas admiten que, sin acceso al compartimento donde se produjeron las explosiones, resulta imposible determinar qué originó el siniestro.
Fuentes militares reconocen además que las corrientes marinas podrían haber desplazado el pecio desde el punto exacto del hundimiento. El barco se fue a pique en aguas internacionales, más cerca de la costa argelina que de la española.
El naufragio del Ursa Major se produce además en un momento de máxima tensión geopolítica entre Rusia y Occidente, con un Mediterráneo cada vez más militarizado y bajo constante vigilancia de la OTAN. La combinación de una carga sensible, explosiones nunca aclaradas y la rápida intervención de un buque militar ruso ha convertido el incidente en un episodio especialmente delicado dentro del actual escenario internacional.
Por ahora, la versión oficial española evita señalar responsables y descarta pruebas concluyentes de sabotaje. Pero medio año después del hundimiento, las incógnitas sobre qué ocurrió realmente a bordo del mercante ruso siguen lejos de disiparse. @mundiario
